¿Conoces la grasa parda?

grasa parda
La grasa parda es un tipo de tejido que genera calor

Desde hace un tiempo escuchamos hablar con más frecuencia de la llamada grasa parda o grasa marrón, aunque, por lo que he podido comprobar, la mayoría de las personas no tienen demasiado claro qué es lo que eso significa.

En general, tenemos asociado el exceso de grasa con la obesidad, cosa que es cierto, pero, sin embargo, en lo que se refiere a la grasa parda, se ha comprobado que la cosa funciona de otra manera.

Según parece, la grasa parda podría llegar a ser beneficiosa, precisamente, contra la obesidad, así como también contra la diabetes del adulto y ciertos problemas cardiovasculares.Seguir leyendo

Las dietas disociadas

dieta disociadaPor Gracia María Casado, nutricionista y colaboradora del CMI Dr. Nougués

Dentro del “mundillo” de los planes de adelgazamiento, las dietas milagrosas, la pérdida de peso, etc., nos encontramos con las dietas disociadas, entre otras, y si bien la base de todas ellas es común, intentaremos explicar sus ventajas e inconvenientes, pues aun cuando se ha convertido en una tendencia dietética muy extendida, tiene importantes repercusiones en la salud.

El término disociada, hace referencia a una dieta en la cual se “prohíbe” la toma conjunta de diferentes tipos de alimentos (hidratos de carbono y proteínas fundamentalmente) bajo la creencia de que la combinación de ellos no es beneficiosa y que cada grupo requiere un Ph diferente para su correcta digestión y asimilación de los nutrientes. Esta combinación entre ellos, será la responsable de la ganancia del peso, y no el aporte calórico del alimento como tal. Por tanto, las comidas deben basarse en la toma de un solo tipo de alimento sin mezclarlos. 

Esto lleva a pensar pues, que nuestro sistema digestivo no está preparado para digerir y absorber conjuntamente cada nutriente, si no es tomándolos por separado. 

Al igual que sus similares, el objetivo perseguido es una pérdida rápida del peso, (por su bajo aporte calórico) a expensas de la movilización de la grasa, quema de las reservas de glucógeno y eliminación de agua.

Los defensores y seguidores de ellas, proponen como posibles ventajas: el ser muy fáciles de seguir, únicamente acordarnos de qué alimentos son proteínas y cuáles hidratos, tampoco hay que contar las calorías ni (al detalle) las cantidades, puedes comer de todo (pero sin mezclar), y permiten una mejora de las digestiones pues se evitan las mezclas de alimentos. Pero frente a ellas tienen más peso aspectos tales como, el ser dietas que:

– carecen de fundamento claro y definido.

– limitan y prohíben alimentos básicos.

– no corrigen hábitos alimenticios. Efecto rebote.

– gran restricción calórica y consecuentemente de nutrientes.

– a largo plazo son contraproducentes para nuestra salud.

 

Los resultados y consecuencias directas de su práctica llevan a:

  • descalcificación ósea y daños renales por exceso de nitrógeno, 
  • fatiga y mareos por falta de hidratos de carbono, ya que la glucosa, un substrato deficiente aquí, es la principal fuente de energía para el organismo. Además este déficit de carbohidratos produce un exceso de acetona y otros cuerpos cetónicos en el organismo (cetosis), ya que el cuerpo se adapta a la situación y utiliza las grasas como substrato energético con el fin de evitar la degradación de proteína muscular y visceral. Como consecuencia de la cetosis se produce halitosis, pérdida de apetito y sensación de náuseas. 
  • estreñimiento, por el escaso aporte de fibra.
  • gran pérdida de líquidos y electrolitos, lo que favorece la deshidratación y en consecuencia el déficit en vitaminas hidrosolubles. 
  • elevación de los niveles de colesterol y triglicéridos.
  • aumento de los niveles de ácido úrico, pudiendo provocar ataques de gota en personas con hiperuricemia. 
  • pérdida de proteína muscular e incluso proteína visceral, puesto que el organismo la emplea como fuente de energía. 

