Abrazar sin brazos | Centro Medicina Integral
    • 23 SEP 15
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    Abrazar sin brazos

    Abrazar sin brazos

    abarzar con la mirada

    ¿Es posible abrazar con la mirada?

    Durante este último curso, en uno de los grupos de Sofrodynamia® en el que estábamos trabajando sobre el poder sanador del tacto y de la importancia de los abrazos, una persona habló de “abrazar con la mirada”. Al final de la sesión, todos habíamos entendido qué significaba eso.

    Para alguien ajeno al trabajo que realizábamos puede resultar extraña esta expresión, sobre todo si se toma literalmente, pero lo cierto es que en más de una ocasión habremos sentido la sensación de ser abrazados con una mirada.

    No con una mirada cualquiera. Me refiero a una mirada de ternura, acogedora y limpia. Una mirada en la que nos sentimos aceptados plenamente, sin máscaras ni corazas; una mirada en la que podemos reposar sin temor a recibir daño alguno como si, por fin, hubiésemos llegado ya a casa.

    También hay miradas que matan, todos lo sabemos. Miradas inquisitivas, o de desprecio, o aquellas que ya te han condenado sin juicio previo. De esas también las hay, pero tengo la costumbre de no aceptar ese regalo envenenado, sino dejarlo íntegramente en los ojos de la persona que la generó.

    ¿Y abrazar con la palabra?

    Hay palabras que apelan a la razón, y son buenas, pero las más relevantes para nosotros son aquellas otras que tocan el corazón, aquellas que pacifican el alma y sosiegan nuestras inquietudes.

    El abrazo pleno

    El abrazo pleno, cuerpo, palabra y mirada

    Que me dicen, pues, de esas palabras sanadoras que actúan como un bálsamo para nuestro espíritu; esas palabras que poseen la virtud de cicatrizar las heridas del alma de quien las escucha y de reconfortar el espíritu de aquellos que sufren.

    Esa palabra tierna y suave, sin esquinas; esa palabra amorosa de acogida ecuánime… esa también abraza.

    Y qué me dicen entonces del abrazo pleno, un abrazo en el que el cuerpo, la palabra y la mirada se conjugan simultáneamente para hacer del encuentro un todo, dando lugar al momento sublime en el que dos seres se abrazan con total plenitud dejando de ser dos para, milagrosamente, transformarse en sólo uno.

    Entonces, volviendo a lo que decía el título, ¿es posible abrazar sin brazos?

    No sé que experiencia tendrá el lector a este respecto, pero mí respuesta es totalmente afirmativa.

    ¿Y la tuya?

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