Sobre la perseverancia

perseveranciaTodos anhelamos encontrarnos bien y ser felices. Para ello emprendemos el camino del desarrollo humano, pero hemos de tener presente que este viaje será largo, ya que dicha tarea  puede durar toda la vida.

Durante todo ese tiempo, es posible que aparezcan momentos de bajón, momentos en los que nos sentimos cansados, desfallecidos, a punto de abandonar o que perdemos la visión de nuestras metas.

En otras ocasiones aparecerá la impaciencia, la cual se caracteriza por hacer estragos en nuestra motivación, fomentando la creencia de que debemos obtener rápidamente aquello que deseamos, y si no es así nos sentimos frustrados o incluso desesperados.

En estos momentos difíciles y de dudas, es donde necesitamos que surja una capacidad de nuestra consciencia para mantenernos en el camino correcto, a pesar de las dificultades que podamos encontrar. La llamamos perseverancia.

Se dice que ella, la perseverancia, es la madre de todos los frutos, porque cualquier talento que poseamos, si carecemos de dicha virtud, difícilmente llegará a desarrollarse.

Pero recordemos su significado, perseverar es “la constancia, firmeza o tesón, en la realización de algo”. Significa, pues, la capacidad para perseguir nuestros objetivos con empeño y sin desfallecer.

Se encuentra relacionada con el espíritu de lucha y con  la capacidad de superación. Muchas biografías exitosas han sido fruto de la combinación del talento con la perseverancia. Recordemos que Thomas Edison necesito probar miles de sustancias antes de encontrar la más adecuada para el filamento de la bombilla. Fue él quien afirmó que «el genio es un 99% transpiración y un 1% inspiración”. Por otro lado, el que llegó a ser uno de los presidentes más famosos de Estados Unidos, Abraham Lincoln,  perdió seis elecciones y fracasó en dos negocios antes de llegar a ocupar la presidencia de la nación.

Pero ser perseverantes, sin más, puede ser peligroso porque podemos encontrarnos con una dificultad que debemos solventar, la de saber diferenciar cuándo perseverar y cuándo no. Para ello necesitaremos discriminar nítidamente entre la sana perseverancia y la limitante obstinación que nos crea tantos problemas.

Desde el punto de vista sofrodynámico, para ser buenos “perseveradores”, además de la consciencia discriminativa que nos alerta sobre la insana obstinación, hemos de tener en cuenta que necesitamos estar bien enraizados, es decir, “nutrir” aquello que nos mantiene en la acción.

También es importante estar bien alineados, lo que significa dar sentido a lo que hacemos, porque somos mejores perseverantes cuando elegimos nuestra meta voluntariamente, la consideramos importante, disfrutamos en el camino y encontramos el modo de hacer atractiva e interesante nuestra tarea.

Para esto último, resulta especialmente importante el centramiento, es decir, que nuestra acción se encuentre conectada con nuestro Centro Vital, con aquello que consideramos esencial en nuestra vida.

Para finalizar, recuerda que hay “buenos iniciadores” y “buenos mantenedores”. Lo realmente interesante es disponer de estas dos habilidades a la vez, pero no siempre es posible. Los primeros son personas capaces de poner en marcha cualquier proyecto, pero al poco tiempo, cuando su entusiasmo decae, dejan de interesarse por él y cambian a otra cosa. Los segundos, son quienes suelen conseguir sus logros, ya que son aquellos que perseveran y son capaces de mantenerse en la acción a lo largo del tiempo y superando los obstáculos.

Por tanto, saber comenzar algo es importante, pero saber como mantenerlo a lo largo del tiempo es lo que nos conducirá al éxito deseado.

 

 

Éxito y fracaso

Exito y fracaso¿Cuántas veces las cosas no salen tal como esperamos? ¿En cuántas ocasiones los resultados son menores que el esfuerzo que hemos invertido en ello?

Decimos que hemos fracasado cuando lo que sucede no se corresponde con nuestras expectativas o, simplemente, cuando no conseguimos lo que nos habíamos planteado previamente.

