Los autocuidados en Sofrodynamia®

El autocuidado en sofrodynamiaNo cabe duda que las personas que se cuidan física, mental y espiritualmente viven mejor y más felices que quienes no lo hacen, pero habría que señalar que es diferente asumir el protagonismo de proporcionarse dichos cuidados de esperar que otros lo hagan por ti.

El proceso de maduración humana lleva consigo la exigencia de aprender a satisfacer nuestras necesidades, físicas, emocionales, afectivas, etc., así como también la habilidad necesaria para saber aplicarnos los autocuidados necesarios.

Entendemos como autocuidado todas aquellas actividades o conductas que los individuos realizan para el mantenimiento de su propia salud y bienestar.

Aunque sea algo que hacemos para nosotros mismos es conveniente recordar que, de forma indirecta, también tendrá repercusiones beneficiosas sobre los demás.

En el caso particular de las personas que, por trabajo o por circunstancias familiares, cuidan de otros, se hace especialmente necesario que aprendan a cuidar de ellos mismos, ya que se ha demostrado que el “contagio emocional”  que surge en estas relaciones fruto de la interacción entre el cuidador y la persona receptora de los cuidados, da lugar a repercusiones desfavorables para la salud del cuidador.

Para avanzar en el aprendizaje del autocuidado desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, proponemos adquirir una serie de conocimientos sobre nuestro mundo interior, así como alcanzar el dominio de ciertas herramientas prácticas, como por ejemplo:

1) Adquirir un modelo mental más saludable

2) Mejorar y armonizar la consciencia de la corporalidad, para detectar signos precoces de afectación y aplicar estrategias correctoras

3) Disponer de un correcto patrón respiratorio que nos sirve, entre otras muchas cosas, para amortiguar las consecuencias del estrés y serenar la mente

4) aprender a comer bien, a dormir bien, a tener paz interior y a sonreír.

5) Una ineludible porción de sentido común

Lo que hemos de evitar para ser resilientes

ResilienciaLa resiliencia es una capacidad que tenemos los seres humanos para hacer frente a la adversidad y salir indemnes de ella, afrontándola de una manera apropiada.
Esta capacidad es universal y puede ser incrementada mediante el correcto aprendizaje. Pero para ello hemos de aprender a evitar algunas de las creencias limitantes que hacen que muchas personas no sean capaces de desarrollar una conducta resiliente.
Desde el punto de vista genérico, nos convendría abandonar todas aquellas creencias que nos limitan y nos condicionan negativamente.
Si observamos un enfoque más particular del asunto, es posible enumerar aquellas creencias o actitudes que con más frecuencia tenemos instaladas y que deberíamos saber identificar y transformar, si queremos ser resilientes.

1.- Evitar jugar ciertos roles en la vida, sobre todo el de mártir y el de víctima.
Sabemos que cada uno de nosotros asume e interpreta un cierto papel en la vida. Dicho papel condiciona nuestro modo de estar en el mundo de tal manera que hay algunos roles que nos potencian y otros que nos limitan.
Dos de los más limitantes es asumir el papel de víctima o el de mártir. Ambos impiden el aprendizaje de una sana resiliencia.

2.- Abandonar ciertas ideas preconcebidas acerca del sufrimiento, como por ejemplo que tras la pérdida de seres queridos, lo normal ha de ser la depresión o la desesperación.
Las personas que creen lo anterior piensan que “cuando te pasa esto, ya tu vida no tiene sentido, se ha acabado.”
Recuerda que lo que pensamos acerca de la felicidad o del sufrimiento puede condicionar el rumbo de nuestra vida.

3.- Evitar creer que cualquier evento doloroso conlleva siempre un trauma.
Está ampliamente demostrado que lo importante no es lo que acontece, sino el modo en el que lo afrontamos y lo que somos capaces de hacer con ello.

4.- Evitar creer que nuestro sufrimiento actual es la consecuencia de un trauma previo.
Quienes se dedican con ahínco a bucear en el pasado para encontrar las causas del sufrimiento presente, con frecuencia olvidan tomar las riendas de su vida en el “aquí y en el ahora”.
Hay personas que experimentan un trauma ante eventos mínimos, o incluso ante sucesos que no han pasado en la realidad sino sólo en su imaginación. No es necesario un daño para generar un trauma, sino una mente con tendencia a fabricarlos.

