La queja limitante y la queja asertiva

LA QUEJALa queja es una expresión frecuente cuando sentimos que alguien nos trata mal o que en la vida suceden cosas que creemos que no nos merecemos.

Habitualmente la consideramos como una expresión normal, porque se piensa que si las cosas son  malas o injustas, al menos, nos queda el derecho al pataleo. En ese sentido, la queja, es la expresión de una cierta insatisfacción o desacuerdo, ya que nos quejamos cuando pensamos que no recibimos lo que creemos justo.Seguir leyendo

El arte de dar significados

significasEn el mundo ocurren cosas ante las cuales tratamos de crear nuestras propias comprensiones para poder ajustar las respuestas de la lo mejor manera posible. Eso quiere decir que, ante cada hecho que sucede, nosotros le atribuimos un significado, lo cual nos permite darle una interpretación que nos ayuda a entender lo que pasa y a responder lo más apropiadamente que podamos.

Pero el asunto es que, ante cada acontecimiento, no existe un significado único, verdadero y objetivo, sino que cada persona construirá el suyo propio. Por eso vemos el mundo de una forma tan diferente unos de otros. No vemos el mundo como es sino como nos “parece” que es.

Dicho de otro modo, cada acontecimiento tendrá tantas significaciones como las que le quieran atribuir las diferentes personas implicadas en el mismo. Esto es una obviedad, pero muchos no reparan en ello y creen que su interpretación de las cosas es la única y verdadera, lo cual, como puede deducirse, causa más problemas que beneficios.

Ciertamente, los seres humanos somos “constructores” de significados, ya que, en función de nuestro modelo del mundo, un acontecimiento querrá decir para nosotros una cosa y, sin embargo, para las demás personas significará otra cosa diferente. Porque los significados que atribuimos a cada acontecimiento no son dados al azar, sino que se encuentran condicionados por nuestras creencias, pensamientos, emociones, etc.

El hecho de dar significado a lo que sucede puede servirnos para crecer, y entonces decimos que la significación es potenciadora. Pero también puede llevarnos al estancamiento o incluso al sufrimiento, en cuyo caso decimos que es una significación limitante.

Cuando somos capaces de construir significaciones potenciadoras incrementamos, también, nuestra capacidad para establecer conductas resilientes. Es decir, el hecho de ser capaces de fabricar “buenos significados” nos hace resistir mejor la adversidad cuando esta se presenta. Al contrario sucede si nuestro modo de dar significados a los acontecimientos es predominantemente limitante. Entonces nuestra capacidad para afrontar la adversidad, disminuye, es decir, seremos menos risilientes.

Pero la mayoría de las veces no somos conscientes del modo en el que atribuimos significados a los acontecimientos. Como se indicó anteriormente, normalmente lo hacemos en función de nuestro propio “modelo del mundo”, es decir, según la peculiar manera que tenemos para interpretar la realidad. Esta depende de nuestra capacidad sensorial, de nuestro sistema de creencias, del tipo de experiencias del pasado y el modo en el que las hemos etiquetado, así como de las expectativas que hemos generado hacia el futuro.

Si nos referimos a nuestra capacidad sensorial, ésta, a su vez, se encuentra matizada por la agudeza de nuestros sentidos, así como por el llamado “patrón de reconocimiento” que es la capacidad que tenemos para reconocer y discriminar entre distintos estímulos. También dependerá del modo en el que focalizamos nuestra atención así como del estado emocional que tengamos en esos momentos.

Si tomamos en cuenta lo explicado y añadimos que aquello que recordamos no constituye una reconstrucción exacta del hecho acontecido, sino que es una nueva recreación por parte del sujeto en la que se eliminan algunos aspectos y se aportan otros inexistentes, hemos de concluir que toda información acerca de cualquier objeto es siempre relativa, es decir, cambiará en función de quien observe dicho objeto y también desde donde lo observe.

Tomando como base todo lo anterior, podríamos deducir que una buena estrategia para mejorar nuestra vida sería la de aprender a dar significados potenciadores a los acontecimientos nuevos, así como aprender a resignificar, volver a dar significado, los antiguos.

Para hacernos más resistentes a las contrariedades propias de la vida es muy importante resignificar potenciadoramente nuestra propia historia personal. Porque dicha estrategia posee un gran poder transformador de nuestro mundo interior y un gran valor terapéutico en general.

Resignificar nuestra historia personal no tiene nada que ver con perseguir los supuestos traumas infantiles, sino con desarrollar, desde el presente, una manera más potenciadora de abordar los acontecimientos pasados y actuales, así como una forma de generar expectativas apropiadas orientadas hacia el futuro.

