La consciencia discriminativa | Centro Medicina Integral
    • 12 JUL 15
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    La consciencia discriminativa

    La consciencia discriminativa

    Consciencia discriminativa

    Explorar la espalda me permite, entre otras cosas, evaluar el grado de consciencia corporal del sujeto

    Con frecuencia me encuentro con el siguiente fenómeno: exploro físicamente a una persona y me doy cuenta de que tiene unas contracturas brutales. Le pregunto si las nota y me responde que no.

    ¿Qué sucede aquí? Pues lo que ocurre es que dicha persona tiene una baja consciencia discriminativa a nivel de su esquema corporal. Es decir, no sabe lo que sucede en su cuerpo y, en la mayoría de los casos, tampoco sabe lo que sucede en su mente. Sólo será capaz de describir los resultados finales, pero no los procesos que le llevan a ello. 

    Pero, ¿cómo hacer para que se sienta bien si no tiene ni idea de qué está sucediendo y mucho menos de qué hacer para cambiarlo? ¿Una pastilla es la solución que hemos de buscar o realmente es mucho más importante tratar de que la persona aprenda a conocerse y percibirse mejor para realizar los cambios que necesita?

    En el caso descrito, el hecho de no notar las tensiones no es una ventaja, sino un gran inconveniente, ya que sólo podemos modificar aquello sobre lo que tenemos consciencia. Por tanto, dicha persona, un día  en el futuro, de pronto sufrirá un dolor, un mareo, hormigueos, etc. y no sabrá de dónde le vienen, porque hasta ese día no percibía nada.

    Establecer diferencias

    La conciencia discriminativa me permite establecer diferencias

    Lo que sucede en el músculo también puede ser aplicado a lo que sucede en la mente. Existen sensaciones y procesos mentales que pueden pasar totalmente desapercibidos para nosotros, simplemente, porque somos incapaces de reconocerlos. Pero un día percibiremos el resultado de dichas tensiones interiores y comenzaremos a sentiremos mal sin saber qué nos está sucediendo realmente.

    Cuando no reconocemos las sensaciones o cuando las identificamos de manera incorrecta, surge en nosotros una respuesta emocional de miedo.

    Hace mucho tiempo que soy consciente que existe una diferencia notable entre aquello que sucede en nuestro cuerpo y aquello otro de lo que nos damos cuenta. Y también he aprendido que si somos capaces de diferenciar un fenómeno de otro, por ejemplo la tensión de la distensión en los primeros momentos en los que aparece, entonces podremos establecer la corrección oportuna y evitar las secuelas posteriores que surgirán cuando dicho fenómeno se mantiene a lo largo del tiempo de manera inconsciente.

    Por tanto, tener una buena consciencia discriminativa nos permitirá establecer los cambios precoces necesarios para mantener nuestro cuerpo en estado de salud. Estaríamos hablando, pues, de que la consciencia discriminativa nos ayuda a establecer una cierta medicina preventiva.

    Pero, ¿qué es la conciencia discriminativa?

    Nuestro cerebro está diseñado para aprender estableciendo diferencias. Gregory Bateson, refiriéndose a la percepción sensorial la describía como “las noticias de una diferencia”, lo cual implica que necesitamos establecer diferencias entre aquello que percibimos para generar una consciencia efectiva respecto al objeto percibido.

    Por tanto, mientras más refinada sea nuestra capacidad para establecer unos rangos discriminativos más estrechos, mayor será la capacidad del sujeto para ser más consciente.

    Capacidad de reconocimiento

    La capacidad para reconocer es uno de los componentes de la consciencia discriminativa

    Dicho de otro modo, si queremos funcionar bien en el mundo necesitaremos poseer una buena capacidad para diferenciar entre unos estímulos y otros, y, además, también necesitamos la capacidad para reconocer y darnos cuenta lo que las cosas son.

    Así pues, la consciencia discriminativa es la capacidad de la consciencia humana que permite reconocer los fenómenos y establecer las diferencias perceptivas oportunas entre ellos.

    Desde el punto de vista de la Sofrodynamia®, lo expuesto anteriormente nos permite afirmar que la consciencia discriminativa posee dos importantes componentes:

    1. La capacidad para reconocer.
    2. La capacidad para discriminar.

    Puede decirse que reconocer es algo así como darse cuenta, mientras que discriminar lo podríamos definir sencillamente como el arte de reconocer las diferencias entre los fenómenos.

    Recordemos que nuestra consciencia sólo reconoce aquello que comparamos con algo  previamente conocido y lo identificamos como tal. Así que, si queremos identificar la felicidad, habremos de tener previamente en nuestros archivos mentales algunas experiencias que nos permitan identificarla.

    Hay personas que siente un cierto malestar o desazón en su vida, pero tienen dificultad en reconocer y discriminar cuales son los procesos internos que le llevan a experimentar dichas sensaciones. Sólo son capaces de darse cuenta del resultado, y cuando esto sucede es imposible establecer el cambio que necesitamos. Sólo podremos tomar un medicamento, natural o no, para tratar de eliminar la sensación final, pero al pasar el efecto del medicamento volveremos a sentir lo que sentíamos, ya que los mecanismos que lo producen y lo mantienen no se han modificado para nada.

    El malestar, la alegría, así como cualquier otro estado emocional que podamos describir, son solamente los resultados finales de toda una serie de procesos mentales. Conocer como funcionan dichos procesos es una de las herramientas imprescindible para poder llevar a cabo los cambios que deseamos realizar para mejorar nuestra vida. En este contexto, la práctica de la consciencia discriminativa juega un papel esencial.

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