Emociones positivas y salud

emociones positivas
El cultivo de las emociones positivas es un herramienta eficaz para promover la salud

Existe la creencia común de que las emociones son procesos mentales que afectan sólo al modo en el que nos percibimos. Nada más alejado de la realidad. La emociones no sólo afectan a la mente, sino que también afectan directamente a nuestra corporalidad modificándola de una u otra manera. Podría decirse que las emociones “se hacen carne”.

Y esto sucede tanto para las emociones negativas o perturbadoras como a aquellas otras que llamamos positivas. Cada día existen más estudios al respecto.

Llamamos emociones positivas a aquellas que nos hacen sentir bien y desarrollan nuestro potencial, como por ejemplo el gozo, la alegría o el sentimiento de admiración, entre otras.Seguir leyendo

Los autocuidados en Sofrodynamia®

El autocuidado en sofrodynamiaNo cabe duda que las personas que se cuidan física, mental y espiritualmente viven mejor y más felices que quienes no lo hacen, pero habría que señalar que es diferente asumir el protagonismo de proporcionarse dichos cuidados de esperar que otros lo hagan por ti.

El proceso de maduración humana lleva consigo la exigencia de aprender a satisfacer nuestras necesidades, físicas, emocionales, afectivas, etc., así como también la habilidad necesaria para saber aplicarnos los autocuidados necesarios.

Entendemos como autocuidado todas aquellas actividades o conductas que los individuos realizan para el mantenimiento de su propia salud y bienestar.

Aunque sea algo que hacemos para nosotros mismos es conveniente recordar que, de forma indirecta, también tendrá repercusiones beneficiosas sobre los demás.

En el caso particular de las personas que, por trabajo o por circunstancias familiares, cuidan de otros, se hace especialmente necesario que aprendan a cuidar de ellos mismos, ya que se ha demostrado que el “contagio emocional”  que surge en estas relaciones fruto de la interacción entre el cuidador y la persona receptora de los cuidados, da lugar a repercusiones desfavorables para la salud del cuidador.

Para avanzar en el aprendizaje del autocuidado desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, proponemos adquirir una serie de conocimientos sobre nuestro mundo interior, así como alcanzar el dominio de ciertas herramientas prácticas, como por ejemplo:

1) Adquirir un modelo mental más saludable

2) Mejorar y armonizar la consciencia de la corporalidad, para detectar signos precoces de afectación y aplicar estrategias correctoras

3) Disponer de un correcto patrón respiratorio que nos sirve, entre otras muchas cosas, para amortiguar las consecuencias del estrés y serenar la mente

4) aprender a comer bien, a dormir bien, a tener paz interior y a sonreír.

5) Una ineludible porción de sentido común

¿Quién cuida al cuidador?

quien cuida al cuidadorCualquier trabajo que realicemos puede llevarnos a un tipo de cansancio que podríamos asumir como normal, pero en el caso de las personas que se dedican a tareas en las que se establece una relación terapéutica o una relación de ayuda hacia otros, la sobrecarga emocional que se recibe es mucho mayor de lo habitual, porque en dicho ámbito nos encontramos sometidos al continuo influjo de las emociones, tanto personales como ajenas, que habremos de tener en cuenta si queremos mantenernos saludablemente.

Hace mucho tiempo que sabemos que aquellas personas que se dedican a cuidar de otras, bien profesional o familiarmente, sufren un excesivo desgaste mental y corporal, habiéndose constatado que existe un mayor riesgo de padecer la llamada “fatiga por compasión”.

Ultimamente se han publicado interesantes estudios acerca de los efectos físicos y psicológicos que aparecen en dichos cuidadores, así como una serie de estrategias  eficaces para su detección y su tratamiento.

Sería, pues, interesante plantearse una curiosa pregunta, ¿quién cuida al cuidador?

Sabemos que el contagio emocional puede ser uno de los precursores del llamado “Síndrome Burnout”, o lo que es lo mismo, sentirse “quemados en el trabajo”, lo que nos lleva a padecer todas las secuelas propias de un cuadro de estrés crónico. No debemos olvidar que, en cierto sentido, las emociones son tan contagiosas como los virus.