Lo que hemos de evitar para ser resilientes

ResilienciaLa resiliencia es una capacidad que tenemos los seres humanos para hacer frente a la adversidad y salir indemnes de ella, afrontándola de una manera apropiada.
Esta capacidad es universal y puede ser incrementada mediante el correcto aprendizaje. Pero para ello hemos de aprender a evitar algunas de las creencias limitantes que hacen que muchas personas no sean capaces de desarrollar una conducta resiliente.
Desde el punto de vista genérico, nos convendría abandonar todas aquellas creencias que nos limitan y nos condicionan negativamente.
Si observamos un enfoque más particular del asunto, es posible enumerar aquellas creencias o actitudes que con más frecuencia tenemos instaladas y que deberíamos saber identificar y transformar, si queremos ser resilientes.

1.- Evitar jugar ciertos roles en la vida, sobre todo el de mártir y el de víctima.
Sabemos que cada uno de nosotros asume e interpreta un cierto papel en la vida. Dicho papel condiciona nuestro modo de estar en el mundo de tal manera que hay algunos roles que nos potencian y otros que nos limitan.
Dos de los más limitantes es asumir el papel de víctima o el de mártir. Ambos impiden el aprendizaje de una sana resiliencia.

2.- Abandonar ciertas ideas preconcebidas acerca del sufrimiento, como por ejemplo que tras la pérdida de seres queridos, lo normal ha de ser la depresión o la desesperación.
Las personas que creen lo anterior piensan que “cuando te pasa esto, ya tu vida no tiene sentido, se ha acabado.”
Recuerda que lo que pensamos acerca de la felicidad o del sufrimiento puede condicionar el rumbo de nuestra vida.

3.- Evitar creer que cualquier evento doloroso conlleva siempre un trauma.
Está ampliamente demostrado que lo importante no es lo que acontece, sino el modo en el que lo afrontamos y lo que somos capaces de hacer con ello.

4.- Evitar creer que nuestro sufrimiento actual es la consecuencia de un trauma previo.
Quienes se dedican con ahínco a bucear en el pasado para encontrar las causas del sufrimiento presente, con frecuencia olvidan tomar las riendas de su vida en el “aquí y en el ahora”.
Hay personas que experimentan un trauma ante eventos mínimos, o incluso ante sucesos que no han pasado en la realidad sino sólo en su imaginación. No es necesario un daño para generar un trauma, sino una mente con tendencia a fabricarlos.

5.- Evitar dejarse arrastrar por los prejuicios y las creencias del entorno. En situaciones complicadas es frecuente que el ambiente social adquiera una gran fuerza, pudiendo incluso contagiarnos emocionalmente.
Hemos de conectar con nuestro “Centro” y con nuestras profundas convicciones para permanecer estables.

6.- Abandonar la creencia de que si no sufres mucho ante los acontecimientos traumáticos eso significa que los niegas o los reprimes.
Hemos de recordar que disponemos de muchas más estrategias para evitar o disminuir el sufrimiento, además de la represión o la negación.

7.- Abandonar la creencia de que “un niño herido será un adulto fracasado”, porque los estudios científicos actuales nos muestran lo contrario.
Nuestra vida se escribe en el presente, en cada instante que elegimos un camino u otro. No podemos seguir quedando prisioneros de nuestro pasado.

8.- Evitar la tentación de esperar una vida en la que no ocurra nada traumático o doloroso, porque en la vida suceden cosas.

9.- Abandonar la creencia de que el mundo es un lugar seguro, previsible y controlable. La realidad nos muestra que vivimos en un universo probabilístico y no en un universo de certezas. Eso quiere decir que podemos llegar a sentirnos seguros en él cuando somos capaces de descubrir la sabiduría que la inseguridad lleva implícita.

10.- Sobre todo, evita rendirte.
¿Qué hace un pájaro cuando el viento le tira su nido?, lo vuelve a construir de nuevo.
¿Qué deberíamos hacer nosotros cuando las adversidades frustran nuestros planes?

