¿Adulto sano o niño interior? | Centro Medicina Integral
    • 13 JUN 15
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    ¿Adulto sano o niño interior?

    ¿Adulto sano o niño interior?

    Madurar es aprender

    Pasamos de niño a adulto mediante un proceso de aprendizaje

    Con frecuencia aparecen ideas que se establecen, se reproducen y se mantienen a lo largo del tiempo sin que nadie sepa por qué. Una vez son consensuadas socialmente, se toman como ciertas y ya nadie se preocupa de cuestionar su fundamento. Tal vez por eso, durante tantos siglos se pensó que la tierra era plana y ninguno osaba discutirlo, así como otras tantas infundadas creencias que se mantuvieron durante mucho tiempo y, ahora, siglos después, nos llaman la atención. A veces nos preguntamos, ¿pero como pudieron creer semejante cosa? ¡Ojo, no pierdas de vista que lo creía todo el mundo y durante bastante tiempo!

    En el ámbito de la psicología, y del desarrollo humano, también se sostienen y se repiten ideas que la mayoría de las personas admiten sin más, tal vez porque suenan bien, pero sin pararse a investigar sus fundamentos y, mucho menos, sus implicaciones. La falacia del “Niño Interior” es un ejemplo de ello, ya que se le asigna una existencia “cuasi real” como parte de nuestro psiquismo y se escriben textos y se dan talleres acerca de ello.

    Hace muchos años que vengo leyendo y escuchando por parte de diferentes y reputados terapeutas la necesidad de conectar con nuestro “Niño Interior”, como modo de sanar ciertas disfunciones del adulto. Se dice que ha de surgir de nuestro interior, liberarlo de las restricciones propias del adulto y permitir que se exprese libremente en nuestras vidas, en la creencia de que estas acciones llevaran a que nos sintamos mejor.

    Por lo general, dicha propuesta, suele ser muy bien acogida y aplaudida, a veces de manera entusiasta, diría yo, por la mayoría de la gente que lo escuchan, ya que correlacionan al “Niño Interior” con aspectos gratificantes como la alegría, la frescura, la creatividad, etc. ¿Pero a qué se refieren exactamente con eso del Niño Interior? Porque a mí, el termino “Niño Interior” me resulta un término algo vago, ambiguo, confuso y, además, nada que me motive conseguir. Explicaré el fundamento de esta última afirmación.

    Niño cogiendo chocolat

    La mente infantil no se responsabiliza de sus acciones

    Creo que es importante que, en lugar de tragarnos sin más frases y eslóganes que simplemente suenan bien, dediquemos un tiempo a pensar sobre el asunto y reflexionemos un poco al respecto.

    Si cuando hablan del “Niño Interior” lo que tratan de decir es que hemos de permitir que emerja nuestra creatividad y que seamos espontáneos, que nos liberemos de prejuicios, que acudamos a las cosas mismas con una mirada limpia y que disfrutemos de la vida, estoy totalmente de acuerdo con ello. Pero a eso yo no lo llamaría Niño Interior, es más, creo que son características del adulto sano, no del niño.

    Siempre he defendido que la finalidad de todo proceso de sanación y de desarrollo humano es la de construir adultos sanos, no “Niños Interiores”. Sobre todo porque una de las características de la infancia es la falta de responsabilidad. De hecho, a nivel legal, los padres son los responsables últimos de todo aquello que pudiera realizar un niño, ya que éste es considerado legalmente irresponsable y, por tanto, inimputable. ¿Es esa falta de responsabilidad lo que queremos que nazca en nosotros? A lo mejor alguno pretende que otros se responsabilicen de sus vidas. Para mí, desde luego, eso no es ningún valor a cultivar.

    Si analizamos las características psicológicas de la mente infantil, sin quimeras poéticas ni idealismos trasnochados, nos daremos cuenta de que el niño ante todo es egocéntrico, mientras que el adulto sano ha debido superar dicha limitación.

    No hace falta ser un experto en psicología, basta con haber tenido hijos o nietos o hermanos pequeños, para darse cuenta de cómo funciona la mente infantil. Un niño piensa más en su propio beneficio que en el de los demás, y sólo cuando se hace adulto es cuando comienza a darse cuenta de que hay otras personas en el mundo con sus mismos derechos y deberes.

    Un niño carece de la capacidad de ponerse en lugar del otro, y es cuando nos hacemos adultos cuando trascendemos dicha limitaciones y nos abrimos a los demás y al mundo. El desarrollo de la empatía y la comprensión, así como de la importancia que tiene el hecho de realizar acciones beneficiosas para otros sin que obtengamos por ello beneficios personales, es propio del proceso de desarrollo hacia la construcción de un adulto sano.

    Convertirse en adulto significa madurar el corazón, superar nuestros apegos y llegar a transformarnos en seres compasivos. Entonces, ¿por qué querer seguir siendo niños, con todas las limitaciones mentales que ello implica?

    La psicología infantil reconoce que los niños son impacientes, quieren las cosas ya, y si no las consiguen se enfadan. ¿Acaso es esa una característica a desarrollar? ¿Es ese aspecto el que algunos proponen que instalemos en nuestras vidas?

    Niños discutiendo

    Aprendemos a compartir desde la infancia, pero su perfección es propia del adulto

    Si hay cuatro niños con hambre y en medio un plato con cuatro plátanos, la mente infantil trataría de comerse el mayor número de plátanos posibles, sin pensar que otro se quedará sin ninguno. Es la mente del adulto la que comprende que hay un plátano para cada uno, aunque personalmente desearía comerse más. Incluso es capaz de renunciar al suyo o compartirlo con otro. Esto es propio del adulto sano, no del “Niño Interior”.

    Como dije antes, el término “Niño Interior” me parece algo confuso. Y creo que la confusión viene porque algunos adultos han quedado atrapados en la educación normativa y han perdido su frescura y su creatividad, y creen que para ser creativos han de dejar de ser adultos y volver a la mente infantil.

    Desde mi punto de vista entiendo que la sociedad necesita adultos sanos, no mentes infantiles, porque un adulto sano tendrá las mejores virtudes de la infancia pero habrá eliminado sus defectos.

    Así que me parece mucho más sensato que trates de conectar con la frescura y la limpieza de tu adulto sano antes que perseguir supuestos “Niños Interiores”, por muy bonito que suene esto último.

    Una última cosa. Quisiera rogar al lector que haya llegado hasta aquí que comience, desde este mismo momento, a ser el dueño de sus propias ideas. Y eso significa no creer a priori nada de lo que se proponga, y tampoco dejarse convencer por ciertos argumentos, tanto los míos como los de otros, sino ser capaz de juzgar cada propuesta desde sus propios razonamientos y con su propia visión del mundo, y, como dijo Buda, “sólo cuando hayas llegado a tus propias conclusiones, entonces, acéptalo o recházalo”.

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