5.- Evitar dejarse arrastrar por los prejuicios y las creencias del entorno. En situaciones complicadas es frecuente que el ambiente social adquiera una gran fuerza, pudiendo incluso contagiarnos emocionalmente.
Hemos de conectar con nuestro “Centro” y con nuestras profundas convicciones para permanecer estables.

6.- Abandonar la creencia de que si no sufres mucho ante los acontecimientos traumáticos eso significa que los niegas o los reprimes.
Hemos de recordar que disponemos de muchas más estrategias para evitar o disminuir el sufrimiento, además de la represión o la negación.

7.- Abandonar la creencia de que “un niño herido será un adulto fracasado”, porque los estudios científicos actuales nos muestran lo contrario.
Nuestra vida se escribe en el presente, en cada instante que elegimos un camino u otro. No podemos seguir quedando prisioneros de nuestro pasado.

8.- Evitar la tentación de esperar una vida en la que no ocurra nada traumático o doloroso, porque en la vida suceden cosas.

9.- Abandonar la creencia de que el mundo es un lugar seguro, previsible y controlable. La realidad nos muestra que vivimos en un universo probabilístico y no en un universo de certezas. Eso quiere decir que podemos llegar a sentirnos seguros en él cuando somos capaces de descubrir la sabiduría que la inseguridad lleva implícita.

10.- Sobre todo, evita rendirte.
¿Qué hace un pájaro cuando el viento le tira su nido?, lo vuelve a construir de nuevo.
¿Qué deberíamos hacer nosotros cuando las adversidades frustran nuestros planes?

Estrategias de sanación

Estrategias de sanaciónSanar la vida es un proceso ligado al autoconocimiento y al desarrollo humano mediante el cual trascendemos nuestros sufrimientos habituales y somos capaces de vivir una vida más plena y pacífica.
A pesar de lo atractivo de la propuesta y de los beneficios que pueden alcanzarse con ella, no todas las personas están dispuestas a recorrer dicho camino, ya que conlleva necesariamente ciertas cualidades como el valor, la responsabilidad y el sacrificio, capacidades, estas, no demasiado populares en un mundo como el que vivimos.
Y una de las muchas razones por las qué se renuncia a involucrarnos en la propia sanación es porque resulta más fácil echarle la culpa a nuestros padres, hermanos, a una infancia difícil etc, que asumir la tarea de transformar, aquí y ahora, tu propia vida a partir de la toma de consciencia de nuestro propio poder y de nuestra propia capacidad.
Por tanto, comenzamos a sanar cuando renunciamos, voluntaria y conscientemente, a seguir jugando el papel de víctimas, y nos decidimos a asumir el protagonismo de nuestra propia vida a partir del desarrollo del potencial de transformación interior del que todos disponemos.
Para ello necesitamos realizar la elección de no seguir la senda del trauma ni la de la indefensión. Por el contrario, hemos de elegir transitar la “vía del aquí y del ahora”, camino totalmente incompatible con la enfermiza y recurrente conexión con el pasado, que muchos se empeñan en mantener.
Durante el proceso de sanación concurrirán muchos y diferentes factores, entre los cuales cebe destacar el modo en el que realizaremos nuestro aprendizaje.
De manera esquemática, podríamos decir que es posible hacerlo de tres modos diferentes.
El primero de ellos se encuentra enmarcado en el contexto de la relación que se establece entre un maestro y un discípulo. Este es un aprendizaje basado en la confianza mutua y, sobre todo, en la que el discípulo deposita en un maestro cualificado o en un ser de envergadura. Dicho aprendizaje se parece a una prescripción medica, ya que el maestro indicará y guiará al alumno en aquellos momentos de duda, confusión, etc. que pudieran presentarse.
Podría decirse que en cierto modo, esta propuesta parece un tanto pasiva, ya que se basa en el esquema de que el maestro prescribe y el alumno acata.
Sin embargo, todo ello ha de complementarse con la vía experiencial, ya que de lo contrario podríamos caer en una actitud demasiado inerte o impersonal.
Una vez hemos escuchado las indicaciones de una persona cualificada, necesitamos pasar a la práctica, a la experiencia. Hemos de “hacer carne y vida” aquello que hemos escuchado.
Cuando tenemos experiencia personal de algo, no necesitamos las palabras ni ningún otro argumento externo. Lo que es, es, porque lo hemos vivido, y eso, además de necesario, es suficiente.
Pero en nuestro camino no estamos solos. Hay otros que nos acompañan, a veces cercanos, en otras ocasiones en la distancia. Algunos van por delante nuestra, otros, en cambio, nos siguen detrás. De tal manera que llega el momento en el que nos planteamos compartir nuestros conocimientos, nuestras experiencia y, en cierto modo, nuestra vida, con aquellos compañeros de viaje en el largo proceso de la sanación.
Aprendemos de los compañeros avanzados, y compartimos nuestra experiencia con todo aquel dispuesto a escucharla.
Así que, podríamos finalizar diciendo que, para aprender a sanar, es necesario escuchar , experimentar y compartir, ya que ellas son las estrategias más apropiadas para avanzar y sanar nuestra vida.