En el caso de las personas que tienen bajo su responsabilidad el cuidado de otros, se ven sometidos a un intercambio emocional que puede llevarles a pagar un alto precio, si no ponen remedio. En estos casos se produce una especie de “empatía inconsciente”, mediante la cual, sin que nos demos cuenta, absorbemos las tensiones emocionales de otras personas.

Pero además del nivel puramente emocional, también se ha constatado que podemos vernos influenciados por la llamada “empatía somática”, responsable de que aparezcan en el cuerpo diversas dolencias, como si fuese una especie de “contagio” de los síntomas de otra persona.

El hecho de que nos guste nuestro trabajo no significa que no estemos asumiendo un cierto riesgo. Según describen distintos autores especializados en el tema, como por ejemplo Rothschild, con frecuencia las consecuencias negativas del trabajo terapéutico son inconscientes, y podría ser denominada como “fatiga por compasión” o “trauma vicario”.

Por eso, si estamos atentos, en nuestra relación de terapia podemos observar  en nosotros mismos una serie de cambios corporales, respiratorios, pensamientos espontáneos, recuerdos, imágenes mentales, etc. durante la interacción con otras personas.

Hace tiempo que se describió en psicoterapia el “fenómeno de contratransferencia”, definido por Freud como “el influjo que el paciente ejerce sobre el terapeuta acerca de su sentir inconsciente”.

Hoy día, el descubrimiento y posterior estudio de las “neuronas en espejo” explica algunos aspectos de este fenómeno.

Los nuevos descubrimientos de las neurociencias nos dicen que cada emoción se encuentra vinculada a un patrón muscular o gestual propio de cada persona. Se ha demostrado que las emociones pueden ser creadas desde la vía somática mediante la reproducción de contracciones musculares asociadas a dicha emoción.

De manera no consciente tendemos a imitar gestos, posturas, patrones musculares, sentimientos, los cuales se asocian a activaciones del SNV que serán las responsables de los trastornos por estrés.

Para salir indemnes de estos fenómenos, la mayor parte de las veces no consciente, necesitamos identificarlos con la mayor nitidez posible.

¿Pero cómo hacer esto si, como antes se mencionó, suelen ser procesos inconscientes?

Pues bien, es aquí donde entra en juego nuestras capacidades personales para saber reconocer y saber discriminar los cambios sutiles que se producen en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

Para ello, la toma de consciencia del patrón respiratorio y de nuestro patrón muscular, según se enseña en Sofrodynamia®, resultan especialmente importantes, sobre todo a la hora de identificar los pequeños cambios que indican una modificación de nuestro fondo emocional.

Existen ciertos investigadores (Forester-2001) que demuestran que lo que hemos descrito anteriormente, es decir, la toma de consciencia corporal, es la clave fundamental para poder evitar el “trauma vicario”.

Una vez nos damos cuenta de que se dan ciertos cambios corporales, respiratorios, etc., necesitamos aplicar el “sentido común” y los principios del autocuidado de una manera temprana, ya que esperar hasta padecer una crisis para iniciar un tratamiento, dificultaría mucho la recuperación.

Entendemos como autocuidado aquellas actividades o conductas que los individuos realizan para el mantenimiento de su propia salud y bienestar. Es algo que la persona ha de hacer para sí misma, aunque de forma indirecta también tendrá repercusiones sobre los demás.

Por tanto, para cuidar al cuidador, podemos hacer lo siguiente.

Lo primero es asumir que cada uno de nosotros somos los auténticos responsables de nuestra propia salud. Es importante, por tanto, aceptar el hecho de que somos  nosotros quienes hemos de ser nuestros principales “cuidadores”.

Para ayudar a las personas que quieren practicar el autocuidado, desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, necesitamos una serie de conocimientos pero, sobre todo,  necesitamos ser capaces de dominar varias herramientas prácticas:

1) Desarrollar los principios del autocuidado, mediante la implantación de un modelo mental saludable.

2) La mejora de la toma de consciencia de la corporalidad y su correspondiente armonización.