El camino de los sentidos

sentidos
Un camino es un medio para ir de un lugar a otro.
En el ámbito del desarrollo humano, decimos que un camino es la vía que hemos de seguir para conquistar las metas que nos hayamos propuesto.
Desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, existen tres caminos principales en el proceso de desarrollo humano, que no sólo no son excluyentes sino que se complementan mutuamente: el camino del cuerpo, el camino de los sentidos y el camino de la mente.
Si nos referimos al camino de los sentidos, podría decirse que es una herramienta mediante la cual, y utilizando los recursos que nuestra sensorialidad nos ofrece, podemos crecer como personas y alcanzar nuestros objetivos, en lo que a desarrollo humano se refiere.
Esto quiere decir que los sentidos, además de captar la información procedente del mundo exterior, pueden ser utilizados también para alcanzar un mayor grado de crecimiento interior mediante el cultivo apropiado de su increíble potencial.
Los sentidos son como las ventanas de la consciencia que nos permiten aprehender el mundo exterior.
Pero debemos recordar que no son sólo meros receptores fisiológicos de la información, sino que funcionan como entidades participantes, lo cual quiere decir que, influídos por nuestro estado emocional y nuestro modelo del mundo, se orientan a captar aquella parte de la realidad que consideramos significativa para nosotros.
Es por eso que no todas las personas perciben los mismos datos del mundo exterior.
Recordemos que existen procesos neurológicos que condicionan el tipo de información que recibimos, haciendo que ciertos datos sean relevantes mientras que otros no. Sin embargo, no somos conscientes de cómo realizamos dicho proceso. Entonces, ¿cómo “decidimos” captar lo que captamos”? Esta es una buena pregunta que conviene investigar.
Nuestra atención, consciente o inconscientemente, hace que nuestros sentidos se orienten intencionalmente para tratar de percibir aquello que habitualmente confirma nuestro modelo del mundo. Por eso nuestra percepción habitual suele estar sesgada y cada uno de nosotros percibe el mundo según su propia manera de hacerlo.
Entre la consciencia y los sentidos se establece una especie de bucle bidireccional, de tal manera que se influyen mutuamente. Así, el estado de consciencia en el que nos encontremos modificará la percepción sensorial que tengamos, de la misma manera que una información sensorial determinada podrá modificar un estado de consciencia previo. Eso quiere decir que la sensorialidad va a influir tanto en el estado como en los contenidos de consciencia a los que accedemos.
Dicho de otro modo, algo sucede por ahí afuera y una parte de ello lo recogen mis sentidos. A partir de aquí procesamos la información según nuestro propio modelo y procedemos a dar interpretación de lo sucedido.
Todo lo anterior no debiera constituir un problema si después de todo no tuviésemos la pretensión de creer que captamos la realidad nítidamente, ni de que nuestra interpretación sobre las cosas es la única y verdadera.
Un paso importante consiste en reconocer la subjetividad de nuestras percepciones sensoriales y de nuestros contenidos mentales, que son netamente individuales. Admitirlo, es algo que nos permite ser más operativos y flexibles con la realidad, con los demás y con nosotros mismos.
Sea como fuere, el mundo de los sentidos nos permite seguir trabajando en nuestro desarrollo personal para lograr un mayor bienestar.
Entender los sentidos de una manera activa, atenderlos, cuidarlos y cultivar nuestra dimensión sensorial, va a tener más repercusiones sobre nuestra salud y sobre nuestro desarrollo que de las que pudiéramos imaginar.

Tipos de reacciones ante experiencias traumáticas

Reaccionar ante la adversidadLa psicología convencional sostiene el planteamiento de que ante un hecho traumático la mayoría de las  personas que lo padecen desarrollarán síntomas que habrán de ser tratados por profesionales.

También mantienen la creencia de que la presencia de emociones positivas en esos momentos es impropia y que, incluso, podrían retardar la curación. Se invocan fenómenos como los mecanismos psicológicos de negación o de represión para explicar esto.

Todo ello está basado en creencias y en pensamientos especulativos, pero cuando se ha tratado de corroborar  dicha premisa mediante estudios científicos actuales, los datos han demostrado justo lo contrario.

Más allá de las creencias especulativas sin fundamento científico, los estudios recientes sobre el campo de la resiliencia, sobre todo por parte de la Psicología Positiva, demuestran algo muy diferente. En términos generales se puede decir que ante los acontecimientos traumáticos de la vida, los seres humanos somos más resistentes de lo que la psicología convencional plantea y que la aparición de trastornos como consecuencia de una experiencia traumática, es sólo una de las diversas posibilidades con las que contamos.

Ante la adversidad, es posible reaccionar de las siguientes maneras:

1.- Aparición de un trastorno

Este ha sido el mecanismo principal invocado por la psicología convencional hasta ahora. Como se dijo anteriormente, plantean que cualquier  persona sometida a una situación traumática desarrollará un trastorno y, por tanto, ha de ser tratado por profesionales mediante ciertas estrategias de intervención psicológica.

Pero los estudios actuales revelan que el porcentaje de personas a las que les sucede esto es bastante bajo, y muchos de los que son diagnosticados inicialmente se recuperan de manera espontánea durante los primeros meses sin necesidad de tratamiento.

Hoy día, más que hablar de trastorno, se tiende a pensar que muchos de los síntomas que muestran estas personas (pesadillas, insomnio, etc.) no son más que “reacciones normales ante hechos especiales”.