Aprender a disfrutar de los pequeños momentos

disfrutarA la hora de proponer ciertos consejos o estrategias sobre algún tema de envergadura,  parece ser que tratar de elaborar un listado con la pretensión de que sea completo, se antoja una tarea bastante comprometida, incluso poco factible, ya que, por mucho que lo intentemos, suele quedar la impresión de que algo falta.

Máxime cuando dicho listado se refiere a un tema tan amplio y profundo como es el de aprender a disfrutar de la vida y de los pequeños momentos.

A pesar de lo anterior, voy a a atreverme a enumerar algunas estrategias sobre el tema anteriormente citado, sabiendo que lo que sigue no sólo no es en modo alguno un listado exhaustivo sobre el tema, sino un conjunto de ideas para ayudarnos a recordar, en caso de que lo hayamos olvidado, o para poner más énfasis, si es que ya lo tenemos presente, sobre algunos elementos que nos pueden ayudar a mejorar la capacidad para disfrutar los pequeños momentos de la vida diaria.

Dichas estrategias, y algunas otras más, las solemos trabajar en los grupos de Sofrodynamia® como medio de ayudar a los alumnos a llevar una vida más placentera, es decir, cargada de disfrute y de emociones positivas.

1.- Recuerda que cada momento es único e irrepetible y, por tanto, especialmente valioso. Tú también eres único e irrepetible. Toma consciencia de tu incalculable valor y vive conforme a lo que ello significa.

2.- Cultiva tu pasión. Una pasión es algo que surge del interior, algo que nos moviliza hacia una acción y que, cuando la cultivamos, nos permite disfrutar gozosamente de hacerlo.

3.- Desarrolla la generosidad, puesto que ser generoso y solidario aumenta la capacidad de disfrutar más de la vida. Se ha demostrado que ciertas sensaciones de armonía y paz se incrementan con los actos altruistas.

4.- Aprender a reencuadrar los acontecimientos vitales, especialmente aquellos que no salen como teníamos previsto. Tomarlos como un aprendizaje  en lugar de como un fracaso nos permite disfrutar de las cosas, incluso cuando los resultados no son los esperados.

5.- No corras tras metas erróneas. Las metas erróneas te harán sufrir, por tanto, cada cierto tiempo revisa si estás siguiendo el camino que has elegido para alcanzar tus propósitos de felicidad y de desarrollo.

6.-  Aprender a buscar los aspectos potenciadores de cada acontecimiento. En cada uno de ellos, incluso en los más oscuros, es posible descubrir un poco de luz.

7.- Para poder disfrutar de la vida es necesario saber disfrutar, también, de nuestra soledad. Aprender a estar solos es uno de los mejores modos de aprender a estar con los demás, sin adicciones ni apegos.

8.- Identifica tus habilidades y talentos, sobre todo aquellos que aún no has sacado a la luz. Procura descubrirlos y disfruta del placer de cultivarlos y compartirlos con otras personas.

9.- Aprende a dar gracias por todo lo que tienes, pues un corazón agradecido es un corazón feliz.

10.- Procura descubrir en cada momento y en cada situación la alegría y la bondad que sustenta la vida. Observa tu respiración y recuerda que sigues vivo.

10 Estrategias sofrodynámicas para incrementar el bienestar

10 estrategias para el bienestarHoy día, los científicos del comportamiento humano hablan cada vez más de la felicidad como objeto de sus estudios. Hasta hace no mucho tiempo parecía que dicho asunto era un tema del que se ocupaban solamente la filosofía o la religión, sin embargo, ahora, las modernas investigaciones van aportando un nuevo e interesante punto de vista al respecto, mostrándonos cómo podemos incrementar los estados de felicidad mediante ciertos tipos de estrategias.