3) La práctica de un correcto patrón respiratorio.

4) El manejo de las estrategias de gestión del estrés

Aprender a cuidarse mejor es, pues, uno de los objetivos fundamentales de nuestro adiestramiento sofrodynámico, el cual ha demostrado una importante capacidad para mejorar la salud física y emocional de quienes lo practican.

Tres consejos para desarrollar el potencial

res consejos para desarrollar el potencialSeguro que muchas personas, cuando hayan leído el título habrán pensado: “¿sólo tres consejos? ¡Vaya!, los decálogos están de moda. Sería mucho mejor que nos dieran diez consejos, o tal vez doce… ¡por qué no!”

Pues la verdad es que podían ser muchos más, porque el tema de desarrollar nuestro potencial es tan amplio que, puestos a dar consejos, el número tres nos parecerá escaso.

En mi defensa diré que los tres que voy a dar son tan sumamente importantes que, si los sigues,  los demás vendrán por añadidura.

Ahí va el primero.

 

1.- Descubre tu pasión y síguela.

Pocas cosas hay tan importante como guardar fidelidad a nuestro propio camino. Y somos fieles cuando seguimos aquello que amamos, aquello que nos hace únicos y diferentes, aquello donde podemos brillar y aportar al mundo nuestro granito de arena.

Y hacemos eso cuando descubrimos y seguimos nuestra pasión.

¿Que qué es una pasión? Pues si eres capaz de darte cuenta de cuales son tus cualidades, tus talentos y, además, descubre que cuando conectas con alguno de ellos disfrutas de manera especial, podría decirse que te estás aproximando mucho a tu pasión.

Nuestra pasión, por tanto, se parece a una suma de cualidad + disfrute.

Preguntarse que cómo sabrás que es tu pasión, tiene una respuesta tan obvia como si te preguntases “¿cómo sabré que no tengo hambre? o ¿de que modo sabré que estoy contento?

¡Lo sabes y punto!

 

2.- Fomenta aquellas cosas que sean inspiradoras.

Busca aquello que te inspira en la vida, aquello que te hace ser mejor y que te conecta con los aspectos más elevados de tu existencia.

Y, sobre todo, no olvides que tenemos el compromiso de tratar de servir de inspiración a otras personas.

Por tanto, cultivar todo aquello que nos inspira al tiempo que tratamos de ser inspirador para otros será una tarea especialmente importante que no deberíamos obviar.

 

3.- Cultiva la creatividad.

Seguro que ya hay muchas cosas que estás haciendo bien. Pero, ¿podrías hacerlas mejor?, o también ¿podría hacerlas igual de bien siguiendo otro camino?

Explorar nuevas rutas es la tarea del buscador. Transitar por nuestro propio camino suele ser más comprometido, creativo y arriesgado que hacerlo por donde todo el mundo.

Qué puedes equivocarte, ¡pues posiblemente!

Pero, recuerda que el camino de la creatividad está esperando a quien osa traspasar los límites habituales y confortables de lo ya conocido.

Nunca el temeroso llegó a ser creativo.

Y, tal vez, el mayor acto creativo sea redescubrirte a ti mismo en todo tu esplendor, para llegar a lucir tan brillante como puedas.

Ser creativo es atreverse a cantar tu propia canción.

 

Espero que después de leer estos tres puntos no te siga pareciendo que habría que haber puesto muchos más, porque en este trío se encierran parte de los grandes retos a los que deberíamos dar respuestas en nuestra vida.

Los vínculos afectivos externos

vinculos afectivos externosNingún ser humano en el momento de nacer es capaz de sobrevivir por sí mismo sin ayuda de los demás. Vamos creciendo y madurando gracias a que somos nutridos y cuidados por la familia y por el grupo social, tanto en la dimensión biológica como en la afectiva.

Aristóteles dijo que somos “animales racionales”, aunque según parece hoy día a tenor de las últimas investigaciones, somos seres más profundamente emocionales que otra cosa y, por tanto, necesitamos de la sana relación afectiva con otros seres para desarrollarnos con plenitud. Dicho de otro modo, necesitamos crear saludables vínculos afectivos.