 

¿Merece la pena no buscar tu equilibrio y  alimentación sana?

 

Llega el verano… ¡Reflexionemos!

llega el veranoPor Gracia María Casado, Nutricionista colaboradora del CMI Dr. Nougués

En esta época del año, más que nunca  no es raro encontrar una persona que no haya hecho algún tipo de régimen para adelgazar y que, por el contrario, no siga teniendo problemas de peso. A pesar de que la población se somete a nuevas dietas de adelgazamiento y consume  productos «light», bajos en grasas… y un sinfín de todos ellos, nuestra sociedad sigue presentando una  de las enfermedades crónicas más prevalentes el sobrepeso-obesidad.

Descartado algún problema hormonal, problemas emocionales o la toma de algún medicamento como causa del exceso de peso, hay que centrarse en los principales responsables del mismo: la cantidad y la calidad de lo que se come y la inactividad física.

A continuación  reflexionemos, tomando como base de partida, muchas experiencias del día a día en consulta:

  • Los      resultados son mejores, y sobre todo, más duraderos, si educamos y      cambiamos los hábitos poco a poco, más que hacer un esfuerzo puntual de un      mes, para luego abandonar y atiborrarse. Hay que aprender y lograr      introducir en nuestro día a día una forma óptima de comer que favorezca un      organismo equilibrado y saludable.
  • El peso corporal se compone de muchos factores: contenido de agua, grasa, músculos, huesos, tendones, etc…Es fundamental entender que el objetivo no es perder peso, sin importar qué es lo que se pierde, sino perder esa grasa acumulada.
  • Es más  eficaz trabajar a favor de nuestro cuerpo, ya que partir de un sentimiento  de rechazo por el propio cuerpo convierte el «hacer dieta» en un      proceso cargado de ansiedad.
  • Muchas cosas nos gustan porque estamos habituados. Hay que acabar con el  dicho-creencia de que todo lo bueno es ilegal, inmoral o engorda. Conseguir o descubrir que nos gusta comer aquello que más nos conviene es el objetivo.
  • Establezcamos objetivos realistas, metas asumibles. Lo contrario puede provocar  angustia, insatisfacción, e incluso problemas de salud por querer ir contra su propia naturaleza.
  • Si  “hacemos trampas” en alguna ocasión, hay que interpretarlo como un premio,  algo ocasional, no como un fracaso, pero al día siguiente se debe  continuar con el plan establecido.
  • No hay      ninguna magia encerrada detrás de las dietas, la diferencia en el resultado la marca la propia persona con su compromiso y decisión de  seguirla.

La dieta (entendida como aquello que el ser humano ingiere en cada comida) debe ser práctica, y más aún si pensamos en la pérdida de peso, además ha de ajustarse a nuestro estilo de vida y a nuestras posibilidades tanto de tiempo como otras.

Llega el verano… ¡Reflexionemos!

llega el veranoPor Gracia María Casado, Nutricionista colaboradora del CMI Dr. Nougués

En esta época del año, más que nunca  no es raro encontrar una persona que no haya hecho algún tipo de régimen para adelgazar y que, por el contrario, no siga teniendo problemas de peso. A pesar de que la población se somete a nuevas dietas de adelgazamiento y consume  productos «light», bajos en grasas… y un sinfín de todos ellos, nuestra sociedad sigue presentando una  de las enfermedades crónicas más prevalentes el sobrepeso-obesidad.

Descartado algún problema hormonal, problemas emocionales o la toma de algún medicamento como causa del exceso de peso, hay que centrarse en los principales responsables del mismo: la cantidad y la calidad de lo que se come y la inactividad física.

