Abrir el Espacio Interior

Para crecer como seres humanos necesitamos Abrir nuestro Espacio Interior
Para crecer como seres humanos necesitamos Abrir nuestro Espacio Interior

En el entrenamiento sofrodynámico hablamos del Espacio Interior para describir nuestra verdadera naturaleza, aquello que somos en esencia.

De la misma manera que un actor desempeña su trabajo sobre un escenario o un plató de cine o televisión, así nosotros vivimos en el mundo desempeñando distintos roles. Sin embargo, cada ser humano es mucho más que el papel que desempeña. Por eso, la vida, la verdadera vida, se experimenta en nuestro Espacio Interior, no en el mundo externo.

Aunque la mayoría de las personas se encuentran profundamente convencidas de que viven en el mundo, esto no es más que un espejismo de nuestra mente porque, en realidad, más que vivir, lo que hacemos es actuar en el mundo.Seguir leyendo

Ciencia, espiritualidad y salud-III

Oración y salud
Los estudios científicos demuestran la importante relación entre la práctica espiritual y la salud

Después de los artículos anteriormente colgados en este mismo blog, toca ahora exponer algunas de las experiencias y trabajos científicos que muestran las importantes relaciones entre la espiritualidad y la salud.

En un estudio realizado hace años, se trató de dividir en distintos grupos a las personas en función de su experiencia espiritual y religiosa Para ello se utilizaron herramientas estadísticamente apropiadas y se logró identificar tres grupos diferentes: a) Personas religiosas que valoraban en gran medida la fe religiosa, el bienestar espiritual y el significado de la vida. b) Personas que sólo valoraban primordialmente el bienestar espiritual pero no la fe religiosa. c) Personas no espirituales que asignaban escaso valor a la religiosidad, a la espiritualidad o al sentido de la vida.Seguir leyendo

Ciencia, espiritualidad y salud-II

Espiritualidad y salud
Espiritualidad y salud
Un organismo como la OMS reconoce la influencia de la espiritualidad en el ámbito de la salud

En el anterior artículo comencé a reflexionar acerca de las relaciones que existen entre la espiritualidad, la ciencia y la salud.

Una de los primeros asuntos que hemos de aclarar es no confundir religión con espiritualidad, ya que son dos cosas muy distintas.

Lo espiritual se contrapone a material, y significa lo que es esencial y que se distingue o es independiente de la materia. La espiritualidad se manifiesta en una forma de vida en la que encontramos significado, esperanza, alivio y paz interior y, además. Nos relaciona con la trascendencia.Seguir leyendo

El vértigo ante lo nuevo

vertigo por lo nuevoOptar por lo malo conocido, como dice el viejo refrán, no es algo que me haya motivado nunca especialmente. Por lo general, casi siempre me ha resultado más atractivo el reto de descubrir lo bueno por conocer así como el desafío de otros nuevos retos que superar. Soy consciente de que esto no es más que una opinión personal y, por tanto, discutible, y que otras muchas personas preferirán justo lo contrario.

Pero, hasta ahora, he sido más partidario de transitar mi propio camino, sin seguridades, ni certezas, que transitar por aquellas viejas sendas trilladas en las que todo se encuentra prefijado y parecen aparentemente seguras.Seguir leyendo

La queja limitante y la queja asertiva

LA QUEJALa queja es una expresión frecuente cuando sentimos que alguien nos trata mal o que en la vida suceden cosas que creemos que no nos merecemos.