Según la RAE, un vínculo es  una “unión o atadura de una persona o cosa con  otra”, y si nos referimos a los vínculos emocionales, podríamos decir que son los lazos afectivos que se establecen entre una persona y otro objeto, sea éste persona, animal o cosa.

No ha de extrañarnos esto último, porque es bien sabido que se puede establecer fuertes vínculos emocionales con una mascota o con un objeto cargado simbólicamente de un significado especial, como por ejemplo un reloj de nuestro padre o una carta de una persona querida.

A pesar de lo anterior, los vínculos que más nos interesa destacar, debido a su importancia en el campo de la salud, ya que pueden llegar a ser altamente curativos, son los que se establecen entre unas personas y otras.

Definimos, pues, un Vínculo Afectivo Externo (VAE) como la relación emocional que se establece entre diferentes personas o grupos, más allá de los lazos familiares.

Según sabemos hoy día que un VAE es un elemento fundamental que permite incrementar las actitudes resilientes. Para que dicho VAE nos proporcione ayuda y soporte en los momentos difíciles ha de ser suficientemente significativo. No vale cualquier vínculo.

En general, se dice que un vínculo puede ser potenciador, neutro o limitante. Un VAE es limitante cuando dificulta o impide nuestro desarrollo. Neutro, si es una relación prescindible que no interfiere en nada en ninguno de los sentidos. Pero los VAE realmente interesante son los potenciadores, es decir, aquellos que nos ayudan a crecer y a desarrollarnos, como por ejemplo, los que se establecen entre los miembros de los “grupos nutricios”, o las redes de apoyo comunitario, o la relación entre maestro-discípulo, entre otros.

Un VAE puede ser también individual o grupal, según se establezca con una sola persona o con un grupo, y nos provee de una persona o un grupo a los que acudir en los momentos de dificultad.

Hoy día sabemos que poder contar con personas significativas fuera de la familia favorece la manifestación de comportamientos resilientes cuando en la propia familia se viven circunstancias adversas.

La importancia de estos vínculos radica en el afecto que genera entre los miembros, lo cual es la base de una estabilidad emocional, de una sana autoestima y genera un importante número de beneficios que surgen a partir de sentirse protegidos, comprendidos y aceptados.

Es importante, pues, promover los VAE, es decir, las sanas relaciones afectivas más allá del ámbito familiar, tanto individual como grupalmente, de ahí la importancia de contar con los llamados “grupos nutricios” (ver post al respecto), así como de cualquier soporte individual o grupal que nos haga crecer como seres humanos.

 

 

Importancia de la disciplina

disciplinaHay veces que hemos de realizar alguna tarea pero parece como si nuestra mente nos dijese lo contrario. Nos susurra sutilmente que no nos apetece demasiado hacer lo que sea en ese momento, y entonces buscamos alguna excusa lo suficientemente buena como para demorarlo o no hacerlo.

Las excusas son razonamientos cuya finalidad consiste en aquietar nuestra consciencia, por eso han de ser lo suficientemente plausibles como para que nosotros mismos nos las lleguemos a creer. Esto es bastante frecuente, y para muchas personas incluso les parece normal. Se dicen a sí mismos “¿por qué hacer algo que no me apetece?”

Pero para aquellos que hayan elegido realizar un trabajo personal en el sentido del desarrollo humano, este modelo no resulta válido. No funciona, porque evitar hacer lo que debemos o demorarlo, no suele ser una buena solución. Tampoco nos ayuda a alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto.

Entonces, qué hacer cuando el cansancio, la pereza o cualquier otro estado emocional o mental nos invitan a no hacer lo que deberíamos.

Pues para solucionar esto echamos mano de la disciplina.

En ciertos círculos parece como que no tiene demasiada buena fama, tal vez porque lo confundan con autoritarismo o con la disciplina externa de ciertas organizaciones o sectas. Además, en una sociedad donde se preconiza “lo rápido, “lo fácil”, “hágalo sin esfuerzo”, etc. ¿qué valor tendría ser disciplinado?