A continuación  reflexionemos, tomando como base de partida, muchas experiencias del día a día en consulta:

  • Los      resultados son mejores, y sobre todo, más duraderos, si educamos y      cambiamos los hábitos poco a poco, más que hacer un esfuerzo puntual de un      mes, para luego abandonar y atiborrarse. Hay que aprender y lograr      introducir en nuestro día a día una forma óptima de comer que favorezca un      organismo equilibrado y saludable.
  • El peso corporal se compone de muchos factores: contenido de agua, grasa, músculos, huesos, tendones, etc…Es fundamental entender que el objetivo no es perder peso, sin importar qué es lo que se pierde, sino perder esa grasa acumulada.
  • Es más  eficaz trabajar a favor de nuestro cuerpo, ya que partir de un sentimiento  de rechazo por el propio cuerpo convierte el «hacer dieta» en un      proceso cargado de ansiedad.
  • Muchas cosas nos gustan porque estamos habituados. Hay que acabar con el  dicho-creencia de que todo lo bueno es ilegal, inmoral o engorda. Conseguir o descubrir que nos gusta comer aquello que más nos conviene es el objetivo.
  • Establezcamos objetivos realistas, metas asumibles. Lo contrario puede provocar  angustia, insatisfacción, e incluso problemas de salud por querer ir contra su propia naturaleza.
  • Si  “hacemos trampas” en alguna ocasión, hay que interpretarlo como un premio,  algo ocasional, no como un fracaso, pero al día siguiente se debe  continuar con el plan establecido.
  • No hay      ninguna magia encerrada detrás de las dietas, la diferencia en el resultado la marca la propia persona con su compromiso y decisión de  seguirla.

La dieta (entendida como aquello que el ser humano ingiere en cada comida) debe ser práctica, y más aún si pensamos en la pérdida de peso, además ha de ajustarse a nuestro estilo de vida y a nuestras posibilidades tanto de tiempo como otras.

Frambuesas y obesidad

frambuesasSon muchas las personas que cuando llega la época estival, y con ella el buen tiempo que nos invita a ir a la playa o a lucir ropas más livianas, sienten la necesidad de rebajar algunos de los kilos que han podido acumularse, sobre todo, debido a un excesos de ingestión alimentaria que suele producirse durante los meses más fríos. Pero hay personas que sin saber muy bien por qué, acumulan más grasas de la que debieran, a pesar de no haber realizado grandes transgresiones dietéticas. ¿A qué se debe eso? Hoy día sabemos que las células adiposas segregan una substancia, la adiponectina, que juega un importante papel en la regulación del metabolismo de la glucosa, también en el de las grasas y que posee, además, una importante acción antiinflamatoria. Cuando sus niveles son bajos, y esto puede estar determinado genéticamente, se produce un mayor acúmulo de grasa en el organismo, así como una mayor tendencia a la diabetes y a los problemas cardiovasculares. Por tanto, si la adiponectina está baja se acumula más grasa y si está en niveles normales, no. La naturaleza nos ofrece una fruta, las frambuesas que, cuando están maduras son ricas en un compuesto fenólico, las cetonas de frambuesa, también llamadas substancia RK, por sus siglas en inglés (Raspberry Ketones), las cuales son responsables del aroma de dicha fruta y son utilizadas tanto en cosmética como en la industria alimentaria en forma de aditivo. Según parece las RK aumentarían la oxidación de los ácidos grasos y también los niveles de adiponectina, con lo que disminuiría el acúmulo de grasas en el organismo. Las RK se les ha llegado a considerar, pues, como un potente quema grasas. Aunque está considerada como un medicamento seguro por la FDA, no debemos olvidar que las RK también aumentan los niveles de norepinefrina, substancia esta que podría producir palpitaciones y taquicardias, sobre todo en pacientes tratados con algunos psicofármacos. A pesar de todo, lo atractivo del producto he de avisar que, aunque las campañas de marketing y publicidad nos bombardeen con informaciones muy atractivas, no debemos olvidar que en el tema del adelgazamiento no existe ningún producto milagroso que sustituya al sentido común y a una dieta apropiada junto con el ejercicio físico aeróbico de intensidad moderada.