Mente y cerebro | Centro Medicina Integral
    • 27 ABR 15
    • 6
    Mente y cerebro

    Mente y cerebro

    mente-cerebroParece claro que una cosa es la mente y otra el cerebro. También parece claro que ambos guardan una relación bastante estrecha entre sí. Pero lo que ya no tenemos tan claro es, exactamente, cuál y cómo se produce dicha relación entre ambos.

    A propósito de esto, hace varias semanas le planteé a un grupo de alumnos la cuestión siguiente, ¿puede un cerebro enfermo albergar una mente sana?

    Llegado el día de la puesta en común pude escuchar diversas respuestas más o menos acertadas, pero la realidad fue que ninguna de ellas se acercó al meollo del asunto.

    Una persona afirmó, “creo que es una pregunta-trampa”, a lo que no tuve más remedio que asentir que sí, que efectivamente lo era. Así que llegado a este punto, me vi obligado a desvelar el misterio.

    Ciertamente la cuestión que les planteé revestía una cierta argucia sutil, la cual consistía en que para responder correctamente a la cuestión planteada era necesario responder previamente a otra pregunta, la cual no se encontraba explícitamente enunciada y ellos deberían haberla descubierto.

    La respuesta era la siguiente. Ante la pregunta, ¿puede un cerebro enfermo albergar una mente sana?, encontramos que las dos posibles respuestas extremas, sí y no, son igualmente válidas, ya que dependerá del tipo de modelo acerca de lo que es la mente y lo que es el cerebro que posea el sujeto que ha de responder. Sin esta consideración previa, no es posible responder adecuadamente. ¡He aquí la trampa!

    Así que la pregunta que los alumnos debieran haberse planteado antes de abordar lo que les propuse era ¿cuál es la comprensión que poseo acerca de la relación que guarda la mente con el cerebro?

    Hoy día existen diferentes teorías explicativas que abordan dicho asunto, pero podríamos resumirlas en dos grandes apartados.

    El primero de ellos afirma que la mente es sólo un epifenómeno del cerebro, es decir, que los cerebros complejos dan lugar a que aparezcan aspectos emergentes como es la mente.

    Podría decirse, pues, que al igual que las glándulas salivales segregan saliva, los cerebros complejos como el nuestro poseen una especie de “secreción inmaterial” que llamaríamos mente. Por esa razón, los defensores de este enfoque, defienden que la mente no es más que una consecuencia del funcionamiento del cerebro, y, por tanto, cuando el cerebro enferma, la mente también lo hace. Y cuando el cerebro muere, la mente desaparece.

    Un cerebro enfermo, por consiguiente, no podría albergar una mente sana.

    Pero desde otro enfoque totalmente distinto, hay quienes afirman que la mente es preexistente y que el cerebro es sólo como una especie de receptor que permite que dicha mente se manifieste.

    Podríamos comparar la mente a una emisión de ondas de radio y el cerebro al receptor de las mismas, lo cual permite escuchar la emisora.

    Para los defensores de este último enfoque, el hecho de que el receptor se estropee y no podamos escuchar la radio no significa que las ondas dejen de existir, ya que pueden ser captadas por otra radio debidamente sintonizada.

    Así, según ellos, un cerebro podría estar enfermo y la mente seguir sana (sólo que no podría expresarse adecuadamente).

    Esta segunda postura posee también otras implicaciones de carácter más profundo.

    De hecho, nos plantea la cuestión de la pervivencia de la mente una vez el cerebro muere y el cuerpo material desaparece.

    Obviamente cada cual puede ser partidario de una u otra postura, no seré yo quien indique qué se ha de creer, sólo me atrevo humildemente a sugerir congruencia.

    Es decir, permítete creer en aquello que honestamente seas capaz de admitir o comprender, pero una vez lo asumas, procura ser consecuente con lo que tus creencias significan.

    Contaré una anécdota protagonizada por un viejo amigo  ya fallecido, el cual me la refirió a propósito de una charla que tuvimos sobre estos temas.

    Él, que era defensor de esta segunda posición, me contó que durante su participación en un programa de radio, se confrontaba frente a un eminente neurólogo que defendía el aspecto material de la relación cerebro-mente y argumentaba que la mente no era más que el fruto de ciertas reacciones bioquímicas, las cuales cesaban una vez el sujeto moría con lo cual la mente también.

    Una vez acabado el programa, y ya a micrófono cerrado, dijo a los demás contertulios sin ningún atisbo de rubor, “bueno, lo que he dicho antes lo afirmo como científico, pero como católico creyente la verdad es que creo en otras cosas”.

    Me resulta difícil concebir como se articulan congruentemente dos propuestas antitéticas dentro de la misma persona, pero a la vista de lo que escucho todos los días he llegado a la conclusión que dicha habilidad parece más común de lo que cabría imaginar, al menos para quienes son capaces de afirmar una cosa y lo contrario sin apenas despeinarse.

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