Hay que aclarar que cuando hablamos de desarrollo personal, la disciplina a la que hacemos referencia es una disciplina interna, y la podríamos definir como aquella capacidad que nos permite mantener la coherencia necesaria para cumplir con nuestras propias reglas, según nuestras propias elecciones y convicciones.

Por tanto, más que a unas normas externas me estoy refiriendo a la autodisciplina como capacidad de nuestra consciencia para gestionar mejor nuestros actos. Tener autodisciplina es como hacerse “discípulo de uno mismo”. Tú eliges qué cumplir y generas el compromiso de hacerlo.

También podríamos decir que disciplina es la capacidad que nos permite llevar a cabo aquellas cosas que son necesarias para obtener nuestras metas, aunque no nos guste demasiado el esfuerzo que hemos de realizar.

Por tanto, la disciplina, hace posible realizar una acción independientemente de nuestro estado emocional (hacer lo que tienes que hacer, tanto si te apetece como si no). Es una herramienta que nos ayuda a superar los estados emocionales de apatía, indiferencia, tristeza, hastío, etc. Nos saca de la inmovilidad, la pasividad o el bloqueo mental. Por tanto, es bastante más importante de lo que muchos piensan.

Algunas personas la confunden con la fuerza de voluntad, y la verdad es que se encuentran íntimamente relacionadas. Pero para diferenciarlas, podría decirse que, si bien la disciplina nos permite cumplir con nuestras normas internas, la voluntad aporta la fuerza que nos posibilita hacerlo. Dicho con un ejemplo, la voluntad es comparable al motor de un coche, mientras que la disciplina es como el volante. Una da la energía para el movimiento, la otra la dirección.

Desde el punto de vista sofrodynámico, cuando aplicamos la disciplina, debemos considerarlo como un esfuerzo positivo orientado hacia nuestras metas, en lugar de una negación o una renuncia a algo.

También entendemos que está muy relacionada con la firmeza, es decir con la capacidad para mantenerse estables realizando un acto para conseguir un propósito.

Cuando la recompensa es inmediata no suele hacer falta ser muy disciplinados, pero cuando la recompensa es diferida necesitaremos echar mano a nuestra autodisciplina para conseguir lo que nos proponemos.

Como otras tantas capacidades de nuestra consciencia, la disciplina, puede incrementarse mediante el entrenamiento. En cierta medida se parece a un músculo que si no se ejercita se atrofia y si se entrena se fortalece.

Desarrollar la disciplina posee múltiples ventajas, ya que es una de las herramientas claves para alcanzar el éxito. También nos enseña a atender a nuestros compromisos y a focalizar el esfuerzo.

Pero la disciplina ha de encontrarse alejada de la excesiva exigencia o del autocastigo. Es un error exigirse demasiado cuando no se está preparado para ello. Eso sólo genera infelicidad y frustración. Por eso, además de ser disciplinados, hemos de echar mano a nuestro corazón benevolente para tratarnos a nosotros mismos con la amabilidad y el respeto que merecemos.

Por tanto, recuerda siempre que ser disciplinados no está reñido con la ternura ni con la amabilidad hacia tu propia persona.

Consejos para la curación

consejos para la curaciónHace más de treinta años que me dedico al campo de la salud y la curación. Desde mi punto de vista, salud y desarrollo humano son dos aspectos no diferenciables, ya que lo digno de sanar no es sólo el cuerpo físico, que lo es, sino sobre todo el Ser Humano completo, es decir, Cuerpo, Psique y Espacio Interior.

A lo largo de todo este tiempo he ido matizando y puliendo mi comprensión acerca del binomio salud-enfermedad, y al ser éste un proceso dinámico, no descarto que nuevas comprensiones puedan seguir emergiendo en un futuro.

De momento, me gustaría enumerar a modo de consejos para la salud, algunos de los aspectos que he experimentado y constatado. Son consejos que funcionan y sobre los que he venido trabajando a lo largo de estos años.

Espero que puedan ser de utilidad para algunos de los lectores.

