Ciencia, espiritualidad y salud-II | Centro Medicina Integral
    • 28 SEP 15
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    Ciencia, espiritualidad y salud-II

    Ciencia, espiritualidad y salud-II

    Espiritualidad y salud

    Un organismo como la OMS reconoce la influencia de la espiritualidad en el ámbito de la salud

    En el anterior artículo comencé a reflexionar acerca de las relaciones que existen entre la espiritualidad, la ciencia y la salud.

    Una de los primeros asuntos que hemos de aclarar es no confundir religión con espiritualidad, ya que son dos cosas muy distintas.

    Lo espiritual se contrapone a material, y significa lo que es esencial y que se distingue o es independiente de la materia. La espiritualidad se manifiesta en una forma de vida en la que encontramos significado, esperanza, alivio y paz interior y, además. Nos relaciona con la trascendencia.

    Hay quienes piensan que la espiritualidad poco o nada tiene que ver con la salud. No obstante, un organismo tan relevante en este campo, como es la OMS (Organización Mundial de la Salud), y que nada tiene que ver con los movimientos o creencias de tipo espiritual, señala la importancia de la espiritualidad en relación con la salud, en el documento titulado “Estrategia global para la salud para todos en el año 2000”.

    En dicho documento define la espiritualidad “como un fenómeno cuya naturaleza no es material sino que pertenece al conjunto de ideas que surgen en la mente de los seres humanos, particularmente, ideas que ennoblecen”. Esta nueva aproximación a la salud, continúa diciendo el mismo documento, “ha sido influenciada por cualidades humanas como el sentido de la decencia, la empatía con los no privilegiados en el campo de la salud, la compasión, y un deseo de justicia social”. Más adelante añade, “los valores no materiales llevan a una decisión que tiene valores materiales significativos para la gente de cualquier parte que sea capaz de trabajar productivamente y entonces, contribuir a su propio desarrollo económico y de la comunidad y país donde vive”.

    Todas estas afirmaciones aportadas por la OMS merecen una cierta consideración y reflexión al tiempo que constatan, desde el punto de vista de dicho organismo, que la espiritualidad y la salud guardan una importante relación.

    Por otro lado, desde el punto de vista sofrodynámico, concebimos al ser humano constituido por tres dimensiones diferentes que forman una única realidad sistémica e inseparable, la corporalidad, la psique y el Espacio Interior (o dimensión espiritual del ser).

    Y si entendemos la salud humana en toda su globalidad, deduciremos fácilmente que no es posible ésta sin una sana y apropiada espiritualidad.

    Por eso, desde el enfoque sofrodynámico nos planteamos el reto de explorar las bases de una espiritualidad saludable para quienes vivimos en el siglo XXI, porque entendemos que una verdadera espiritualidad es una de las más potentes medicinas para poder sanarse en profundidad.

    Espiritualidad y trascendencia

    El enfoque espiritual nos ayuda a dar sentido al dolor y el sufrimiento y nos conecta con el aspecto trascendente de nuestra vida

    El enfoque espiritual en el campo de la salud propone al ser humano encontrar el sentido al dolor y al sufrimiento. Por lo tanto, dicho enfoque es especialmente importante para todas las personas, pero aun es más trascendental en aquellos casos de padecimientos crónicos, enfermedades degenerativas o irreversibles y en ciertas enfermedades graves como el cáncer o el Sida.

    Ello se fundamenta en que gracias al enfoque espiritual podemos reencuadrar nuestra vida desde un nivel superior, aportando una nueva comprensión y sentido a todos nuestros acontecimientos vitales de cierta importancia, como por ejemplo la enfermedad y la muerte.

    El enfoque espiritual nos enseña también algo tan importante como que la resistencia a un síntoma es un elemento que provoca el aumento o la agravación del mismo, mientras que la aceptación del dicho síntoma le quita relevancia y dramatismo, y, por tanto, disminuye el sufrimiento.

    Pero a veces se producen comprensiones erróneas o limitantes acerca de lo que significa espiritualidad y salud. Sabemos que en algunos círculos (tipo New Age) ha proliferado la creencia de que el desarrollo espiritual va indefectiblemente acompañado de una buena salud en general, ya que se concibe la enfermedad como un desorden de tipo espiritual asumiendo así la creencia de que individuos muy evolucionados y con un gran desarrollo interior no padecerían ciertas enfermedades.

    Este enfoque New Age sostienen que cuando alguien enferma es porque existe algún asunto de índole espiritual que aún no ha resuelto y con mucha frecuencia hay quienes, incluso, se culpabilizan por haber enfermado.

    Sin embargo encontramos que hay santos gravemente enfermos y personas de dudosa moralidad que están estupendamente sanos. Por ejemplo, Rama Maharshi, uno de los más grandes maestros de yoga hindú murió de cáncer de estómago; Suziki Roshi, conocido introductor de las enseñanzas zen en occidente, de cáncer de hígado; Krisnamurti, uno de los espíritus más lúcidos de estos últimos tiempos falleció de cáncer de páncreas; y podríamos seguir con otros muchos ejemplos.

    La explicación simplona, que algunas veces he escuchado, a propósito de por qué sucede esto es que “algo habrá que no han arreglado del todo”.

    Obviamente dicha respuesta no me satisface en absoluto, ya que pienso que si algo hemos comprendido de lo que es el aspecto espiritual del ser es que, aunque hayamos alcanzado el más alto grado de realización, nuestro cuerpo físico es material y está constituido por elementos materiales que envejecen, degeneran y mueren. Esa ley no conoce excepciones.

    Hoy día sabemos que atender la dimensión espiritual tal vez no cure siempre la enfermedad, pero sin lugar a dudas hace que nos sintamos mucho mejor y que la vivencia de la enfermedad sea una experiencia transformadora y creativa para el sujeto en lugar de experimentarse como algo desesperante, tal como sucede a menudo.

    Los occidentales solemos tener mentes que requieren de la demostración, de las pruebas palpables, de las explicaciones racionales, a pesar de que, muchas veces, solemos admitir que existen eventos que no son explicables con los modelos actuales, ni con lo que hoy día la ciencia es capaz de conocer.

    No obstante, cada día encontramos más evidencias científicas acerca de cómo influye la dimensión espiritual en el ámbito de la salud.

    En el siguiente post comentaré algunos de estos estudios cuyas conclusiones pueden resultar especialmente significativas e incluso impactantes, sobre todo para aquellas mentes más racionales.

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