En Sofrodynamia®, normalmente, preferimos hablar de bienestar en lugar de felicidad, aunque a veces utilizamos también este término, pero nos parece un poco más abstracto y lejano. Desde el punto de vista sofrodynámico, definimos bienestar como “Un estado armónico y pacífico de la persona que se fundamenta en los siguientes pilares: Autosatisfacción, autoconocimiento, autogestión y desarrollo del potencial”.

Una de las principales finalidades del entrenamiento sofrodynámico consiste, pues, en incrementar el bienestar en las personas, lo cual es semejante a procurar que sean más felices. Para realizar esto, partimos de dos premisas:

1) Que la alegría o el sufrimiento son estados de la mente.

2) Que los estados mentales son construidos y pueden ser modificados y desarrollados.

De aquí se deduce quienes deseen generar estados mentales relacionados con el bienestar y la felicidad, deberán aprender a utilizar su mente de una manera lo suficientemente apropiada como para poder generarlos.

Se han desarrollado diversas investigaciones que confirman la posibilidad de incrementar los niveles de felicidad y el bienestar personal siguiendo programas específicos para ello, pero en este proceso, se ha comprobado que no se trata de cuanta cantidad de información somos capaces de conseguir en un tiempo determinado, sino de cómo somos capaces de gestionarla para que llegue a ser práctica, eficaz y eficiente.

Indudablemente, para que todo esto funcione, hace falta un método que nos aporte un modo sistemático de trabajar sin riesgos de perdernos en nuestra búsqueda.

El método sofrodynámico nos propone una serie de estrategias contrastadas y útiles para desarrollar el bienestar, las cuales habremos de aplicar adaptándolas al estado inicial del sujeto, al entorno en el que se encuentra y a los fines que quiere conseguir.

Las principales estrategias sofrodynámicas para incrementar el bienestar son:

1.-  COMENZAR DESARROLLANDO UNA MOTIVACIÓN ADECUADA a) Salir del sufrimiento, b) Desarrollo personal, c) Deseo de liberación de todos

Dicha motivación podrá ser de tres niveles diferentes:

2.- LA RESPIRACIÓN CONSCIENTE

Considerada en Sofrodynamia® como la “Gran Herramienta” debido a los innumerables beneficios que reporta.

3.- NUTRIR EL CUERPO

a) Dietética convencional, b) Movimiento, c) Nutrir los sentidos (en el que participa también la psique), d) Atender a la dimensión energética.

4.- NUTRIR LA PSIQUE

a) Propiciar Pensamientos nutricios, b) Cultivar emociones potenciadoras, c) Grupos y actividades nutricias, d) Caricias mentales, e) Implicarse en actividades gratificantes.

5.- NUTRIR EL ESPACIO INTERIOR

a) Silencio, b) Mente meditativa, c) Ejercicios energéticos.

6.- APRENDER A SOLTAR LASTRES DEL PASADO

Pagar las “deudas existenciales”, b) Aprender a perdonarse y perdonar (el odio, el rencor, cortar con nuestra historia de dolor).

7.-  CONEXIÓN CON EL SER INTERIOR

a) Apertura de consciencia, b) Vacío creativo

8.- MODELO FUNCIONAL (CREENCIAS, VALORES)

a) Cuestionar nuestro modelo, b) Instalar creencias funcionales.

9.- DISEÑO DE OBJETIVOS

Saber a dónde queremos ir

10.- DESARROLLAR NUESTRAS CUALIDADES

Aprender a desarrollar nuestro potencial al tiempo que disfrutamos de la vida.

Desarrollar el potencial, un camino a la curación

descubrir nuestro potencial como parte de la curaciónMe encanta volver a escuchar de vez en cuando un texto de Facundo Cabral que se titula ”Usted no está deprimido, está distraído”. El autor expone una visión especialmente positiva de lo que somos los seres humanos y de toda la belleza que nos rodea, y de como la depresión es un estado que aparece porque nos distraemos de toda esa verdadera realidad y nos enfocamos en otros asuntos. Suelo aconsejar a muchas personas que lo escuchen. El video es posible hallarlo en internet.

Y me gusta recordar dicho texto para que no se me olvide lo que en él se dice, sobre todo cuando me encuentro inmerso en la vorágine de cada día, en esos momentos en los que corremos el riesgo de desconectarnos de nuestro interior y en los que perdemos de vista algo especialmente importante, saber quienes somos realmente.

La mayoría sufrimos más de lo que nos gustaría. Yo el primero. La mayor parte de las veces por pura ignorancia. No queremos sufrir, pero sufrimos. Eso significa que hay algo que no hacemos bien.

