Repercusiones biológicas del estrés crónico | Centro Medicina Integral
    • 02 ABR 15
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    Repercusiones biológicas del estrés crónico

    Repercusiones biológicas del estrés crónico

    estres cronicoLa mayoría de las personas somos capaces de darnos cuenta del momento en el que sufrimos una situación de estrés agudo. Sin embargo, no nos resulta tan sencillo identificar las repercusiones del estrés crónico.

    Cada vez son más los casos que aparecen debido a una patología de estrés mantenido en el tiempo. y, como antes mencioné, muchas veces no se identifica apropiadamente, y se diagnostican como depresión, fibromialgia, ansiedad o cualquier otro tipo de trastorno, ya que sus síntomas puede ser similares.

    Sin embargo, una historia clínica detallad, así como ciertas pruebas complementarias nos ayudarán al diagnóstico.

    A veces ni siquiera la propia persona que lo padece es capaz de describir acertadamente su proceso, ya que no identifica acontecimientos vitales especialmente relevantes como para llamar su atención y explicar razonablemente lo que le sucede.

    En realidad, estos sujetos, se han acostumbrado a vivir en esa situación de estrés, de tal manera que les parece como normal. Es, pues, una especie de estrés “gota a gota” el que van sufriendo, ya que, sin apenas darse cuenta, va produciendo en el organismo un efecto acumulativo y un agotamiento de los mecanismos de compensación.

    Durante años, nuestro cuerpo es capaz de aguantar, gracias a los sistemas neurorendocrinos de amortiguación que se ponen en marcha con dicha finalidad, pero una vez llegados a la fase de agotamiento, se producen diversos síntomas de todo tipo, biológicos, psicológicos, cognitivos, afectivos, conductuales y existenciales, que hacen que la persona, normalmente, acuda al médico.

    En este post mencionaré solamente las repercusiones biológicas más llamativas. Así, entre las principales repercusiones biológicas de este estrés crónico tenemos:

    –   Alteraciones del apetito, bien aumento o bien disminución.

    • Trastornos en el recuento sanguíneo.
    • Alteraciones hormonales en distintas glándulas
    • Disminución de la función inmunitaria.
    • Aumento del estrés oxidativo celular y de los radicales libres.
    • Alteración de ciertos neurotransmisores con disminución de neuropéptidos hipotalámicos.

    –   Estimulación de las glándulas adrenales y posterior agotamiento, con todo lo que conlleva en referencia a las principales hormonas implicadas en este proceso, Cortisol, Adrenalina y Noradrenalina

    • Aumento del riesgo de patología cardiovascular.
    • Aumento de riesgo de desarrollo aterosclerótico.
    • Etc.

    Si nos fijamos tan solo en el exceso de cortisol a lo largo de los años, se puede explicar que se produzcan en el organismo patologías tales como: hipertensión, úlceras, infarto agudo de miocardio, diabetes, infecciones, artritis, ictus, psoriasis, Parkinson, esclerosis múltiple, Alzheimer, acné, obesidad, etc.

    Frente a este panorama, ¿es posible hacer algo?

    Obviamente, sí. Pero eso requiere un aprendizaje y una práctica.

    Lo primero que debemos hacer es aprender a identificar y a gestionar todo lo referente a los mecanismos del estrés crónico, para evitar que nos pase desapercibido y se prolongue en el tiempo. Además de ello, habremos de adquirir una serie de competencias respecto a las estrategias de amortiguación y compensación.

    Todo lo anterior requiere un un cierto adiestramiento en el que la toma de consciencia de nuestra corporalidad, de nuestra respiración y del los pensamientos y emociones, será fundamental. También habremos de adquirir destrezas en diferentes estrategias que nos ayudan a amortiguar y a compensar las secuelas del estrés crónico. En otras palabras, es necesario un cierto aprendizaje para incorporar mecanismos de gestión y control del estrés.

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