Habitualmente la consideramos como una expresión normal, porque se piensa que si las cosas son  malas o injustas, al menos, nos queda el derecho al pataleo. En ese sentido, la queja, es la expresión de una cierta insatisfacción o desacuerdo, ya que nos quejamos cuando pensamos que no recibimos lo que creemos justo.Seguir leyendo

Propósitos saludables para el 2015

propositos saludables 2015Cada comienzo de año parece que fuese el momento más apropiado para formular los nuevos propósitos que, con demasiada frecuencia, volverán a repetirse al año siguiente, pues muchos de ellos no se habrán cumplido.
Unas veces por pereza, otras por falta de tiempo, otras veces por circunstancias externas, el hecho es que no suelen faltar buenas razones para decirnos cada 31 de diciembre que de este año no pasa que…
Bueno, sea como fuere, lo suyo es volverlo a intentar, con la esperanza de que en algún momento se hagan realidad.
Para quienes tiene muy claro sus nuevos propósito, simplemente, desearles ánimo, firmeza y constancia, a ver si este año de verdad se cumplen.
Para los que no lo tienen claro, me gustaría aportarles unas cuantas ideas sencillas que, sobre todo, tienen la finalidad de contribuir a una vida más saludable y, gracias a ello, también a una vida más feliz.
Si recordamos los pilares tradicionales de nuestra salud, la alimentación, el ejercicio, y el equilibrio mental y emocional, no cabe duda de que encontramos una interesante fuente de inspiración para nuestros propósitos.
Pero a estos principios tradicionales yo añadiría un par de pilares más: las buenas compañías y los suplementos nutricionales apropiados.
Con estos ingredientes, os propongo el siguiente listado de propósitos para 2015:

1.- Cuidar y mejorar nuestra alimentación, eligiendo productos saludables y consumiéndolos con alegría y agrado, disfrutando del placer de disponer de dichos productos y compartir nuestra mesa con nuestros amigos y seres queridos. Recuerda que tanto nutre lo material como lo afectivo.

2.- Buscar momentos para realizar un ejercicio físico moderado y de acuerdo a nuestra edad y condición. No es necesario prepararse para las olimpiadas. A veces es suficiente con bajarse una parada antes del autobús o aparcar el coche un poco más lejos del destino al que queremos llegar.

3.- Hacer de nuestra mente nuestro mejor amigo. Dejar de transportar la pesada losa del pasado y aprender a amar nuestro lado oscuro tanto como el luminoso. Para ello habremos de buscar momentos para el silencio, la meditación y el contacto con nuestro interior. Si no sabes como hacerlo, este año te ofrece la oportunidad de aprenderlo. Hay muchas opciones disponibles para ello.

4.- Procura disfrutar de buenas compañías. Es cierto que existen lugares donde no las elegimos, pero en todo aquello que esté en nuestra mano procuraremos buscar las personas y los ambientes más nutricios, así como a quienes nos ayuden a desarrollar lo mejor de nosotros mismos.

5.- Cumplir años es lo mejor que nos puede pasar porque significa que seguimos vivos. Pero para amortiguar lo que el envejecimiento natural trae consigo, así como para otras muchas enfermedades, podemos acudir a los nutracéuticos y a los suplementos nutricionales apropiados. Muchos de ellos marcan la diferencia entre un estado más o menos saludables. Es conveniente elegir el apropiado para cada persona en función de su edad y de sus predisposiciones patológicas, y para ello también puedes encontrar el consejo profesional apropiado.

Seguir estas cinco propuestas es aumentar la salud y mejorar nuestra vida. Si te parece bien puedes intentar seguirlas, en caso contrario, no le hagas caso.

¡Que el 2015 nos traiga toda la felicidad que anhelamos!

¿Problemas o dificultades?

dificultades o problemasMe resulto curioso cuando hace años escuché decir a Lama Gangchen Rimpoché que la primera palabra que había aprendido al venir a occidente fue la palabra “problema”.
Cada uno que se acerca a mí me dice, “Lama, tengo un problema”- comentaba Rimpoché, mientras sonreía.
Me resultó extraño comprobar como los occidentales, con su alto nivel de vida, sentían que tenían muchos problemas- continuó diciendo.
No había reparado hasta entonces en este hecho, pero lo cierto es que a partir de fijarme en ello un poco más, no pude sino constatar cuánta razón tenía Lama Gangchen.Seguir leyendo

El arte de dar significados

significasEn el mundo ocurren cosas ante las cuales tratamos de crear nuestras propias comprensiones para poder ajustar las respuestas de la lo mejor manera posible. Eso quiere decir que, ante cada hecho que sucede, nosotros le atribuimos un significado, lo cual nos permite darle una interpretación que nos ayuda a entender lo que pasa y a responder lo más apropiadamente que podamos.