Un ejemplo de ello han sido los trastornos relacionados con el 11-S en Estados Unidos. Se ha constatado que el porcentaje de personas que han desarrollado un trastorno crónico duradero es mínimo. Como ejemplo, podemos citar los datos referidos a los estudios realizados sobre el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) en las personas que padecieron directamente el 11-S. En la población general de New York aparecieron síntomas iniciales sólo en el 7’5%, habiéndose reducido a los 6 meses al 0.6%. Nada que ver con la “teoría del trauma”  de la que tantos adeptos participan en la psicología actual.

2.- Aparición de un trastorno retardado

Este es el caso de las personas que  no desarrollan patología en el primer momento, sino que ésta aparece tiempo después, incluso años más tarde.

A pesar de lo que se pudiera creer, según los modernos estudios sobre resiliencia, este tipo de casos es relativamente infrecuente, aunque también posee muchos partidarios entre la psicología convencional.

3.- Recuperación espontánea

Los estudios realizados revelan que el 85% de las personas sometidas a experiencias traumáticas sufren síntomas disfuncionales, pero se recuperan de forma espontánea.

La psicología convencional ha tendido a ignorar este fenómeno, sobrevalorando la importancia de las intervenciones psicológicas, y creando “enfermos para toda la vida”.

4.- Resiliencia

Son personas que cuando se encuentran sometidas a la adversidad, no experimentan síntomas relevantes, ni ven interrumpido su funcionamiento normal sino que consiguen mantener el equilibrio estable sin que se afecte su vida cotidiana.

No es un fenómeno raro sino común, al que hasta ahora se le ha prestado poca importancia y se ha tendido a pasar por alto.

Existe una fuerte evidencia de que somos más fuertes de lo que pensamos nosotros mismos y muchísimo más de lo que tratan de hacernos creer.

5.- Crecimiento tras la adversidad

Podríamos llamarlo el “Aprendizaje a través de la lucha”. Existe un grupo importante de personas que aprenden y crecen tras la experiencia de un trauma. Existen personas que ante situaciones adversas no se deprimen sino que se fortalecen.

También puede suceder que se vean reforzadas las relaciones interpersonales (“ahora sé quiénes son mis verdaderos amigos”), tanto con los amigos como entre las parejas (casos de hijos con enfermedades graves).

Se ha constatado mediante estudios de campo que de las personas afectadas por una situación adversa, 2/3 encuentran caminos beneficiosos en su experiencia.

Igualmente, las experiencias traumáticas pueden llevarnos a importantes cambios en nuestra escala de valores o en nuestra espiritualidad, sobre todo cuando esta vivencia conlleva hacernos conscientes de la realidad de la muerte.

Es posible que pasar por una experiencia traumática sea una de las situaciones vitales que más aportan a la madurez y crecimiento de un individuo.

Pero no todas las personas son capaces de descubrir los aspectos potenciadores tras una experiencia traumática, y es importante no sentirse culpable en caso de no hacerlo.

En definitiva, lo que se deduce de las investigaciones actuales sobre los traumas y las experiencias de adversidad, es que las personas somos mucho más fuertes de lo que la psicología ha venido considerando hasta ahora.

Finalmente, citemos las palabras de un experto en este campo: “Los psicólogos han subestimado la capacidad natural de los supervivientes de experiencias traumáticas de resistir y rehacerse” (Bonanno, 2004).

10 Estrategias sofrodynámicas para incrementar el bienestar

10 estrategias para el bienestarHoy día, los científicos del comportamiento humano hablan cada vez más de la felicidad como objeto de sus estudios. Hasta hace no mucho tiempo parecía que dicho asunto era un tema del que se ocupaban solamente la filosofía o la religión, sin embargo, ahora, las modernas investigaciones van aportando un nuevo e interesante punto de vista al respecto, mostrándonos cómo podemos incrementar los estados de felicidad mediante ciertos tipos de estrategias.

En Sofrodynamia®, normalmente, preferimos hablar de bienestar en lugar de felicidad, aunque a veces utilizamos también este término, pero nos parece un poco más abstracto y lejano. Desde el punto de vista sofrodynámico, definimos bienestar como “Un estado armónico y pacífico de la persona que se fundamenta en los siguientes pilares: Autosatisfacción, autoconocimiento, autogestión y desarrollo del potencial”.

Una de las principales finalidades del entrenamiento sofrodynámico consiste, pues, en incrementar el bienestar en las personas, lo cual es semejante a procurar que sean más felices. Para realizar esto, partimos de dos premisas:

1) Que la alegría o el sufrimiento son estados de la mente.

2) Que los estados mentales son construidos y pueden ser modificados y desarrollados.

De aquí se deduce quienes deseen generar estados mentales relacionados con el bienestar y la felicidad, deberán aprender a utilizar su mente de una manera lo suficientemente apropiada como para poder generarlos.