Así que, si estás dispuesto a participar activamente en tu proceso de curación, deberías tener en cuenta los siguientes aspectos:

 

  • Aprende a escuchar los mensajes de tu cuerpo. La sabiduría corporal nos orienta sobre aquello que hemos de atender y aquello otro que hemos de modificar.
  • Trata de conocerte, aceptarte, respetarte y amarte. Estos cuatro aspectos son la base de una sana autoestima y del proceso de curación.
  • Permítete respirar libre y fluidamente, como si todo tú fueses respiración, porque tu respiración sabe lo que tiene que hacer.
  • Procura equilibrar tus ritmos, sobre todo la vigilia y el sueño.
  • Hazte amigo de tu parte no consciente. No está ahí para fastidiarte sino para que te descubras en todo tu esplendor.
  • Ante los acontecimientos dolorosos sitúate en la “Postura del Observador”. Crea distancia entre quien observa y el objeto observado, porque sólo así podrás gestionar la situación sin quedar prisionero de las emociones perturbadoras.
  • Recuerda que tu enfermedad también es parte de ti, por tanto, no te enfades con ella porque es como enfadarse consigo mismo. Más bien, trata de comprender cuál es su enseñanza.
  • Enfoca tu energía hacia los procesos de cambio y aprendizaje, procurando sentirte “cómodo en la incomodidad” que supone todo cambio.
  • Aléjate de la culpa, al tiempo que te acercas a la autorresponsabilidad
  • Desarrolla tu autoestima a la vez que te permites aprender de los demás como si fuesen tus más valiosos maestros.
  • Trata de desarrollar el sentido de la gratuidad y del agradecimiento porque ellos te aportarán grandes beneficios.
  • Procura distanciarte del rencor y del resentimiento hacia los demás y hacia ti mismo y desarrolla para todos, tú incluido, el hábito del perdón.
  • Acostúmbrate a fomentar los estados creativos de tu mente así como los estados en los que te percibes pleno de recursos.

 

  • Introduce el sentido lúdico de la vida en todas tus actividades y procura practicar la “sonrisa interior”.
  • No te culpes cuando el error aparece, sino que intenta aprender a disfrutar de todo el aprendizaje que cada error aporta a cambio de que lo afrontemos desde un marco de aprendizaje.
  • Es necesario que aprendas a soltar el lastre de tu pasado. No es posible avanzar en la curación si caminamos con “exceso de equipaje”.
  • Ten siempre presente tus metas y aspiraciones más altas, porque estás llamado a expresar todo tu potencial.
  • Trata de conectar con la alegría que sustenta la vida y que se expresa a nuestro alrededor. Acompásate, pues, con la vida.
  • Cuida tu Mandala, ese Espacio Sagrado en el que se desenvuelve tu existenciaY finalmente recuerda, ¡eres el responsable de tu propia salud!

Celebrar para sanar

celebrar para sanar“Algunos confunden celebración con jolgorio, y no siempre ambos aspectos van parejos. Podríamos hablar, pues, de una celebración exterior que se expresa mediante actos festivos y lúdicos y de una celebración interior, más profunda y con repercusiones más importantes para nuestro bienestar.

Porque celebrar es importante, pero aprender a celebrar para sanar, lo es mucho más. Celebrar para sanar tiene que ver con conectar con la alegría, el goce, el disfrute, con perdonar y perdonarse, y todo ellos son elementos profundamente sanadores. 

Celebrando para sanar es el modo en el que nos libramos de nuestras limitaciones para conectar con las siete alegrías básicas, a saber: La alegría que sustenta la vida, la de la abundancia, la de la liberación, la del amor incondicional, la de nuestras inspiraciones creativas, la de percibirnos como seres sagrados y la de la autorrealización.

Y todo ello se produce en un tiempo y en un espacio, en el aquí y el ahora, lo cual nos libera de las culpas que arrastramos de nuestro pasado y de las ansiedades hacia nuestro futuro. Se dice que el tiempo más sagrado es el presente, y el espacio más sagrado somos nosotros mismos. Entender esto nos hace cambiar nuestra rutinaria visión de las cosas y nos permite trascender lo limitado de nuestra realidad cotidiana.