Pero el asunto es que, ante cada acontecimiento, no existe un significado único, verdadero y objetivo, sino que cada persona construirá el suyo propio. Por eso vemos el mundo de una forma tan diferente unos de otros. No vemos el mundo como es sino como nos “parece” que es.

Dicho de otro modo, cada acontecimiento tendrá tantas significaciones como las que le quieran atribuir las diferentes personas implicadas en el mismo. Esto es una obviedad, pero muchos no reparan en ello y creen que su interpretación de las cosas es la única y verdadera, lo cual, como puede deducirse, causa más problemas que beneficios.

Ciertamente, los seres humanos somos “constructores” de significados, ya que, en función de nuestro modelo del mundo, un acontecimiento querrá decir para nosotros una cosa y, sin embargo, para las demás personas significará otra cosa diferente. Porque los significados que atribuimos a cada acontecimiento no son dados al azar, sino que se encuentran condicionados por nuestras creencias, pensamientos, emociones, etc.

El hecho de dar significado a lo que sucede puede servirnos para crecer, y entonces decimos que la significación es potenciadora. Pero también puede llevarnos al estancamiento o incluso al sufrimiento, en cuyo caso decimos que es una significación limitante.

Cuando somos capaces de construir significaciones potenciadoras incrementamos, también, nuestra capacidad para establecer conductas resilientes. Es decir, el hecho de ser capaces de fabricar “buenos significados” nos hace resistir mejor la adversidad cuando esta se presenta. Al contrario sucede si nuestro modo de dar significados a los acontecimientos es predominantemente limitante. Entonces nuestra capacidad para afrontar la adversidad, disminuye, es decir, seremos menos risilientes.

Pero la mayoría de las veces no somos conscientes del modo en el que atribuimos significados a los acontecimientos. Como se indicó anteriormente, normalmente lo hacemos en función de nuestro propio “modelo del mundo”, es decir, según la peculiar manera que tenemos para interpretar la realidad. Esta depende de nuestra capacidad sensorial, de nuestro sistema de creencias, del tipo de experiencias del pasado y el modo en el que las hemos etiquetado, así como de las expectativas que hemos generado hacia el futuro.

Si nos referimos a nuestra capacidad sensorial, ésta, a su vez, se encuentra matizada por la agudeza de nuestros sentidos, así como por el llamado “patrón de reconocimiento” que es la capacidad que tenemos para reconocer y discriminar entre distintos estímulos. También dependerá del modo en el que focalizamos nuestra atención así como del estado emocional que tengamos en esos momentos.

Si tomamos en cuenta lo explicado y añadimos que aquello que recordamos no constituye una reconstrucción exacta del hecho acontecido, sino que es una nueva recreación por parte del sujeto en la que se eliminan algunos aspectos y se aportan otros inexistentes, hemos de concluir que toda información acerca de cualquier objeto es siempre relativa, es decir, cambiará en función de quien observe dicho objeto y también desde donde lo observe.

Tomando como base todo lo anterior, podríamos deducir que una buena estrategia para mejorar nuestra vida sería la de aprender a dar significados potenciadores a los acontecimientos nuevos, así como aprender a resignificar, volver a dar significado, los antiguos.

Para hacernos más resistentes a las contrariedades propias de la vida es muy importante resignificar potenciadoramente nuestra propia historia personal. Porque dicha estrategia posee un gran poder transformador de nuestro mundo interior y un gran valor terapéutico en general.