Se han desarrollado diversas investigaciones que confirman la posibilidad de incrementar los niveles de felicidad y el bienestar personal siguiendo programas específicos para ello, pero en este proceso, se ha comprobado que no se trata de cuanta cantidad de información somos capaces de conseguir en un tiempo determinado, sino de cómo somos capaces de gestionarla para que llegue a ser práctica, eficaz y eficiente.

Indudablemente, para que todo esto funcione, hace falta un método que nos aporte un modo sistemático de trabajar sin riesgos de perdernos en nuestra búsqueda.

El método sofrodynámico nos propone una serie de estrategias contrastadas y útiles para desarrollar el bienestar, las cuales habremos de aplicar adaptándolas al estado inicial del sujeto, al entorno en el que se encuentra y a los fines que quiere conseguir.

Las principales estrategias sofrodynámicas para incrementar el bienestar son:

1.-  COMENZAR DESARROLLANDO UNA MOTIVACIÓN ADECUADA a) Salir del sufrimiento, b) Desarrollo personal, c) Deseo de liberación de todos

Dicha motivación podrá ser de tres niveles diferentes:

2.- LA RESPIRACIÓN CONSCIENTE

Considerada en Sofrodynamia® como la “Gran Herramienta” debido a los innumerables beneficios que reporta.

3.- NUTRIR EL CUERPO

a) Dietética convencional, b) Movimiento, c) Nutrir los sentidos (en el que participa también la psique), d) Atender a la dimensión energética.

4.- NUTRIR LA PSIQUE

a) Propiciar Pensamientos nutricios, b) Cultivar emociones potenciadoras, c) Grupos y actividades nutricias, d) Caricias mentales, e) Implicarse en actividades gratificantes.

5.- NUTRIR EL ESPACIO INTERIOR

a) Silencio, b) Mente meditativa, c) Ejercicios energéticos.

6.- APRENDER A SOLTAR LASTRES DEL PASADO

Pagar las “deudas existenciales”, b) Aprender a perdonarse y perdonar (el odio, el rencor, cortar con nuestra historia de dolor).

7.-  CONEXIÓN CON EL SER INTERIOR

a) Apertura de consciencia, b) Vacío creativo

8.- MODELO FUNCIONAL (CREENCIAS, VALORES)

a) Cuestionar nuestro modelo, b) Instalar creencias funcionales.

9.- DISEÑO DE OBJETIVOS

Saber a dónde queremos ir

10.- DESARROLLAR NUESTRAS CUALIDADES

Aprender a desarrollar nuestro potencial al tiempo que disfrutamos de la vida.

Ser Respiración

ser respiraciónUna de las herramientas más importantes del entrenamiento sofrodynámico es, sin duda, la respiración.

Con frecuencia, suelo decir a los alumnos que, si sólo pudiera explicar una sola cosa de todas las que comentamos durante un taller de Sofrodynamia®, necesariamente elegiría la respiración.

Y esto es así porque a partir de ella podemos construir todo lo demás, pero sin una respiración armónica y fluida difícilmente avanzaremos en lo que se refiere a la salud y al desarrollo humano.

Dentro del entrenamiento sofrodynámico, la práctica de la respiración consciente posee, pues, una especial relevancia, y se distinguen cuatro niveles diferentes en su aprendizaje.

El primero de ellos se refiere a la toma de consciencia y a la identificación del Patrón Respiratorio Personal, con la posterior eliminación de los bloqueos detectados.

El segundo, está dedicado a expandir la respiración a todo el cuerpo para sentir que, si bien ventilamos con los pulmones, la verdadera respiración es un fenómeno global.

En el tercer nivel el alumno será capaz de proyectar su respiración hacia cualquier parte del cuerpo y focalizarla en esa zona. Aquí existe ya un mayor control de la técnica respiratoria.

Y, finalmente, llegamos al último nivel, pasamos de respirar como fenómeno psicofisiológico a “Ser Respiración”, lo cual inaugura un aspecto espiritual de la misma. De esto último me gustaría comentar algunas cosas.

Conseguimos acceder a este punto cuando somos capaces de gestionar la respiración con un cierto nivel de fluidez. A partir de estos momentos es posible trascender dicha técnica para que aparezca el “arte de respirar”. Es algo así como olvidar lo aprendido para, simplemente, dejarnos respirar.

Suelo decirle a los alumnos “déjate respirar, porque tu respiración sabe qué hacer”, y “trata de respirar como si todo tú fueses respiración, como si la respiración te respirase, como si todo el universo respirase en ti”.

Muchos se preguntan, ¿qué es eso de dejarse respirar?