Sin embargo, mucha gente desea ser feliz usando la mente de la misma forma que le hace sufrir. Eso no es posible. Porque, obviamente, no es posible ser feliz y mantener al mismo tiempo el tipo de mente que nos aleja de la felicidad y nos acerca al sufrimiento. Necesitamos un cambio.

Entonces, ¿qué hacer para dejar de padecer ese sufrimiento inútil?

En medicina, tal como yo la entiendo, lo llamamos “camino de curación”, aunque no todos los médicos tenemos la misma comprensión respecto a este término.

A continuación trataré de explicar en pocas palabras aquella que poseo a propósito de este asunto.

Veamos. Como ya he comentado en otras ocasiones, el camino hacia la salud (y esto es el proceso de curación), se relaciona sobre todo con el aprendizaje del “arte de vivir”. La búsqueda del bienestar forma parte de este arte, para lo cual necesitaremos, entre otras cosas, aprender a desarrollar nuestro potencial como elemento imprescindible de dicho proceso.

¿Qué significa eso de desarrollar el potencial?

Primero hemos de admitir que tenemos un potencial, y admitir, también, que todavía no hemos llegado a expresarlo de forma apropiada.

Necesitamos, pues, entender que, primero de todo, dicho potencial necesita ser descubierto, con todo lo que ello implica.

De alguna manera, en el fondo, hemos de asumir que somos unos grandes desconocidos para nosotros mismos.

Posiblemente ninguno de nosotros haya llegado al máximo de donde puede llegar, aunque nos gustaría hacerlo. Lo más probable es que todavía no hayamos descubierto cuál es nuestra mejor versión que podemos ofrecer al mundo, porque existe en nuestro interior un tesoro que espera ser descubierto y mostrado.

Los seres humanos nos acostumbramos a vivir como mendigos, en la miseria anímica y espiritual, cuando en nuestro interior reside la joya más valiosa, aquella que da respuesta a nuestras necesidades y cubre nuestros deseos.

Cada uno de nosotros nace con una gran cantidad de potencialidades que podrá expresar o no, en función de su proceso en la vida. Dichas potencialidades son como semillas que han de ser cuidadas y mimadas para que florezcan. Cuando no lo hacemos, nos marchitamos y viviremos una existencia peor de la que realmente estamos llamados a experimentar.

El desarrollo de nuestro potencial nos conduce a la autorrealización, al despertar. Tiene que ver con lo que en Sofrodynamia® denominamos como “Estado de Completud”, y es el auténtico camino hacia la curación.

En este contexto, autocuración, autorrealización, salud, desarrollo del potencial y felicidad son términos muy próximos.

Pero ¿cómo llegar a conocer nuestro auténtico potencial?

De la misma forma que no podemos contemplar la calle cuando la ventana está cerrada o los cristales están cubiertos por una densa suciedad, del mismo modo no podemos observar nuestro potencial si nuestra mente se encuentra cerrada o contaminada por percepciones o creencias erróneas.

Ante el torbellino de pensamientos y emociones que nos impiden contemplar nuestro verdadero ser, podemos aplicar una potente estrategia, pacificar la mente.

Conocida desde hace milenios, ha demostrado su gran efectividad a lo largo de todos estos miles de años, pero requiere una condición, se ha de practicar.

Podemos pacificar la mente a través de las técnicas meditativas, en las que elementos como la respiración, la atención y la concentración, jugarán un papel esencial.

Hoy día hay un verdadero resurgir de las técnicas meditativas y de interiorización, a las que podemos acceder a través de distintas metodologías, unas más psicológicas y otras más espirituales.

Pero recuerda que leer un libro sobre deporte no te hace estar más en forma. Has de practicar dicho deporte. De la misma forma, no desarrollamos nuestro potencial si sólo leemos sobre ello y no realizamos la practica necesaria.

Por tanto, hemos de sacar una importante conclusión, desarrollar el potencial es algo eminentemente práctico.

Comienza pacificando la mente y dirigiendo la mirada hacia nuestro interior. Esto nos llevará al descubrimiento de nuestro verdadero ser, lo cual nos conectará con un estado de satisfacción. Todo lo anterior nos conduce a un mayor autoconocimiento, fruto del cual aparecerá una mejor manera de gestionar nuestras capacidades interiores y nuestra relación con el medio (autogestión).

Nunca es tarde para comenzar. El mejor día es hoy. El mejor momento, ahora.

¿Asumirás el compromiso de ponerte manos a la obra para descubrir todo tu potencial?

