Salir del laberinto | Centro Medicina Integral
    • 28 MAY 15
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    Salir del laberinto

    Salir del laberinto

    Los laberintos

    Hay laberintos externos y laberintos internos

    Cuántas veces habré oído eso de “me encuentro confuso”, o aquello otro de “no sé cómo salir de esto”. Son frases frecuentes que se suelen decir cuando nos encontramos perdidos en el laberinto de la vida, porque para muchas personas, la vida, no es más que una especie de encrucijada llena de laberintos que atravesar o de indescifrables enigmas por resolver.

    Estoy convencido de que lo más útil sería aprender a no meternos en más líos de los necesarios. Si fuésemos capaces de hacer esto, otro gallo cantaría. Pero lo cierto es que nos metemos. Nos complicamos la vida más de lo que debiéramos y después necesitamos buscar el modo de salir del enredo.

    He conocido verdaderos expertos en complicarse la vida ellos solitos, sin ayuda de nadie; en generar sus inexpugnables laberintos, tanto interiores como exteriores, de los que son incapaces de salir a menos que alguien desde fuera les eche una mano.

    Se dice que un laberinto es un lugar formados por calles y encrucijadas especialmente intrincadas y complejas con la intención de dificultar el acceso a algo, o  para procurar que quienes se internan en él se pierdan.

    Pero desde el punto de vista simbólico, un laberinto puede ser también un lugar especial, un lugar de crecimiento, de iniciación, un espacio en el que uno, en vez de perderse, se encuentra.

    Posiblemente el más complejo de todos los laberintos que nos atrapan no sean los de afuera, sino los de nuestra propia mente, aunque también nuestro entorno vital puede estructurarse de forma tan compleja que parezca igual que un laberinto.

    A propósito de laberintos, me viene siempre a la cabeza una historia que muchos habréis escuchado, uno de los más famosos laberintos de todos los tiempos, el Laberinto del Minotauro, proveniente de la rica Mitología Griega.

    Dicha narración mitológica nos relata como el cretense rey Minos había mandado  a Dédalo que le construyese un complicado laberinto en el que se encontraba encerrado el terrible Minotauro, ser bestial con cuerpo humano pero con cabeza de toro, al que cada nueve años sacrificaban siete doncellas atenienses.

    Ninguno de los que se habían atrevido a traspasar sus umbrales lograron salir con vida, de tal manera que el tributo de las doncellas era cumplido puntualmente cuando llegaba su hora.

    El Minotauro

    El terrible Minotauro, ser mitológico con cuerpo humano y cabeza de toro

    Sin embargo, Teseo, héroe ateniense, ayudado por Ariadna, hija de Minos, penetró en el laberinto y, gracias al hilo que ésta le proporcionó, pudo entrar, matar al Minotauro y salir de él siguiendo la pista del hilo que había dejado anudado en la salida.

    Este relato, que es bastante más extenso y complejo, encierra una evidente moraleja que podemos aplicar a nuestros procesos mentales para extraer de ello algunos aprendizajes relevantes. El relato anterior nos ilustra acerca de lo que puede venir bien para solventar las situaciones laberínticas de nuestra vida diaria, antes comentadas.

    ¿Qué hacer para salir de nuestros laberintos? Pues en nuestra sociedad actual lo llamamos terapia.

    Prefiero entender dicho proceso, la terapia, como un aprendizaje que promueve un cambio transformacional de la persona, de tal manera que le ayuda a salir de sus laberintos con una sabiduría mayor que con la que entró. Atravesar el laberinto nos hace ser más sabios.

    Me gusta mucho más este enfoque que el del terapeuta “cazatraumas”, del que hablaré más extensamente en otra ocasión.

    De hecho, un terapeuta, desde mi punto de vista, se parece a una especie de moderna versión de “Ariadna”, ya que proporciona al paciente el “hilo” que habrá de ayudarle a volver a recuperar la estabilidad que nunca debería haber perdido.

    El hilo de Ariadna

    Ariadna entregando el hilo a Teseo

    También funciona como alguien capaz de aportar una nueva perspectiva a los conflictos, mostrándonos las claves necesarias para resolver los asuntos que nos preocupan. Es comparable a mostrarnos el mapa del laberinto, de tal modo que, una vez conocido sus profundos vericuetos, podamos encontrar la salida.

    Pero sobre todo, lo más importante que puede aportar un terapeuta es un modo especial de atravesar y salir de nuestros laberintos interiores o exteriores, de tal manera que seamos capaces no sólo de salir de ellos, sino de alcanzar una de las metas más preciadas: encontrarnos a nosotros mismos.

    Así que, como antes indiqué, un laberinto puede ser un complicado lugar en el que uno se pierde o, por el contrario, también es posible que sea un magnífica oportunidad para el crecimiento y el encuentro.

    ¿Te atreverás, entonces, a vencer al monstruo del interior del laberinto, mantenerte  en tu centro y seguir ese hilo conductor que te permita volver a casa? ¿Serás capaz de integrar en tu proceso, al mismo tiempo, la figura de Teseo y Ariadna?

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