Hay personas que viven esta experiencia de un modo limitante y sienten disminuida su autoestima. Otros, en cambio, lo experimentan de forma potenciadora como algo que sucede en sus vidas y que, por tanto, también forma parte de su proceso de aprendizaje.

¿Qué es lo que marca la diferencia para que un mismo acontecimiento pueda verse de  formas tan distintas?

Se dice que fracasar es no tener éxito. Y eso, en general, no nos gusta.

En el caso de las personas perfeccionistas, esta sensación de fracaso es algo que suelen llevar bastante mal. Su error consiste en intentar eliminar el fracaso en sus vidas, pensando que pueden controlar todos los factores para ser exitosos, pero no se dan cuenta de que eso no es posible.

Fracasar no tiene por qué ser agradable, pero podemos hacer que sea provechoso, si lo transformamos en una experiencia útil ligada a nuestro proceso de aprendizaje.

Por tanto, aprender a “fracasar apropiadamente”, puede ser una de las mejores estrategias que deberíamos tener disponible en nuestro menú de recursos.

Eso quiere decir que la experiencia a la que llamamos fracaso tal vez no sea tan negativa como algunos pudieran creer en un primer momento, porque fracasar en algo nos permite aprender y adquirir importantes experiencias vitales que podrán ser utilizadas más adelante, siempre que se encuadre en un modelo funcional de aprendizaje.

Hubo una frase que se me quedó grabada en una de las películas que vi de pequeño, “Cualquier fracaso también tiene su gloria. Si te equivocas, aprovéchate” (De la película Chyti Chyti Bang Bang)

Sin embargo, en nuestra sociedad suele existir un innegable miedo al fracaso, porque la mayoría de las personas se enfocan sólo en los logros, en lugar de atender también a lo que van aprendiendo durante cualquier proceso vital. Esto se debe a que vivimos en un ambiente demasiado polarizado en la consecución de metas y de notoriedad, lo cual nos condiciona fuertemente, ya que se generan sentimientos de desvalorización o de falta autoestima cuando no se consigue lo que nos habíamos propuesto.

En nuestra cultura, existe una tendencia a valorar a las personas en función de los “logros” que obtiene, cosa que tiene su lógica, pero que se puede convertir en una limitación si no se hace de forma adecuada. Porque hay personas que llegan a ser exitosos por aquello que aprenden durante el camino y no por el resultado que obtienen a final de él.

La vida nos deparará muchas situaciones en las que queremos una cosa y sucede otra. ¿Cómo estar preparados para el fracaso y para lo inesperado? ¿Cómo estar preparados para el cambio?

En general vivimos condicionados por una sociedad que propone un éxito fácil y rápido. Los jóvenes, y los no tan jóvenes, se encuentran seducidos por una propaganda que les induce a creer que todo se puede conseguir de una manera rápida y sin demasiado esfuerzo. En general, esto es falso y, además, perjudicial, porque en la vida cuenta más el esfuerzo y la constancia que otras muchas cosas.

Pero en algunos aspectos dicha tendencia parece que va cambiando. Hoy día hay empresas que valoran mucho a quienes han sido capaces de alcanzar el éxito después de haberse sobrepuesto a algunos fracasos previos. Expertos en aprendizaje han llegado a a conclusión que es el esfuerzo más que el talento lo que permite ser exitoso a largo plazo.

¿Pero qué es el éxito?

Según decía Winston Churchil, “éxito es ser capaz de ir de fracaso en fracaso sin desesperar”. 

Muy ilustrativa, también, me pareció en su día la definición que ofrecía sobre el éxito el que fue mítico entrenador de baloncesto de la universidad de UCLA, Jonh Wooden, “el éxito es la paz de la mente que es el resultado directo de la auto-satisfacción de saber que usted hizo todo el esfuerzo que pudo para conseguir lo mejor de lo que eres capaz”.

Eric Berne (el padre del Análisis Transacional), aporta también su punto de vista al respecto. Decía que “un triunfador no es al que todo le sale bien, sino quien sabe qué hacer cuando fracasa” ¿Qué te dice esta frase?

Según parece, éxito, es algo distinto de conseguir una meta. Tiene mucho más que ver en cómo gestionamos nuestros desenlaces y de qué modo conseguimos seguir aprendiendo y desarrollándonos.

