Llega el verano… ¡Reflexionemos!

llega el veranoPor Gracia María Casado, Nutricionista colaboradora del CMI Dr. Nougués

En esta época del año, más que nunca  no es raro encontrar una persona que no haya hecho algún tipo de régimen para adelgazar y que, por el contrario, no siga teniendo problemas de peso. A pesar de que la población se somete a nuevas dietas de adelgazamiento y consume  productos «light», bajos en grasas… y un sinfín de todos ellos, nuestra sociedad sigue presentando una  de las enfermedades crónicas más prevalentes el sobrepeso-obesidad.

Descartado algún problema hormonal, problemas emocionales o la toma de algún medicamento como causa del exceso de peso, hay que centrarse en los principales responsables del mismo: la cantidad y la calidad de lo que se come y la inactividad física.

A continuación  reflexionemos, tomando como base de partida, muchas experiencias del día a día en consulta:

  • Los      resultados son mejores, y sobre todo, más duraderos, si educamos y      cambiamos los hábitos poco a poco, más que hacer un esfuerzo puntual de un      mes, para luego abandonar y atiborrarse. Hay que aprender y lograr      introducir en nuestro día a día una forma óptima de comer que favorezca un      organismo equilibrado y saludable.
  • El peso corporal se compone de muchos factores: contenido de agua, grasa, músculos, huesos, tendones, etc…Es fundamental entender que el objetivo no es perder peso, sin importar qué es lo que se pierde, sino perder esa grasa acumulada.
  • Es más  eficaz trabajar a favor de nuestro cuerpo, ya que partir de un sentimiento  de rechazo por el propio cuerpo convierte el «hacer dieta» en un      proceso cargado de ansiedad.
  • Muchas cosas nos gustan porque estamos habituados. Hay que acabar con el  dicho-creencia de que todo lo bueno es ilegal, inmoral o engorda. Conseguir o descubrir que nos gusta comer aquello que más nos conviene es el objetivo.
  • Establezcamos objetivos realistas, metas asumibles. Lo contrario puede provocar  angustia, insatisfacción, e incluso problemas de salud por querer ir contra su propia naturaleza.
  • Si  “hacemos trampas” en alguna ocasión, hay que interpretarlo como un premio,  algo ocasional, no como un fracaso, pero al día siguiente se debe  continuar con el plan establecido.
  • No hay      ninguna magia encerrada detrás de las dietas, la diferencia en el resultado la marca la propia persona con su compromiso y decisión de  seguirla.

La dieta (entendida como aquello que el ser humano ingiere en cada comida) debe ser práctica, y más aún si pensamos en la pérdida de peso, además ha de ajustarse a nuestro estilo de vida y a nuestras posibilidades tanto de tiempo como otras.

Llega el verano… ¡Reflexionemos!

llega el veranoPor Gracia María Casado, Nutricionista colaboradora del CMI Dr. Nougués

En esta época del año, más que nunca  no es raro encontrar una persona que no haya hecho algún tipo de régimen para adelgazar y que, por el contrario, no siga teniendo problemas de peso. A pesar de que la población se somete a nuevas dietas de adelgazamiento y consume  productos «light», bajos en grasas… y un sinfín de todos ellos, nuestra sociedad sigue presentando una  de las enfermedades crónicas más prevalentes el sobrepeso-obesidad.

Descartado algún problema hormonal, problemas emocionales o la toma de algún medicamento como causa del exceso de peso, hay que centrarse en los principales responsables del mismo: la cantidad y la calidad de lo que se come y la inactividad física.

A continuación  reflexionemos, tomando como base de partida, muchas experiencias del día a día en consulta:

  • Los      resultados son mejores, y sobre todo, más duraderos, si educamos y      cambiamos los hábitos poco a poco, más que hacer un esfuerzo puntual de un      mes, para luego abandonar y atiborrarse. Hay que aprender y lograr      introducir en nuestro día a día una forma óptima de comer que favorezca un      organismo equilibrado y saludable.
  • El peso corporal se compone de muchos factores: contenido de agua, grasa, músculos, huesos, tendones, etc…Es fundamental entender que el objetivo no es perder peso, sin importar qué es lo que se pierde, sino perder esa grasa acumulada.
  • Es más  eficaz trabajar a favor de nuestro cuerpo, ya que partir de un sentimiento  de rechazo por el propio cuerpo convierte el «hacer dieta» en un      proceso cargado de ansiedad.
  • Muchas cosas nos gustan porque estamos habituados. Hay que acabar con el  dicho-creencia de que todo lo bueno es ilegal, inmoral o engorda. Conseguir o descubrir que nos gusta comer aquello que más nos conviene es el objetivo.
  • Establezcamos objetivos realistas, metas asumibles. Lo contrario puede provocar  angustia, insatisfacción, e incluso problemas de salud por querer ir contra su propia naturaleza.
  • Si  “hacemos trampas” en alguna ocasión, hay que interpretarlo como un premio,  algo ocasional, no como un fracaso, pero al día siguiente se debe  continuar con el plan establecido.
  • No hay      ninguna magia encerrada detrás de las dietas, la diferencia en el resultado la marca la propia persona con su compromiso y decisión de  seguirla.