Tres consejos para desarrollar el potencial

res consejos para desarrollar el potencialSeguro que muchas personas, cuando hayan leído el título habrán pensado: “¿sólo tres consejos? ¡Vaya!, los decálogos están de moda. Sería mucho mejor que nos dieran diez consejos, o tal vez doce… ¡por qué no!”

Pues la verdad es que podían ser muchos más, porque el tema de desarrollar nuestro potencial es tan amplio que, puestos a dar consejos, el número tres nos parecerá escaso.

En mi defensa diré que los tres que voy a dar son tan sumamente importantes que, si los sigues,  los demás vendrán por añadidura.

Ahí va el primero.

 

1.- Descubre tu pasión y síguela.

Pocas cosas hay tan importante como guardar fidelidad a nuestro propio camino. Y somos fieles cuando seguimos aquello que amamos, aquello que nos hace únicos y diferentes, aquello donde podemos brillar y aportar al mundo nuestro granito de arena.

Y hacemos eso cuando descubrimos y seguimos nuestra pasión.

¿Que qué es una pasión? Pues si eres capaz de darte cuenta de cuales son tus cualidades, tus talentos y, además, descubre que cuando conectas con alguno de ellos disfrutas de manera especial, podría decirse que te estás aproximando mucho a tu pasión.

Nuestra pasión, por tanto, se parece a una suma de cualidad + disfrute.

Preguntarse que cómo sabrás que es tu pasión, tiene una respuesta tan obvia como si te preguntases “¿cómo sabré que no tengo hambre? o ¿de que modo sabré que estoy contento?

¡Lo sabes y punto!

 

2.- Fomenta aquellas cosas que sean inspiradoras.

Busca aquello que te inspira en la vida, aquello que te hace ser mejor y que te conecta con los aspectos más elevados de tu existencia.

Y, sobre todo, no olvides que tenemos el compromiso de tratar de servir de inspiración a otras personas.

Por tanto, cultivar todo aquello que nos inspira al tiempo que tratamos de ser inspirador para otros será una tarea especialmente importante que no deberíamos obviar.

 

3.- Cultiva la creatividad.

Seguro que ya hay muchas cosas que estás haciendo bien. Pero, ¿podrías hacerlas mejor?, o también ¿podría hacerlas igual de bien siguiendo otro camino?

Explorar nuevas rutas es la tarea del buscador. Transitar por nuestro propio camino suele ser más comprometido, creativo y arriesgado que hacerlo por donde todo el mundo.

Qué puedes equivocarte, ¡pues posiblemente!

Pero, recuerda que el camino de la creatividad está esperando a quien osa traspasar los límites habituales y confortables de lo ya conocido.

Nunca el temeroso llegó a ser creativo.

Y, tal vez, el mayor acto creativo sea redescubrirte a ti mismo en todo tu esplendor, para llegar a lucir tan brillante como puedas.

Ser creativo es atreverse a cantar tu propia canción.

 

Espero que después de leer estos tres puntos no te siga pareciendo que habría que haber puesto muchos más, porque en este trío se encierran parte de los grandes retos a los que deberíamos dar respuestas en nuestra vida.

Los vínculos afectivos externos

vinculos afectivos externosNingún ser humano en el momento de nacer es capaz de sobrevivir por sí mismo sin ayuda de los demás. Vamos creciendo y madurando gracias a que somos nutridos y cuidados por la familia y por el grupo social, tanto en la dimensión biológica como en la afectiva.

Aristóteles dijo que somos “animales racionales”, aunque según parece hoy día a tenor de las últimas investigaciones, somos seres más profundamente emocionales que otra cosa y, por tanto, necesitamos de la sana relación afectiva con otros seres para desarrollarnos con plenitud. Dicho de otro modo, necesitamos crear saludables vínculos afectivos.

Según la RAE, un vínculo es  una “unión o atadura de una persona o cosa con  otra”, y si nos referimos a los vínculos emocionales, podríamos decir que son los lazos afectivos que se establecen entre una persona y otro objeto, sea éste persona, animal o cosa.

No ha de extrañarnos esto último, porque es bien sabido que se puede establecer fuertes vínculos emocionales con una mascota o con un objeto cargado simbólicamente de un significado especial, como por ejemplo un reloj de nuestro padre o una carta de una persona querida.

A pesar de lo anterior, los vínculos que más nos interesa destacar, debido a su importancia en el campo de la salud, ya que pueden llegar a ser altamente curativos, son los que se establecen entre unas personas y otras.