Cuando celebramos, despertamos al don de la gratitud y, cuando el agradecimiento surge del corazón, se torna en una poderosa herramienta de reconciliación y de sanación personal y grupal.

Me gustaría comentar un poco más algo sobre la Alegría de la Abundancia. Ella es la responsable de que disfrutemos de la vida y que nos sintamos satisfechos de lo que tenemos. Es lo que permite que vivamos en la abundancia, lo cual no significa exceso de  cosas sino reconocimiento de que tenemos suficiente. 

Si nos desconectamos de este placer, dejamos de disfrutar de la vida, porque conectamos con lo que nos falta y no con lo que hay. 

Cuando perdemos la noción de abundancia nos sentimos continuamente insatisfechos, como si nada fuese bastante y necesitásemos “más” de todo en cada momento. La perturbación de este nivel nos hace rígidos y manipuladores, en cambio, cuando funciona adecuadamente se produce una sanación de tipo emocional.

Para sanar nuestra actitud de insatisfacción en la vida habremos de abandonar los sacrificios y sufrimientos inútiles, evitando desempeñar el papel de mártir y abriéndonos a disfrutar de la alegría de sentir que disponemos de todo lo necesario para una vida mejor y para alcanzar la autorrealización”.(ANF)

Terapia integral

interacicón cuerpo-mente“Hace unos días me decía un paciente hipertenso, “a mí me sube la tensión cuando tengo problemas”. Ayer me decía un paciente diabético “he comprobado que el azúcar se me dispara cuando estoy nervioso”. Son solamente un par de ejemplos sacados de los muchos pacientes que describen cosas similares.

Hoy día nadie duda de la estrecha interrelación existente entre nuestros estados emocionales y los diferentes parámetros de salud biológica. Es decir, la mente y el cuerpo forman una realidad inseparable en la que mediante diversos mecanismos neurológicos, energéticos y hormonales se influyen mutuamente.

Pero esta obviedad, constatada actualmente por numerosos estudios científicos que la avalan, no se traduce luego a nivel práctico en la clínica diaria a través de prescripciones consecuentes a la hora de aplicar una terapéutica apropiada para estos casos.

Quiero decir que para la mayoría de los médicos, aunque conozcan y admitan esta interrelación cuerpo-consciencia, los conocimientos anteriores no se trasladarán a algo concreto, sino que, finalmente, acabarán recetando sólo unas pastillas para la tensión o unas pastillas para el azúcar, por ejemplo, sin tener en cuenta el modo en el que el aspecto emocional influye en estos parámetros.

A lo sumo, habrá alguno que prescribirá tranquilizantes, si es que observa que el paciente se encuentra especialmente nervioso o demasiado estresado. En pocos casos se le planteará la posibilidad de enfocar el tratamiento a un nivel más profundo, es decir, hacer algo que le ayude a disminuir el impacto que la somatización emocional produce en su cuerpo.

En caso de que se decidiera comenzar a tratar la dimensión emocional, para intentar mejorar las posibles somatizaciones, pocas cosas hay para ello más efectivas que aprender a gestionar dichas emociones de una forma apropiada. Pero ¿cómo hacerlo?

Lo primero que deberíamos tener claro es que se trata de un proceso de aprendizaje, y como tal requiere unas condiciones de tiempo, esfuerzo y disciplina por parte del alumno. Las recetas fáciles y rápidas no suelen ser efectivas. He de decir que me gustaría que lo fuesen, pero después de más treinta años de experiencia, he constatado que no funcionan las recetas mágicas, pero sin embargo sí son especialmente útiles aquellos aprendizajes que nos llevan a conocernos mejor y que incrementan el nivel de recursos y habilidades de  cada sujeto para hacer frente a la gestión adecuada de su mundo emocional.

Muchos pacientes ya lo han hecho, y con ello han conseguido regularizar sus parámetros biológicos, disminuir la dosis de su medicación convencional y, sobre todo, mejorar su calidad vida.

