¿Natural o químico? | Centro Medicina Integral
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    ¿Natural o químico?

    ¿Natural o químico?

    La naturaleza nos ofrece gran variedad de remedios

    Resulta obvio que las distintas enfermedades requieren tratamientos diferentes. Lo ideal es que dichos tratamientos sean simples y carentes de efectos secundarios, pero no siempre es posible que sea así. A veces necesitaremos remedios más drásticos o incluso la utilización de procedimientos quirúrgicos o radioterápicos, en los que siempre habrá que valorar la justa proporción entre los beneficios obtenidos y los efectos secundarios que se pudieran producir.

    Una de las características de los tratamientos que planteamos en Medicina Integrativa es, precisamente, que se estructuran de forma gradual, es decir, comenzando por los más suaves y, en caso de que eso no funcione, entonces, se iría subiendo gradualmente hasta donde fuese necesario.

    A este concepto de prescripción gradual de los remedios, podríamos denominarlo como “escalera terapéutica”, ya que se asemeja a una especie de escalera en la que cada escalón de la misma representaría un tipo de tratamiento más complejo o agresivo.

    Este concepto es compartido también por la medicina convencional, como por ejemplo en el tratamiento del dolor y los diferentes formatos que se utilizan en función de como se va controlando o no. Sin embargo, en otros aspectos del enfoque convencional se olvida totalmente y se utilizan propuestas terapéuticas en la que en muchos casos los inconvenientes superan a los beneficios. Un ejemplo de ello es el uso abusivo de los antibióticos en procesos banales, cosa que está totalmente reconocida por la comunidad científica mundial, como ya se comentó en otro post.

    También podríamos hablar acerca de diversos tratamientos farmacológicos o quirúrgicos  innecesarios y no carentes de efectos indeseables en aquellos procesos que podrían mejorar simplemente con un cambio dietético y de estilo de vida o alguna sencilla suplementación nutracéutica. Existen muchos casos en los que es posible tratar una enfermedad por medios menos agresivos que los habituales, aunque hay que tener el suficiente criterio y discernimiento terapéutico para usar siempre en tratamiento que cada situación requiere.

    En mi práctica médica habitual atiendo a muchos pacientes que acuden porque rechazan la terapia convencional, en ciertos casos con razón, ya que les produce efectos nocivos que no toleran y tratan de buscar otros procedimientos que se adapten mejor a su individualidad. Pero otros pacientes, sencillamente, se basan en la creencia de que “no quieren cosas químicas”.

    En estos últimos, parte de mi trabajo consiste en convencerlos de lo contrario. Primero porque hay muchas ocasiones en las que no podremos renunciar a los medicamentos convencionales si es que queremos mejorar nuestra enfermedad, como es el caso de aquellas personas que le han extirpado el tiroides y no quieren tomar hormonas tiroideas. En este caso no habrá más remedio que tomarlas, aunque puede ser conveniente suplementar con otros productos ajustados a cada caso para mejorar la salud a nivel general.

    En lo que se refiere a la mencionada creencia de “no quiero cosas químicas”, a veces es difícil de desarraigar, ya que a su vez, esta creencia se sustenta en otra, totalmente errónea, aq ella de que lo natural es bueno y lo artificial malo.

    Hay que recordar que los productos usados de origen natural sufren procedimientos químicos extractivos, como por ejemplo los extractos estandarizados o los aceites esenciales. Lo verdaderamente natural sería masticar la corteza, las hojas o las flores, pero sin embargo nosotros tomamos píldoras, perlas, tinturas y cápsulas, entre otras cosas, lo cual implica una manipulación farmacológica de los principios naturales para lograr una mayor concentración y biodisponibilidad de los mismos. Por tanto, esa distinción entre lo químico y no químico es totalmente errónea.

    Si bien es cierto que mientras más nos aproximemos a los productos naturales, por lo general será mucho mejor para nosotros que tomar otras cosas con excesivamente manipulados y llenos de conservantes, colorantes, etc. Por otro lado, también es cierto que hay personas que toleran mejor lo artificial que lo natural. Tengo pacientes que tienen erupciones con la lana y no con tejidos sintéticos. De la misma forma que hay otros que toleran mejor la levadura química que las naturales. Existen muchos ejemplos que demuestran que en ciertos casos lo artificial funciona mejor que lo natural.

    Pudiera parecer que tiro piedras contra mi propio tejado, ya que en la práctica, en la mayoría de los casos, suelo utilizar los llamados remedios naturales (fitoterapia, homeopatía, oligoterapia, etc.) así como otros procedimientos complementarios (acupuntura, biorresonancia, etc.). Sin embargo, lo que trato de transmitir es la idea de que la medicina, la Gran Medicina, diría yo, ha de ser contemplada como una sola unidad en la que la noción de escalera terapéutica es fundamental para saber decidir qué terapia efectiva hemos de escoger en cada momento y para cada paciente.

    Lo realmente importante es entender que la gran diferencia entre la Medicina Integrativa y la convencional no depende del tipo de remedios que se utilicen sino del criterio de aplicación de los mismos, así como del concepto que tenemos de ser humano, de la salud y la enfermedad y del uso de un arsenal de procedimientos y estrategias provenientes de la Medicina Convencional científicamente demostrados.

    Estoy convencido de que todos los pasos que vayamos dando en el sentido de entender la medicina de esta forma más global y completa será para el beneficio de todos los que en algún momento de nuestras vidas necesitamos remedios para nuestra curación.

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