La dieta (entendida como aquello que el ser humano ingiere en cada comida) debe ser práctica, y más aún si pensamos en la pérdida de peso, además ha de ajustarse a nuestro estilo de vida y a nuestras posibilidades tanto de tiempo como otras.

Prepararse dietéticamente para primavera y verano

primavera veranoPor Dª Gracia María Casado, Nutricionista y colaboradora del CMI Dr. Nougués

Inmersos en el ciclo natural de las estaciones, dejamos atrás el invierno para enfrentarnos con la primavera y verano. Comienza el calor, las alergias, cambia la hora, aparece el cansancio y debilidad (lo que se conoce como astenia primaveral)… y como resultado nuestro organismo se ve resentido. Sin embargo, algunos de estos efectos podrían verse disminuidos, si estamos preparados.

De nuevo la alimentación adecuada, nos ayudará a mejorar nuestras defensas. Y no olvidemos como parte de ella, la correcta hidratación pues el agua es también un nutriente, y en esta época del año vuelve a convertirse en objetivo de numerosas campañas de prevención y promoción de la salud. Aunque el modo de preparación de los alimentos también contribuye a la misma.

Hemos de tener presente que los hábitos “cambian” en cada estación, así la primavera sugiere una mayor actividad, y por consiguiente más sangre en los músculos, pero si ésta está intoxicada por los residuos del metabolismo de grasas, proteínas, etc (productos del proceso digestivo en definitiva), no ofrecerá el aporte de nutrientes y de oxígeno necesarios. Además, la llegada de la primavera permite disponer de la energía solar, y de este modo nuestro organismo no tendrá que procesar ni almacenar grasa para el mantenimiento de la temperatura corporal, entre otras necesidades.

Así es importante evitar comidas copiosas y pesadas, que causen  malestar, más aún por la noche (intenta cenar varias horas antes de dormir). Por ejemplo, optar por preparaciones al vapor (son suaves) o salteados (cocinarlos brevemente a temperatura alta y con poco aceite), ya que son más fáciles de digerir. Del mismo modo se tiene y debe comenzar la mañana de forma energética, con un buen desayuno, compuesto por cereal, lácteo, fruta, aceite de oliva y si lo deseas algo de alimento proteico (pechuga pavo, jamón cocido o jamón  serrano). Frutas y verduras se convierten en alimentos predilectos, al ser tan fáciles de preparar, tan variados y tan sanos. Mejor aún si los tomamos crudos ya que la pérdida de micronutrientes (vitaminas y minerales), será mínima. El pescado predominará sobre la carne, que como siempre deben ser magras, reduciendo al máximo el contenido graso de un modo fácil.

Las bebidas refrescantes, serán deliciosos zumos de fruta, agua o infusiones frías, lejos de refrescos y similares cuyo aporte se basa únicamente en azúcares simples.

Tampoco confundamos ni asociemos que este estilo de vida algo más activo durante estos meses del año, significa comer mal, comer comida rápida o tapas, excederse en el alcohol, o en el peor de los casos saltarse comidas.

Si comemos fuera, consumir productos de temporada, frescos y variados, y escoger un entrante a base de verduras crudas o cocidas, un segundo plato de fácil digestión como pescado, y un postre a base de lácteos o frutas. Éstas son el mejor postre, tentempié y refresco. Con alto poder saciante y muy ricas en agua, fibra, minerales y vitaminas, serán ayuda en: los regímenes hipocalóricos, para la hidratación, para el buen mantenimiento y protección de la piel, (la cual tampoco debemos descuidar en esta época), etc.

Ni que decir que cuidemos las intoxicaciones alimentarias y la tentación de emprender “previo a”, alguna de las conocidas dietas milagro, que a marcha forzada, se inician para conseguir “milagros” en solo unas semanas. Magia no es realidad y reflexionemos si se trata de pasar bien este período estival o por el contrario, vamos a dar lugar a la aparición de alguna enfermedad que puede ser irreversible, por habernos descuidado tanto.