Resignificar nuestra historia personal no tiene nada que ver con perseguir los supuestos traumas infantiles, sino con desarrollar, desde el presente, una manera más potenciadora de abordar los acontecimientos pasados y actuales, así como una forma de generar expectativas apropiadas orientadas hacia el futuro.

Lo que hemos de evitar para ser resilientes

ResilienciaLa resiliencia es una capacidad que tenemos los seres humanos para hacer frente a la adversidad y salir indemnes de ella, afrontándola de una manera apropiada.
Esta capacidad es universal y puede ser incrementada mediante el correcto aprendizaje. Pero para ello hemos de aprender a evitar algunas de las creencias limitantes que hacen que muchas personas no sean capaces de desarrollar una conducta resiliente.
Desde el punto de vista genérico, nos convendría abandonar todas aquellas creencias que nos limitan y nos condicionan negativamente.
Si observamos un enfoque más particular del asunto, es posible enumerar aquellas creencias o actitudes que con más frecuencia tenemos instaladas y que deberíamos saber identificar y transformar, si queremos ser resilientes.

1.- Evitar jugar ciertos roles en la vida, sobre todo el de mártir y el de víctima.
Sabemos que cada uno de nosotros asume e interpreta un cierto papel en la vida. Dicho papel condiciona nuestro modo de estar en el mundo de tal manera que hay algunos roles que nos potencian y otros que nos limitan.
Dos de los más limitantes es asumir el papel de víctima o el de mártir. Ambos impiden el aprendizaje de una sana resiliencia.

2.- Abandonar ciertas ideas preconcebidas acerca del sufrimiento, como por ejemplo que tras la pérdida de seres queridos, lo normal ha de ser la depresión o la desesperación.
Las personas que creen lo anterior piensan que “cuando te pasa esto, ya tu vida no tiene sentido, se ha acabado.”
Recuerda que lo que pensamos acerca de la felicidad o del sufrimiento puede condicionar el rumbo de nuestra vida.

3.- Evitar creer que cualquier evento doloroso conlleva siempre un trauma.
Está ampliamente demostrado que lo importante no es lo que acontece, sino el modo en el que lo afrontamos y lo que somos capaces de hacer con ello.

4.- Evitar creer que nuestro sufrimiento actual es la consecuencia de un trauma previo.
Quienes se dedican con ahínco a bucear en el pasado para encontrar las causas del sufrimiento presente, con frecuencia olvidan tomar las riendas de su vida en el “aquí y en el ahora”.
Hay personas que experimentan un trauma ante eventos mínimos, o incluso ante sucesos que no han pasado en la realidad sino sólo en su imaginación. No es necesario un daño para generar un trauma, sino una mente con tendencia a fabricarlos.

5.- Evitar dejarse arrastrar por los prejuicios y las creencias del entorno. En situaciones complicadas es frecuente que el ambiente social adquiera una gran fuerza, pudiendo incluso contagiarnos emocionalmente.
Hemos de conectar con nuestro “Centro” y con nuestras profundas convicciones para permanecer estables.

6.- Abandonar la creencia de que si no sufres mucho ante los acontecimientos traumáticos eso significa que los niegas o los reprimes.
Hemos de recordar que disponemos de muchas más estrategias para evitar o disminuir el sufrimiento, además de la represión o la negación.

7.- Abandonar la creencia de que “un niño herido será un adulto fracasado”, porque los estudios científicos actuales nos muestran lo contrario.
Nuestra vida se escribe en el presente, en cada instante que elegimos un camino u otro. No podemos seguir quedando prisioneros de nuestro pasado.

8.- Evitar la tentación de esperar una vida en la que no ocurra nada traumático o doloroso, porque en la vida suceden cosas.

9.- Abandonar la creencia de que el mundo es un lugar seguro, previsible y controlable. La realidad nos muestra que vivimos en un universo probabilístico y no en un universo de certezas. Eso quiere decir que podemos llegar a sentirnos seguros en él cuando somos capaces de descubrir la sabiduría que la inseguridad lleva implícita.