Definimos, pues, un Vínculo Afectivo Externo (VAE) como la relación emocional que se establece entre diferentes personas o grupos, más allá de los lazos familiares.

Según sabemos hoy día que un VAE es un elemento fundamental que permite incrementar las actitudes resilientes. Para que dicho VAE nos proporcione ayuda y soporte en los momentos difíciles ha de ser suficientemente significativo. No vale cualquier vínculo.

En general, se dice que un vínculo puede ser potenciador, neutro o limitante. Un VAE es limitante cuando dificulta o impide nuestro desarrollo. Neutro, si es una relación prescindible que no interfiere en nada en ninguno de los sentidos. Pero los VAE realmente interesante son los potenciadores, es decir, aquellos que nos ayudan a crecer y a desarrollarnos, como por ejemplo, los que se establecen entre los miembros de los “grupos nutricios”, o las redes de apoyo comunitario, o la relación entre maestro-discípulo, entre otros.

Un VAE puede ser también individual o grupal, según se establezca con una sola persona o con un grupo, y nos provee de una persona o un grupo a los que acudir en los momentos de dificultad.

Hoy día sabemos que poder contar con personas significativas fuera de la familia favorece la manifestación de comportamientos resilientes cuando en la propia familia se viven circunstancias adversas.

La importancia de estos vínculos radica en el afecto que genera entre los miembros, lo cual es la base de una estabilidad emocional, de una sana autoestima y genera un importante número de beneficios que surgen a partir de sentirse protegidos, comprendidos y aceptados.

Es importante, pues, promover los VAE, es decir, las sanas relaciones afectivas más allá del ámbito familiar, tanto individual como grupalmente, de ahí la importancia de contar con los llamados “grupos nutricios” (ver post al respecto), así como de cualquier soporte individual o grupal que nos haga crecer como seres humanos.

 

 

Algunos beneficios de sonreír

sonreírSiempre hemos intuido que reír es mejor que no hacerlo, y también que quienes sonríen suelen gozar de una mejor salud física y mental, pero hasta hace poco tiempo carecíamos de pruebas científicas lo suficientemente contundentes como para afirmarlo con total rotundidad.

Sin embargo, desde hace un tiempo, la ciencia ha podido comprobar que, aquello que de manera intuitiva todos creíamos acerca de los beneficios de la risa, son cosas con fundamento.

Así, hoy día sabemos que la risa no sólo es buena para nuestro estado emocional y mental, sino que también actúa beneficiosamente sobre la salud de nuestro cuerpo físico.

Cuando sonreímos, el cerebro genera una serie de substancias que producen calma, paz, serenidad y bienestar, mientras que se disminuyen aquellas otras responsables de los estados de malestar, tensión y estrés. Esto último hace que sonreír con frecuencia ayude a amortiguar los efectos nocivos del estrés.

Por otro lado, la risa, gracias a la liberación de endorfinas, hace que disminuya la sensación de dolor.

También se mejora la calidad de la respuesta inmunológica y hace que seamos más resistentes en nuestro sistema defensivo. Se ha comprobado que ver una película de humor genera un aumento de inmunoglobulinas, substancias defensivas, mientras que cuando la película es de terror se produce un bloqueo de nuestras defensas que dura varias horas.

Otro aspecto que se ha podido comprobar es que sonreír mejora el aporte de oxígeno a nivel celular, con todo lo que ello significa a nivel del metabolismo en general. Este efecto parece ser especialmente positivo para mejorar la calidad de nuestra piel.

Un estudio publicado en la revista “Psicological Science” en 2010, revela que las personas que sonríen tienen una mayor longevidad que los que no lo hacen.

En nuestras relaciones cotidianas experimentamos que una cara amable y sonriente genera más confianza que las que expresan un gesto adusto o serio, por lo que sonreír mejora también nuestra interacción con los demás.

Algunos datos actuales apuntan a confirmar la llamada “hipótesis de la retroalimentación facial”, mediante la que se ha podido determinar que cuando sonreímos, las aferencias neurológicas que llegan a nuestro cerebro generan un estado placentero, aunque la sonrisa haya sido realizada ex profeso y no emerja como consecuencia de una situación grata. Dicho con otras palabras, incluso fingir que sonríes puede llegar a funcionar.