Dejarse respirar significa ser permeables a la respiración y no ofrecer obstáculos. Es dejarse inundar por la fuerza y el ritmo vital de la respiración como algo que unifica  las distintas esferas del ser.

Es algo así como armonizarse con el universo, accediendo a comprensiones más trascendentes, las cuales, muchas veces, tenemos dificultad en explicarlas o en trasmitirlas con palabras comunes, porque “Ser Respiración” es una experiencia radicalmente profunda y no una mera conceptualización.

Ser respiración es algo que aparece de forma espontánea cuando hemos dedicado un tiempo suficiente a practicar la respiración conscientemente, por tanto, es un tipo de “experiencia emergente”, es decir, aquellas que aparecen sin que podamos saber cuándo. Nuestra tarea al respecto consiste en estar preparados para que lo que haya de suceder, suceda. Me recuerda a lo que se decía en un cuento de Tony de Mello, “no podemos hacer nada para que amanezca, pero si podemos tratar de que nos pille despiertos”.

Llegar a “Ser Respiración” constituye, pues, uno de los mejores regalos que podríamos hacernos a nosotros mismos y a quienes nos rodean, porque es la clave para facilitar el encuentro más profundo con nosotros mismos y con los demás.

Cinco posturas ante el sufrimiento

seres humanos y sufrimientoTratar de clasificar a las personas en función de sus características físicas, psicológicas o reaccionales, se ha venido utilizando a lo largo del tiempo por diversos autores con la intención de comprender, o explicar mejor, algunos aspectos de los seres humanos y también para buscar posibles soluciones eficaces, en función de las características de cada tipo.

Como la mayoría de las cosas, esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes, ya que todo intento de clasificación respecto a una realidad tan compleja como el ser humano, resulta bastante complicado de llevar a cabo de una forma  que resulte completa, precisa y clara.

A pesar de las limitaciones que puedan aparecer en todo intento clasificatorio, existe una que suelo utilizar en algunos grupos de Sofrodynamia®, porque me resulta especialmente útil, sobre todo en lo que se refiere a la toma de consciencia de nuestra situación actual.

El planteamiento es el siguiente, vamos a tratar de establecer diferentes grupos de personas en función de su actitud ante el sufrimiento y las posibles soluciones relacionadas con el proceso de desarrollo.

Desde este punto de vista, diferenciamos varios tipos distintos y, en función de en qué grupo te encuadras, tu manera de estar en el mundo será también distinta.

 

LOS CINCO TIPOS DE SERES EN FUNCIÓN DEL SUFRIMIENTO:

  1. Las personas que pueden seguir sufriendo porque todavía son capaces de aguantar más, es decir, en el momento actual no están suficientemente hartos de sufrir. Obviamente, no hacen nada para salir de donde se encuentran. Su estrategia común suele ser la excusa.
  2. Las personas que no quieren sufrir más pero que no están dispuestas a cambiar. Ellos pretenden que cambien los demás. Son prolíficos en las quejas y reproches, y su planteamiento es que ellos sufren porque otros le hacen sufrir, por tanto, son los otros los que han de cambiar.
  3. Las personas que quieren cambiar pero no quieren asumir el coste del proceso, ni tampoco realizar el esfuerzo que ello conlleva. Se encuentran atrapados por las inercias o los automatismos. En ocasiones carecen del valor necesario para afrontar nuevos retos. Suelen ser partidarios del “más vale lo malo conocido…”
  4. Los que pueden asumir el coste pero ahora no tienen tiempo para hacerlo. Están muy liados con sus cosas, ya comenzarán otro día. Estas personas buscan sólo un alivio inmediato para seguir funcionando en el torbellino de sus actividades diarias, pensando, ilusamente, que un día lejano tendrán tiempo para mejorar.
  5. Los que no quieren sufrir más y además quieren cambiar, también son capaces de asumir el coste de dicho proceso y comprenden que han de comenzar ya. Estos son los auténticos buscadores, aquellos que han renunciado radicalmente a sufrir. Aquellos que se ponen en marcha para transformar su vida y que, además, son capaces de mejorar el ambiente que les rodea. Son ellos los que, más temprano que tarde, obtendrán el fruto a su esfuerzo.

¿En qué grupo te encuadras? Piénsalo bien antes de responder.

Desarrollar el potencial, un camino a la curación

descubrir nuestro potencial como parte de la curaciónMe encanta volver a escuchar de vez en cuando un texto de Facundo Cabral que se titula ”Usted no está deprimido, está distraído”. El autor expone una visión especialmente positiva de lo que somos los seres humanos y de toda la belleza que nos rodea, y de como la depresión es un estado que aparece porque nos distraemos de toda esa verdadera realidad y nos enfocamos en otros asuntos. Suelo aconsejar a muchas personas que lo escuchen. El video es posible hallarlo en internet.