Sería deseable que el conocimiento que hoy día poseemos acerca del modo en el que el cuerpo y la mente se influyen mutuamente, diera lugar a una visión mucho más amplia, certera y ajustada a dicha realidad, a la hora de realizar las prescripciones para cada caso” (ANF)

Aprender de la célula

aprender de las células“En ocasiones he aprendido mucho atendiendo al funcionamiento fisiológico de esas estructuras básicas que conforman nuestro cuerpo, las células. Y digo que he aprendido, para referirme no sólo a lo biológico, sino también a otro tipo de enseñanzas que me han ayudado en la vida en otro nivel totalmente diferente del meramente material.

Desde mis tiempos de estudiante me ha maravillado, y me sigue maravillando, esa capacidad que tiene cada célula de escoger lo que necesita y eliminar lo que le sobra, en orden a mantener su propio equilibrio interno, la llamada homeostasis celular.

Es en cierto modo sorprendente la capacidad que posee su membrana para realizar esta función. La llamamos “permeabilidad selectiva” y parece guiada por una especie de inteligencia natural que permite mantener lo que necesita y eliminar lo tóxico o superfluo.

Así, cada célula, a través de su pared, deja pasar una cosas y otras no, de la misma forma que elimina lo que no quiere mientras mantiene lo necesario para su supervivencia. 

Obviamente, todo ello sucede cuando se trata de una célula saludable. Precisamente la perdida de esta capacidad hace que la célula enferme o muera.

Hasta aquí, no he dicho nada que la mayoría de las personas que tengan unos conocimientos básicos de biología no conozcan, pues he descrito un fenómeno  meramente fisiológico.

Pero demos un salto, apliquemos dicho principio vital, el de la “permeabilidad selectiva”, a otra dimensión del ser, como por ejemplo la esfera emocional.

¡Que bueno sería que todos tuviésemos la inteligencia que tiene una membrana celular!

Dejaríamos entrar lo que nos conviene al tiempo que rechazaríamos todas aquellas emociones negativas y perjudiciales que cada día rondan a nuestro alrededor. Además, conservaríamos lo bueno, lo positivo, mientras que nos desprenderíamos de lo inútil y de lo dañino.

Pero por desgracia, según parece, la mayoría de nosotros es menos hábil en estos asuntos de lo que lo es una simple membrana celular en los suyos. Parece mentira que una membrana tenga más inteligencia práctica que muchas de las personas que conozco, ya que ellas suelen hacer justo lo contrario, dejan entrar lo nocivo, son poco permeables a lo positivo y mantienen durante años las toxinas mentales que poco a poco le corroen  y le destruyen internamente.

Afortunadamente, cada día son las los enfoques psicológicos occidentales, ya que el Budismo lo planteó hace 2500 años, que enseñan a las personas a ser selectivos con lo que reciben, y se basan en un sencillo principio “si te ayuda lo tomas, si te daña lo dejas”.

Igualmente, modernos enfoques psicológicos nos dicen, suelta tus toxinas internas, no tienes la obligación de retenerlas por más tiempo, “mantén lo útil, elimina lo que no sirva”.

Pero por algún extraño motivo, nuestra mayor complejidad cerebral y nuestra mayor “inteligencia” no nos ha servido para ser más felices sino, en muchos casos, para liarnos un poco más y perdernos en bucles recursivos generados por preguntas y afirmaciones tales como: “por qué me pasa esto a mi”, “he de descubrir la causa”, “no he de olvidar lo que me han hecho”, “es que los demás no me dejan ser feliz”… y tantos y tantos pensamientos inútiles.

Hay algo que me parece de sentido común y por ello trato de practicarlo, me refiero a fijarme en como lo hacen las personas que funcionan bien en la vida, para aprender de ellos, al tiempo que también observo a aquellos “sufridores profesionales” para identificar y no caer en lo que ellos hacen. De todos podemos aprender, de unos en un sentido y de otros en otro.

Y yo, que soy tan simple mentalmente como una membrana celular, hace mucho tiempo que elegir ser selectivo emocionalmente: “si me ayuda entra, si me limita se queda fuera”. (ANF)