El éxito o el fracaso dependen en gran medida de nuestra percepción, ya que cada uno de nosotros interpretamos la realidad según nuestro modelo.

En muchas ocasiones la línea que separa a éxito de fracaso no está tan clara. Hace unos días leía el relato de una cantante que refería “haber perdido el control de su vida”, y eso sucedió debido al enorme éxito que tuvo. Fue el éxito lo que le llevó a tener que retirarse durante siete años.

El éxito es algo que todos deseamos, pero que no se encuentra exento de numerosos peligros. También hay que aprender a gestionarlo.

Hoy día, muchas corrientes psicológicas insisten en que es necesario enseñar a los jóvenes a experimentar y gestionar el fracaso, ya que uno de los problemas de muchas personas en la actualidad es la poca capacidad para hacer frente a las frustraciones.

Nuestra biografía puede contener muchas fuentes de información acerca de cómo hemos gestionado nuestros fracasos en el pasado, y sobre las conductas que han sido más eficaces.

La palabra fracaso se encuentra cargada de muchas connotaciones negativas. Cuando una pareja se separa, se dice que el matrimonio ha fracasado. Si un negocio se cierra, se dice que el negocio ha fracasado, etc. Y todo ello se suele expresar con matices limitantes. Pero, ¿es mejor mantener lo que no funciona bien o mejor intentar cambiarlo?

Por otro lado, hay personas que sienten la sensación de fracaso porque tienen la pretensión de que las cosas que intentan le salgan a la primera.

Que las cosas salgan a la primera es posible, pero no es frecuente. Lo normal es que cuando queremos aprender algo nuevo, necesitemos realizar varios intentos para que salga aceptablemente bien. Es la repetición, la práctica y el entrenamiento lo que permite alcanzar la excelencia en una tarea.

La historia nos enseña que, con frecuencia, el éxito ha llegado después de múltiples intentos. Dichos intentos fallidos no son fracasos en sí, siempre que los gestionemos de modo apropiado.

Es el miedo al fracaso lo que impide a muchas personas que intenten algo de nuevo, quedándose con la sensación de que no pueden. Hemos de aprender a permitirnos la posibilidad de no acertar a la primera y desarrollar el coraje para intentar las veces que sena necesarias aquellas cosas por las que creemos merece la pena el esfuerzo.

Pero no quiero decir que no existan ciertos fracasos, porque desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, sí que existen los fracasos en términos de desarrollo humano.

¿A qué me refiero?

Entendemos que fracasan aquellos que no lo intentan, quienes ante cualquier pequeño obstáculo prefieren “el sueño de la oruga” en su crisálida, en lugar del vuelo, incierto pero libre, de la mariposa.

También hablamos de fracaso cuando por el miedo a fallar abandonas tus sueños y tus metas, o cuando dejas pasar la vida sin llegar a desarrollar todo tu potencial.

Estos son los fracasos a los que deberíamos temer, ya que, como dirían los budistas, nos hacen desperdiciar el ”precioso renacimiento humano”.

Sin embargo, no deberíamos tener miedo a no estar a la altura porque otros hacen las cosas mejor. Ni tampoco a que las cosas sucedan de un modo distinto al que nos gustaría. Ni a tener que intentarlo más de una vez. No deberíamos tener miedo a luchar por aquello que merece la pena, pues todo lo valioso tiene un coste.

Las cosas son como son, pero somos nosotros quienes las transformamos en un fracasos o en una oportunidad para crecer, y a esto último bien que podríamos denominarlo como éxito.

El éxito, pues, desde el punto de vista sofrodynámico consiste no en sólo en obtener resultados, sino en aprovechar cada momento de la vida para seguir creciendo y avanzando como seres humanos.

 

Las claves del éxito en Sofrodynamia®

claves del éxitoCINCO CONSEJOS PARA TENER ÉXITO ENTRENANDO EN SOFRODYNAMIA® 

1.-  LA PRÁCTICA ES LA CLAVE DEL ÉXITO. Algunas personas que poseen un bajo nivel de competencia respecto a ciertas capacidades de la mente (atención, concentración, visualización, etc.), sin embargo tratan de aplicarlas en su vida cuando se encuentran  sufriendo algunos momentos difíciles. Eso no funciona. Si no eres suficientemente hábil difícilmente serás exitoso. 