Y me gusta recordar dicho texto para que no se me olvide lo que en él se dice, sobre todo cuando me encuentro inmerso en la vorágine de cada día, en esos momentos en los que corremos el riesgo de desconectarnos de nuestro interior y en los que perdemos de vista algo especialmente importante, saber quienes somos realmente.

La mayoría sufrimos más de lo que nos gustaría. Yo el primero. La mayor parte de las veces por pura ignorancia. No queremos sufrir, pero sufrimos. Eso significa que hay algo que no hacemos bien.

Sin embargo, mucha gente desea ser feliz usando la mente de la misma forma que le hace sufrir. Eso no es posible. Porque, obviamente, no es posible ser feliz y mantener al mismo tiempo el tipo de mente que nos aleja de la felicidad y nos acerca al sufrimiento. Necesitamos un cambio.

Entonces, ¿qué hacer para dejar de padecer ese sufrimiento inútil?

En medicina, tal como yo la entiendo, lo llamamos “camino de curación”, aunque no todos los médicos tenemos la misma comprensión respecto a este término.

A continuación trataré de explicar en pocas palabras aquella que poseo a propósito de este asunto.

Veamos. Como ya he comentado en otras ocasiones, el camino hacia la salud (y esto es el proceso de curación), se relaciona sobre todo con el aprendizaje del “arte de vivir”. La búsqueda del bienestar forma parte de este arte, para lo cual necesitaremos, entre otras cosas, aprender a desarrollar nuestro potencial como elemento imprescindible de dicho proceso.

¿Qué significa eso de desarrollar el potencial?

Primero hemos de admitir que tenemos un potencial, y admitir, también, que todavía no hemos llegado a expresarlo de forma apropiada.

Necesitamos, pues, entender que, primero de todo, dicho potencial necesita ser descubierto, con todo lo que ello implica.

De alguna manera, en el fondo, hemos de asumir que somos unos grandes desconocidos para nosotros mismos.

Posiblemente ninguno de nosotros haya llegado al máximo de donde puede llegar, aunque nos gustaría hacerlo. Lo más probable es que todavía no hayamos descubierto cuál es nuestra mejor versión que podemos ofrecer al mundo, porque existe en nuestro interior un tesoro que espera ser descubierto y mostrado.

Los seres humanos nos acostumbramos a vivir como mendigos, en la miseria anímica y espiritual, cuando en nuestro interior reside la joya más valiosa, aquella que da respuesta a nuestras necesidades y cubre nuestros deseos.

Cada uno de nosotros nace con una gran cantidad de potencialidades que podrá expresar o no, en función de su proceso en la vida. Dichas potencialidades son como semillas que han de ser cuidadas y mimadas para que florezcan. Cuando no lo hacemos, nos marchitamos y viviremos una existencia peor de la que realmente estamos llamados a experimentar.

El desarrollo de nuestro potencial nos conduce a la autorrealización, al despertar. Tiene que ver con lo que en Sofrodynamia® denominamos como “Estado de Completud”, y es el auténtico camino hacia la curación.

En este contexto, autocuración, autorrealización, salud, desarrollo del potencial y felicidad son términos muy próximos.

Pero ¿cómo llegar a conocer nuestro auténtico potencial?

De la misma forma que no podemos contemplar la calle cuando la ventana está cerrada o los cristales están cubiertos por una densa suciedad, del mismo modo no podemos observar nuestro potencial si nuestra mente se encuentra cerrada o contaminada por percepciones o creencias erróneas.

Ante el torbellino de pensamientos y emociones que nos impiden contemplar nuestro verdadero ser, podemos aplicar una potente estrategia, pacificar la mente.

Conocida desde hace milenios, ha demostrado su gran efectividad a lo largo de todos estos miles de años, pero requiere una condición, se ha de practicar.

Podemos pacificar la mente a través de las técnicas meditativas, en las que elementos como la respiración, la atención y la concentración, jugarán un papel esencial.

Hoy día hay un verdadero resurgir de las técnicas meditativas y de interiorización, a las que podemos acceder a través de distintas metodologías, unas más psicológicas y otras más espirituales.

Pero recuerda que leer un libro sobre deporte no te hace estar más en forma. Has de practicar dicho deporte. De la misma forma, no desarrollamos nuestro potencial si sólo leemos sobre ello y no realizamos la practica necesaria.

Por tanto, hemos de sacar una importante conclusión, desarrollar el potencial es algo eminentemente práctico.