 

Importancia de la disciplina

disciplinaHay veces que hemos de realizar alguna tarea pero parece como si nuestra mente nos dijese lo contrario. Nos susurra sutilmente que no nos apetece demasiado hacer lo que sea en ese momento, y entonces buscamos alguna excusa lo suficientemente buena como para demorarlo o no hacerlo.

Las excusas son razonamientos cuya finalidad consiste en aquietar nuestra consciencia, por eso han de ser lo suficientemente plausibles como para que nosotros mismos nos las lleguemos a creer. Esto es bastante frecuente, y para muchas personas incluso les parece normal. Se dicen a sí mismos “¿por qué hacer algo que no me apetece?”

Pero para aquellos que hayan elegido realizar un trabajo personal en el sentido del desarrollo humano, este modelo no resulta válido. No funciona, porque evitar hacer lo que debemos o demorarlo, no suele ser una buena solución. Tampoco nos ayuda a alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto.

Entonces, qué hacer cuando el cansancio, la pereza o cualquier otro estado emocional o mental nos invitan a no hacer lo que deberíamos.

Pues para solucionar esto echamos mano de la disciplina.

En ciertos círculos parece como que no tiene demasiada buena fama, tal vez porque lo confundan con autoritarismo o con la disciplina externa de ciertas organizaciones o sectas. Además, en una sociedad donde se preconiza “lo rápido, “lo fácil”, “hágalo sin esfuerzo”, etc. ¿qué valor tendría ser disciplinado?

Hay que aclarar que cuando hablamos de desarrollo personal, la disciplina a la que hacemos referencia es una disciplina interna, y la podríamos definir como aquella capacidad que nos permite mantener la coherencia necesaria para cumplir con nuestras propias reglas, según nuestras propias elecciones y convicciones.

Por tanto, más que a unas normas externas me estoy refiriendo a la autodisciplina como capacidad de nuestra consciencia para gestionar mejor nuestros actos. Tener autodisciplina es como hacerse “discípulo de uno mismo”. Tú eliges qué cumplir y generas el compromiso de hacerlo.

También podríamos decir que disciplina es la capacidad que nos permite llevar a cabo aquellas cosas que son necesarias para obtener nuestras metas, aunque no nos guste demasiado el esfuerzo que hemos de realizar.

Por tanto, la disciplina, hace posible realizar una acción independientemente de nuestro estado emocional (hacer lo que tienes que hacer, tanto si te apetece como si no). Es una herramienta que nos ayuda a superar los estados emocionales de apatía, indiferencia, tristeza, hastío, etc. Nos saca de la inmovilidad, la pasividad o el bloqueo mental. Por tanto, es bastante más importante de lo que muchos piensan.

Algunas personas la confunden con la fuerza de voluntad, y la verdad es que se encuentran íntimamente relacionadas. Pero para diferenciarlas, podría decirse que, si bien la disciplina nos permite cumplir con nuestras normas internas, la voluntad aporta la fuerza que nos posibilita hacerlo. Dicho con un ejemplo, la voluntad es comparable al motor de un coche, mientras que la disciplina es como el volante. Una da la energía para el movimiento, la otra la dirección.

Desde el punto de vista sofrodynámico, cuando aplicamos la disciplina, debemos considerarlo como un esfuerzo positivo orientado hacia nuestras metas, en lugar de una negación o una renuncia a algo.

También entendemos que está muy relacionada con la firmeza, es decir con la capacidad para mantenerse estables realizando un acto para conseguir un propósito.

Cuando la recompensa es inmediata no suele hacer falta ser muy disciplinados, pero cuando la recompensa es diferida necesitaremos echar mano a nuestra autodisciplina para conseguir lo que nos proponemos.

Como otras tantas capacidades de nuestra consciencia, la disciplina, puede incrementarse mediante el entrenamiento. En cierta medida se parece a un músculo que si no se ejercita se atrofia y si se entrena se fortalece.

Desarrollar la disciplina posee múltiples ventajas, ya que es una de las herramientas claves para alcanzar el éxito. También nos enseña a atender a nuestros compromisos y a focalizar el esfuerzo.

Pero la disciplina ha de encontrarse alejada de la excesiva exigencia o del autocastigo. Es un error exigirse demasiado cuando no se está preparado para ello. Eso sólo genera infelicidad y frustración. Por eso, además de ser disciplinados, hemos de echar mano a nuestro corazón benevolente para tratarnos a nosotros mismos con la amabilidad y el respeto que merecemos.

Por tanto, recuerda siempre que ser disciplinados no está reñido con la ternura ni con la amabilidad hacia tu propia persona.