Para poder aplicar en la vida diaria un nuevo elemento de control, es conveniente haberlo practicado con anterioridad el tiempo preciso, de tal manera que adquiramos un adecuado nivel de destreza respecto al mismo. Obviamente, como puede imaginare, eso está condenado al fracaso. Si uno no sabe andar, es bastante improbable que pueda correr con cierta eficiencia y mucho menos si se trata de una carrera de vallas.

Hay quienes siguen creyendo erróneamente que hablar, leer o pensar acerca de cosas como la mente o la relajación, es equivalente a controlarla o a relajarse. Esto es un error burdo pero que suele cometerse con frecuencia.

Así que, resumiendo, el primer consejo sería: 

En los momentos difíciles de tu vida no trates de aplicar aquellas destrezas en las que no hayas adquirido una competencia adecuada. 

Así que si quieres conseguir un objetivo determinado habrás de prepararte previamente para conseguirlo

2.- LO REAL SUELE FUNCIONAR MEJOR QUE LO IDEAL. Hay un refrán que dice que “lo mejor suele ser enemigo de lo bueno”. Así que cuando vayas a diseñar tu “Plan de Entrenamiento” procura hacerlo de una forma realista. No planifiques pensando en lo ideal, sino más bien en lo que de una forma auténtica eres capaz de hacer. 

Es mejor comenzar con entrenamientos breves y constantes que querer entrenar demasiado y desanimarse al poco tiempo

3.- ENTRENA CON CONFIANZA Y SEGURIDAD. Las técnicas que se enseñan no son peligrosas y pueden ser entrenadas por cualquier persona siempre que reciba las instrucciones apropiadas. El método es lo suficientemente abierto como para que puedas seguirlo sin dificultad, sean cuales sean tus circunstancias personales. La única excusa para no entrenar es no querer hacerlo.

Si es que has decidido entrenar hazlo con seguridad y confianza y trata de evitar el miedo de no saber hacerlo o de que no te salga bien los ejercicios.

Recuerda que somos alumnos en un proceso continuo de cambio y desarrollo, así que tenemos la posibilidad de equivocarnos y de aprender de esos errores

4.- TENEMOS UN TIEMPO LIMITADO Y ES IMPORTANTE APROVECHARLO. Es mejor entrenar todos los días el tiempo que sea posible, que no entrenar a diario y dedicar varias horas el sábado o el domingo. Aunque esto último es siempre mejor que nada.

 Entrenar una vez al día es bueno, dos veces es mejor, pero convertir cada momento de nuestra vida en una oportunidad para crecer, eso si que es extraordinario 

5.- LA CONSTANCIA ES LA MADRE DE TODOS LOS FRUTOS. Recuerda que es a través de la constancia y la disciplina que adquiriremos las destrezas apropiadas para transformar nuestras vida. Somos responsables de plantar semillas de felicidad o de sufrimiento. Pero además, somos también responsables de cuidar y desarrollar todas aquellas cosas valiosas que nos han sido dadas.

En lo que se refiere al crecimiento y desarrollo humano no se recogerán aquellos frutos cuyas semillas no hayan sido sembradas y posteriormente cuidadas para que se manifiesten

 

Éxito

JOHN WOODENJohn Wooden fue entrenador del equipo de baloncesto de UCLA. En 1930 acuñó su propia definición de éxito, concepto que trataba de inculcar a sus jugadores y que no tenía nada que ver con los resultados, sino con el esfuerzo por hacer todo lo posible por desarrollar tu potencial. Su definición sobre el éxito dice así: «Es la paz interior alcanzada sólo a través de la autosatisfacción de saber que hiciste el esfuerzo de hacer lo mejor de lo que eres capaz».

Según Wooden, cualquier buen resultado no debería ser más que la consecuencia de lo anterior. Éxito, pues, no es el resultado sino la satisfacción de haber hecho todo lo que honestamente somos capaces de hacer.