Cuando las emociones duelen | Centro Medicina Integral
    • 12 MAR 17
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    Cuando las emociones duelen

    Cuando las emociones duelen

    A veces sentidos modero emocional y no sabemos por qué

    En muchas ocasiones sentimos una sensación de malestar interior que no sabemos definir de qué se trata, incluso ni siquiera tenemos idea del origen de la misma. En otras, en cambio, somos muy conscientes de que el sufrimiento emocional que percibimos en ese momento concreto se debe a algo específico, pero, sin embargo, no sabemos muy bien qué podríamos hacer para salir de ahí, para limitar nuestro dolor en el tiempo o, al menos, que la intensidad del mismo fuese más tolerable. ¿Qué podríamos hacer cuando las emociones duelen?

    Lo primero sería entender bien qué es lo que está sucediendo y, posteriormente, aplicar la estrategia adecuada para gestionar dicha situación de la mejor manera posible.

    A pesar de que la propuesta del nuevo modelo acerca de la relación entre el cuerpo y la mente nos permite entender nuestra realidad interior de un modo más completo y sistémico, todavía hoy predomina en la sociedad una visión dualista en la que la mente va por una parte y el cuerpo por otra. El campo de la medicina convencional es buena muestra de ello. Pero qué sucede cuando “las emociones duelen”, cuando sentimos que el dolor emocional no es tan distinto de un dolor que podríamos denominar físico.

    Los conocimientos actuales sobre el mundo emocional permiten entender el modo en el que las emociones afectan a la dimensión biológica. Cada emoción se acompaña de un correlato corporal que la persona experimentará como agradable, desagradable o neutro.

    Si percibimos desagrado, aunque no sepamos el origen emocional del mismo, tratamos de rechazarlo para evitar dicho displacer. Este es el mecanismo habitual que utilizan la mayoría de las personas. Pero una emoción no comprendida o aceptada pugnará por salir de nuevo, de tal manera que el sujeto queda atrapado en esa dinámica en el que el mecanismo de rechazo juega un papel sumamente importante.

    También sabemos que, por su propia naturaleza, las emociones y los pensamientos no son  duraderos sino cambiantes. Sin embargo, en muchas ocasiones percibimos un impacto emocional como permanente o de larga duración. ¿Qué sucede aquí?

    Pues básicamente ocurre que estamos haciendo algo de manera no consciente que da lugar a que la emoción se mantenga. Ya mencionaba Buda que la ignorancia (el no saber acerca de nuestra verdadera naturaleza) es una de las causas más profundas del sufrimiento humano.

    Según el propio Buda explicó, y las modernas investigaciones han acabado dándole la razón, cuando rechazamos una emoción que no nos gusta, acabamos dándole más energía a la misma para que brote con una fuerza mayor.

    Así que, según parece, rechazar lo displacentero no es un buen mecanismo, a la vista de los resultados obtenidos. ¿Qué hacer, entonces?

    Aunque para algunas personas les resulte extraño lo que voy a decir, he de comentar que viene siendo practicado exitosamente desde hace miles de años y los conocimientos actuales acerca de la mente no hacen más que avalar dicha utilidad.

    Cuando a una emoción dolorosa la observamos desde una actitud de acogida ecuánime, es decir sin aferramiento ni rechazo hacia la misma, y la integramos como parte de nuestra experiencia, al tiempo que tratamos de fijar nuestra mente en el presente, sin entrar en diálogos internos ni juicios añadidos, el dolor emocional que le acompaña tiende a disminuir. No significa esto que se hayan resuelto todos nuestros problemas o que el origen de dicha emoción haya desaparecido de nuestra vida, solo dice que la experiencia presente pasa de ser dolorosa a neutra o incluso placentera.

    Muchos pensarán que no es algo fácil, y llevan razón. Requiere cierto esfuerzo y cierta constancia para entrenar la mente. Pero sí se puede afirmar que es algo alcanzable para la mayoría de las personas si siguen el entrenamiento adecuado y practican del modo correcto.

    No nacimos sabiendo escribir ni leer. Necesitamos años de dedicación para conseguirlo. Tampoco nacimos sabiendo gestionar nuestras emociones, pero parece como si eso debiera saberlo todo el mundo de forma natural. Lo cierto es que no es así, y la buena noticia es que existen los conocimientos apropiados para enseñarlo a otros. Mi experiencia en los últimos treinta años así lo atestigua y muchos alumnos entrenados lo han conseguido.

    ¡Tú podrías conseguirlo también!

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