10.- Sobre todo, evita rendirte.
¿Qué hace un pájaro cuando el viento le tira su nido?, lo vuelve a construir de nuevo.
¿Qué deberíamos hacer nosotros cuando las adversidades frustran nuestros planes?

Estrategias de sanación

Estrategias de sanaciónSanar la vida es un proceso ligado al autoconocimiento y al desarrollo humano mediante el cual trascendemos nuestros sufrimientos habituales y somos capaces de vivir una vida más plena y pacífica.
A pesar de lo atractivo de la propuesta y de los beneficios que pueden alcanzarse con ella, no todas las personas están dispuestas a recorrer dicho camino, ya que conlleva necesariamente ciertas cualidades como el valor, la responsabilidad y el sacrificio, capacidades, estas, no demasiado populares en un mundo como el que vivimos.
Y una de las muchas razones por las qué se renuncia a involucrarnos en la propia sanación es porque resulta más fácil echarle la culpa a nuestros padres, hermanos, a una infancia difícil etc, que asumir la tarea de transformar, aquí y ahora, tu propia vida a partir de la toma de consciencia de nuestro propio poder y de nuestra propia capacidad.
Por tanto, comenzamos a sanar cuando renunciamos, voluntaria y conscientemente, a seguir jugando el papel de víctimas, y nos decidimos a asumir el protagonismo de nuestra propia vida a partir del desarrollo del potencial de transformación interior del que todos disponemos.
Para ello necesitamos realizar la elección de no seguir la senda del trauma ni la de la indefensión. Por el contrario, hemos de elegir transitar la “vía del aquí y del ahora”, camino totalmente incompatible con la enfermiza y recurrente conexión con el pasado, que muchos se empeñan en mantener.
Durante el proceso de sanación concurrirán muchos y diferentes factores, entre los cuales cebe destacar el modo en el que realizaremos nuestro aprendizaje.
De manera esquemática, podríamos decir que es posible hacerlo de tres modos diferentes.
El primero de ellos se encuentra enmarcado en el contexto de la relación que se establece entre un maestro y un discípulo. Este es un aprendizaje basado en la confianza mutua y, sobre todo, en la que el discípulo deposita en un maestro cualificado o en un ser de envergadura. Dicho aprendizaje se parece a una prescripción medica, ya que el maestro indicará y guiará al alumno en aquellos momentos de duda, confusión, etc. que pudieran presentarse.
Podría decirse que en cierto modo, esta propuesta parece un tanto pasiva, ya que se basa en el esquema de que el maestro prescribe y el alumno acata.
Sin embargo, todo ello ha de complementarse con la vía experiencial, ya que de lo contrario podríamos caer en una actitud demasiado inerte o impersonal.
Una vez hemos escuchado las indicaciones de una persona cualificada, necesitamos pasar a la práctica, a la experiencia. Hemos de “hacer carne y vida” aquello que hemos escuchado.
Cuando tenemos experiencia personal de algo, no necesitamos las palabras ni ningún otro argumento externo. Lo que es, es, porque lo hemos vivido, y eso, además de necesario, es suficiente.
Pero en nuestro camino no estamos solos. Hay otros que nos acompañan, a veces cercanos, en otras ocasiones en la distancia. Algunos van por delante nuestra, otros, en cambio, nos siguen detrás. De tal manera que llega el momento en el que nos planteamos compartir nuestros conocimientos, nuestras experiencia y, en cierto modo, nuestra vida, con aquellos compañeros de viaje en el largo proceso de la sanación.
Aprendemos de los compañeros avanzados, y compartimos nuestra experiencia con todo aquel dispuesto a escucharla.
Así que, podríamos finalizar diciendo que, para aprender a sanar, es necesario escuchar , experimentar y compartir, ya que ellas son las estrategias más apropiadas para avanzar y sanar nuestra vida.