Comienza pacificando la mente y dirigiendo la mirada hacia nuestro interior. Esto nos llevará al descubrimiento de nuestro verdadero ser, lo cual nos conectará con un estado de satisfacción. Todo lo anterior nos conduce a un mayor autoconocimiento, fruto del cual aparecerá una mejor manera de gestionar nuestras capacidades interiores y nuestra relación con el medio (autogestión).

Nunca es tarde para comenzar. El mejor día es hoy. El mejor momento, ahora.

¿Asumirás el compromiso de ponerte manos a la obra para descubrir todo tu potencial?

Medicina, ¿arte o ciencia?

medicina arte o cienciaEn la medida que los conocimientos médicos se van desarrollando y la tecnología aplicada se sofistica cada vez más, la medicina va adquiriendo un mayor grado de desarrollo técnico-científico, que la mayor parte de las veces supera con mucho lo que éramos capaces de imaginar hace no demasiado tiempo.

Todo ello supone un gran beneficio para la humanidad en general, y más concretamente para los pacientes que pueden acceder a este tipo de medicina, pero en muchas ocasiones aparece la sensación de que, al mismo tiempo que ganamos en tecnología y precisión, perdemos en calidez y en otros aspectos más humanos.

La medicina actual, en base a los conocimientos y experiencias científicas, ha desarrollado una serie de protocolos buscando una mayor efectividad en sus procedimientos y  en la toma de decisiones, de tal manera que podemos afirmar que la medicina científica actual se encuentra altamente protocolizada.

Se estructuran algoritmos médicos de intervención y decisión, de tal manera que todo el mundo sabe que detrás de que suceda A hay que hacer B y posteriormente C, independientemente de las individualidades de cada paciente y de sus circunstancias. Es lo que toca, “según el protocolo” se suele decir a los pacientes, – pero que me aportará- preguntan algunos – no mucho- responden los médicos a veces, -pero es lo que dice el protocolo que hay que hacer-.

El famoso aforismo “no hay enfermedades sino enfermos”, aunque se siga repitiendo en las facultades de medicina, hace mucho tiempo ya que quedó olvidado, ensombrecido por la cegadora fuerza de los protocolos establecidos.

Personalmente no tengo nada en contra de la existencia de los mencionados protocolos. Es más, me parecen bastante útiles. Pero sí que soy poco partidario de obrar con rigideces preconcebidas, y también soy poco partidario de que perdamos de vista algunas de las circunstancias que hacen que cada paciente y cada proceso sea único.

Tal vez por eso, el gran Hipócrates hablaba del “Arte” para referirse a la medicina. Los latinos acuñaron el término de  “Ars Médica”, también para referirse a ella. Pero hoy día, cuando mencionamos cualquier actividad médica, solemos hablar de ciencia.

Y decimos bien, porque la medicina ha de aspirar a ser una ciencia lo más precisa posible. Así, como toda disciplina científica, requerirá de una metodología apropiada que permita la verificación o rechazo de los diferentes supuestos y teorías mediante la realización de estudios serios y rigurosos. Hasta ahí, todos de acuerdo. Pero, entonces ¿dónde queda el arte médico?

¿Es la medicina sólo una ciencia? ¿Es también un arte, como decían los hipocráticos? ¿No será ambas cosas a la vez?

Si el médico, cegado por el resplandor de la ciencia, renuncia a ser un artista, habrá perdido parte de la esencia definitoria de la profesión.

Recordemos, ahora, que existe una curiosa palabra que nos puede ilustrar en este asunto, la palabra “artesano”. Me parece bastante apropiada para esta reflexión, porque un médico ha de parecerse a un artesano, es decir, practicar el “arte de la salud” o dicho de otro modo llevar a cabo el “arte-sano”.

Al mismo tiempo, ha de parecerse también a un artesano por aquello de no tratar a sus pacientes en serie, a todos por igual como si fuese el modo “industrial”. Así, de la misma forma que cada vasija en manos del alfarero ha de ser única, o cada cuadro en las manos del pintor ha de ser una obra original, del mismo modo, cada paciente, he de ser contemplado a la luz de su propia individualidad y de la específica peculiaridad que le sea propia.

Este enfoque nos llevará a trascender la tendencia a aplicar cualquier protocolo de forma rígida y cerrada, beneficiándose no sólo el paciente sino también el mismo profesional.

Llegado a este punto, me viene a la memoria la frase que en el momento de separarnos me dirigió la persona a quien considero mi “maestro” en homeopatía, el Dr. Francisco Criollo. Después de cuatro años de estudio y trabajo intensivo bajo su dirección, se despidió diciendo,    -usted ya tiene el conocimiento suficiente, la ciencia. Ahora, cuando trate a cada paciente, olvídese de ella y haga florecer su arte”.

¡Ojalá que la ciencia médica no pierda nuca el enfoque del ser  el “arte de la curación”!