La fitoterapia y los lumbreras | Centro Medicina Integral
    • 23 JUL 15
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    La fitoterapia y los lumbreras

    La fitoterapia y los lumbreras

    Legislar en fitoterapia

    Que beneficioso sería que quienes legislan sobre Medicina Complementarias  supiesen de ello

    Todos los que vivimos en España tenemos claro que pertenecemos a Europa, lugar éste donde la democracia, las instituciones y el estado parecen cosas serias y respetables.

    Pero después viene el día a día, lo cotidiano, y ese día a día tiene el mal gusto de demostrarnos lo contrario, es decir, que en realidad no hay tanta democracia como pensábamos y que las instituciones, tanto estatales como autonómicas, unas veces funcionan y otras no.

    Así que, con más frecuencia de la que me gustaría, me siento habitando en el “Reino de Banania”,  por su funcionamiento similar a cualquier república bananera, en lugar de un país medianamente serio.

    República de Banania

    Cuando se toman decisiones basadas en el desconocimiento, nos parecemos más a una república bananera que a un país europeo

    Yo no puedo hablar mucho de carreteras, industria o ferrocarriles, porque entiendo poco de ello, pero en lo concerniente a la salud y a la sanidad, de vez en cuando me veo salpicado por alguna historieta que aparece como consecuencia de las acciones de alguien a quien a partir de ahora denominaré “el lumbreras”.

    Dicho individuo se caracteriza por ostentar un cargo público, normalmente “dedocrático”, al que ha accedido por otros caminos diferentes al del mérito profesional, y se especializa en decidir sobre asuntos que ni conoce suficientemente, ni posee la formación apropiada para resolverlos.

    Y es que cuando el lumbreras se levanta una de estas mañana con su única neurona suficientemente activada, es lógico que, exultante de gozo por lo inusual del evento, ¡zas!, te organice una disposición en un pis pas, y a partir de ahí la liamos.

    Os contaré una pequeña historia de “Banania y sus lumbreras” o de “como meter la pata con la fitoterapia”.

    Hace unos años, amparándose en el listado de plantas medicinales vigentes en España de octubre de 1973 (vivía Franco por aquellos tiempos), y desatendiendo legislaciones posteriores y, sobre todo, la legislación comunitaria al respecto, algunos de los lumbreras autonómicos procedieron a retirar diversos productos fitoterápicos del mercado.

    La única razón para ello fue que no se encontraban recogidos dentro del  mencionado listado de plantas medicinales del decreto de octubre de 1973.

    En dicho decreto se especificaban una serie de plantas admitidas como legales, y otras que no se podían comercializar, es decir, ilegales. Pero como con el pasar de los años, se fueron incorporando a la terapéutica nuevas especies vegetales que no se encontraban en dicho listado, tuvieron que acuñar un nuevo término, “plantas alegales”.

    Así que, a partir de aquí, teníamos plantas legales (las que se pueden consumir), plantas ilegales (las que no se pueden consumir) y plantas “alegales”, que a saber qué era esto.

    Pues bien, el uso o no de las plantas “alegales” dependía del criterio del lumbreras de turno de cada Comunidad Autónoma, ¡fantástico!

    Así se llegó a la ridícula situación de que un producto se retiraba en una Comunidad pero se podía comercializar en otra. Por tanto, dependiendo de dónde estaba físicamente ubicado el laboratorio que comercializaba dicho producto le hacían la puñeta o no.

    A modo de ejemplo, comentar que se ha dado el caso de que una planta estaba retirada y prohibida en Madrid, pero se podía comprar normalmente en Toledo.

    Algún laboratorio me comentó que se llevaron sus naves a otra Comunidad, incluso a otro país para poder seguir vendiendo sus productos. ¡De locos!

    Pero ahí no queda la cosa. Esta restricción era válida para los laboratorios españoles, porque los laboratorios de los países comunitarios debido al acuerdo de libre comercio y al estar dicha planta legalizada en su país, podían comercializarla libremente en el nuestro.

    No obstante, cuando el lumbreras se da cuenta de que los laboratorios extranjeros comercializan esos productos, no ceja en su afán de fiel cumplidor de la ley y arremete también contra los productos foráneos.

    errores de los lumbreras

    Sería bueno que los ciudadanos supiésemos lo que nos cuestan los errores de “los lumbreras”

    Así, fruto de su afán inquisidor disfrazado de compromiso con las fuerzas del bien, los lumbreras procedieron a retirar unos 200 productos vegetales elaborados en otros estados miembros de la Comunidad Europea, basándose en que llevaban plantas que no estaban recogidas en la citada orden de 1973.

    Como consecuencia de este desaguisado, el Tribunal de Justicia Europeo, en sentencia de 5 de marzo de 2009, condenó al reino de España por retirar los productos antes mencionados.

    He escuchado comentar que ha habido otras condenas posteriores, pero no dispongo de los datos exactos.

    Sea como fuere, la pasta que nos ha costado todo esto lo desconozco, así como desconozco también el montante que ha supuesto para algunos laboratorios nacionales el que en su día le retirasen determinados productos.

    Pero no se preocupen por el lumbreras, o mejor dicho los lumbreras (que hay más de uno), que no les pasará nada por meter la pata, ni tendrán que poner la pasta de su bolsillo. Si han sido unos chicos buenos con su partido, seguirán ascendiendo.

    A veces sueño que las instituciones funcionan y que a ella acceden personas preparadas que sólo velan por el bien común y el bienestar de los ciudadanos, pero de pronto me despierto y mi sueño se esfuma.

    También sueño con que un día despertaré como miembro de un país europeo y no como ciudadano del “Reino de Banania” lleno de lumbreras.

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